Por las calles de nuestro país, se ve un relajo que da pena: un viaje de perros y gatos callejeros, deambulando como si na’. Esta ‘vaina’ de la sobrepoblación no es nueva, pero cada día se pone más fea. La solución, aunque la tenemos en la punta de la lengua, no se aplica con la seriedad que amerita. La urgencia de esterilizar a estos panas se ha convertido en un grito a voces que ya no podemos ignorar si queremos ver un cambio de verdad.
Es que, asegún las organizaciones que sí le meten mano, estamos hablando de millones de animalitos viviendo en la calle sin un techo ni quién les dé la mano. Esta problemática no solo afecta a los animales, que sufren enfermedades y maltratos, sino que es un problema de salud pública de los buenos, desde enfermedades zoonóticas hasta accidentes. El ciclo de reproducción sin control es el motor principal de esta crisis que nos da una imagen de país atrasado. ¡Klk con eso!
La verdad es clara como el agua de coco: la esterilización masiva y sostenida es la única herramienta efectiva para controlar la natalidad animal. Expertos como el doctor Luis Tull Datt y la doctora Lourdes Ripley lo enfatizan: esta práctica reduce enfermedades reproductivas, disminuye la agresividad y evita camadas no deseadas. No se trata solo de frenar nacimientos, sino de mejorar significativamente la calidad de vida de estos seres, ¡una vaina bien para todos!
En otros lares, ya han demostrado que sí se puede. Países Bajos, por ejemplo, es el primer país sin perros callejeros gracias a programas masivos de esterilización gratuita y políticas de identificación obligatoria. Modelos como el CNVR (Capturar, Esterilizar, Vacunar, Retornar), aplicados con éxito en Costa Rica y Perú, muestran que con voluntad política y financiamiento estatal, se puede transformar por completo la realidad. No hay que inventar la rueda, solo copiar lo que ya funciona y adaptarlo a nuestro patio.
Aquí tenemos nuestra Ley 248-12 de Protección Animal y Tenencia Responsable desde hace más de una década, pero su aplicación brilla por su ausencia. Aunque hay entidades del Estado que hacen operativos sociales, los animales callejeros quedan fuera de ese coro. El doctor Juan Bisso recalca que el incremento de animales en la calle no es solo un tema de corazón, sino de salud pública, y que el Ministerio de Salud Pública y las alcaldías deberían tomar esta vaina con más seriedad para un plan integral.
Lo que hace falta es voluntad política y una asignación de presupuesto real. La mayoría de las alcaldías no le entra con la fuerza que se necesita, y las pocas jornadas se enfocan mayormente en animales con dueño. Menos mal que los rescatistas independientes y organizaciones son unos ‘tigueres’ que le meten el pecho con pocos recursos, logrando esterilizar a miles. Pero este sacrificio no es sostenible, y es hora de que el Estado se ponga las pilas para apoyarles de verdad.
La solución está más clara que el agua: esterilizaciones masivas, identificación, registro, campañas de adopción robustas y educación ciudadana. La sobrepoblación no es un misterio; es un problema diagnosticado con soluciones claras. Lo que falta no es conocimiento, sino decisión para convertir la intención en acción, de una vez por todas. Ya sabemos qué hacer, la pregunta es ¿cuándo empezamos a meterle mano de verdad?
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




