¡Ay, mi gente! Parecía que la Inteligencia Artificial (IA) iba a ser la panacea, abriendo las puertas a la creación de contenido para todo el mundo. Se hablaba mucho de la democratización de Internet. Pero, klk, la historia se nos está virando. La IA está haciendo que el Internet se ponga ‘chulo’, volviendo a poner barreras y hasta invitaciones para poder participar. Este ‘lío’ cambia las reglas: el costo de bregar con contenido basura recae en quien lo recibe. Lo que parecía un espacio abierto, se está transformando en un verdadero club exclusivo.
Un ejemplo clarito de este ‘relajo’ lo vimos en enero, según la noticia, cuando Daniel Stenberg, el hombre detrás de cURL —un software usado por un viaje de gente—, tuvo que cerrar su programa de recompensas por bugs. No fue por falta de chelitos, ¡qué va! Fue por una inundación de informes de vulnerabilidades que, aunque bien redactados, eran falsos y generados por IA. Cada uno se creaba en segundos, pero para los voluntarios verificar que era un ‘bulto’ les tomaba horas. ¡Eso es un abuso de tiempo y recursos!
Esta misma ‘vaina’ se extiende a otros ámbitos. LinkedIn, por ejemplo, está recibiendo unas 11,000 solicitudes de empleo por minuto, un 45% más que el año anterior. Esto obliga a los reclutadores a usar filtros automáticos de IA, mientras los solicitantes usan IA para aplicar, creando un escenario donde IAs ‘hablan’ entre ellas. Esto es solo la punta del iceberg; con asistentes personales avanzados, la cosa se va a poner mucho más ‘jevi’, generando aún más ‘slop’ de por medio.
A este montón de contenido inútil, o ‘slop’, no es como el ‘spam’ de antes. Es como la contaminación: el que lo genera se beneficia, pero el costo de limpiarlo recae en los demás. Dentro de las empresas, se le llama ‘workslop’. Un estudio de BetterUp Labs y Stanford reveló que un 40% de los trabajadores recibió documentos generados por IA que debían rehacerse, dedicándole casi dos horas por caso. Usar la IA para una tarea rápida es pasarle un ‘marrón’ a un compañero, creando más trabajo en vez de simplificarlo.
Ante esta avalancha, la respuesta no es siempre tecnológica. Se está viendo una tendencia a encarecer el acceso: proyectos que solo aceptan contribuciones de gente con un bagaje previo, convocatorias por invitación, verificación de identidad pagando, comunidades que se vuelven cerradas y newsletters bajo suscripción. ¡Hasta se está volviendo a las contrataciones por recomendación! Si antes era fácil entrar, ahora la cosa se está poniendo ‘jevi’ y habrá que pagar o tener un buen ‘padrino’ para poder participar. Es una ‘discordización de Internet’ donde la exclusividad es la nueva norma.
La gran ironía de todo este ‘tigueraje’ es que la tecnología que prometía abrir la creación de contenido está, en realidad, revalorizando lo único que ella no puede generar: la reputación, las relaciones personales y el currículum. Ya no va a pesar tanto lo que se dice, sino quién lo dice. Esto, por supuesto, favorece a la gente de peso, a los que ya tienen un nombre en la calle, y perjudica al desconocido que antes podía hacerse sentir con solo un poco de esfuerzo y buen contenido. Al final, los intermediarios que creíamos superados podrían volver con más fuerza que nunca, diciendo: ‘¡Había que poner orden en este desorden!’
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).


