La fiebre tecnológica no se detiene, mi gente. Aquí, en el corazón de Silicon Valley, donde se cuecen las habichuelas de la innovación global, Estados Unidos está metido en una vaina seria: quiere ser el mandamás en la fabricación de chips. Asegún lo que se ve, la independencia tecnológica es su norte. Pero, ¡ay, sorpresa! Para echar pa’lante con este tremendo proyecto, el martillo lo está sujetando Corea del Sur. Sí, escucharon bien. En esta carrera por dominar los chips en Silicon Valley, el socio fundador clave es, ni más ni menos, que Samsung.
Es una jugada bien estratégica, porque aunque Estados Unidos tiene un viaje de empresas tecnológicas de primera, el relajo de la manufactura de semiconductores avanzados ha estado por mucho tiempo en manos de otras naciones, como Taiwán y, claro, Corea del Sur. Applied Materials, una compañía de la casa, ha puesto 5,000 millones de dólares sobre la mesa para un proyecto que han llamado EPIC Center. Esto no es chercha; es una inversión que busca acelerar la investigación y el desarrollo de equipos para chips de última generación, acortando unos ciclos de desarrollo que son más largos que un día sin pan.
Imagínense ustedes, 5,000 millones de dólares para una instalación en Silicon Valley. Eso es un coro pesado, ¿o no? EPIC, que significa Equipment and Process Innovation and Commercialization, será el centro neurálgico donde se diseñarán y probarán las maquinarias que harán posible los chips del futuro. Se trata de un espacio imponente, con más de 16,700 metros cuadrados de sala limpia, que se espera que empiece a operar esta misma primavera. Y la cosa es que no solo buscan crear los equipos, sino también optimizar los procesos para que la vaina vaya más rápido y eficiente. Es como tener la mejor cocina del mundo, pero también los chefs más bacanos que te hacen el sancocho en un dos por tres.
Aquí es donde Samsung entra en el juego, y no como un convida’o de piedra, sino como socio fundador. La empresa surcoreana es un peso pesado en la industria de los semiconductores, una de las fundiciones más grandes y avanzadas del planeta. Su alianza con Applied Materials es clave para enfrentar uno de los desafíos más grandes: reducir el tiempo que se tarda en llevar una nueva tecnología de chips desde la investigación hasta la producción en masa. Tradicionalmente, este proceso podía tomar entre 10 y 15 años, ¡un viaje! Con el EPIC Center, el objetivo es darle un empujón a esa línea de tiempo, para que la innovación llegue más rápido a nuestros celulares, computadoras y a esa inteligencia artificial que está de moda.
Es importante aclarar que el EPIC Center no está compitiendo directamente con empresas como la holandesa ASML, que es la única capaz de fabricar las máquinas de litografía más avanzadas del mundo, las que graban los circuitos en los chips con una precisión que da miedo. Más bien, esta iniciativa busca complementar ese trabajo, enfocándose en los procesos y equipos previos y posteriores a la litografía, para que todo el ecosistema de fabricación de chips sea más ágil. El CEO de Samsung Electronics, Young Hyun Jun, lo dejó bien claro: esta colaboración va a permitir avanzar en tecnologías de equipos de semiconductores de vanguardia. Un plan jevi para asegurar que no se queden atrás en la carrera tecnológica.
Y no es que Samsung se esté quedando quieto, ¡qué va! La compañía está en todas partes. En esta era donde la inteligencia artificial (IA) es la que se lleva el premio gordo, Samsung se ha convertido en un pilar fundamental al ser la primera en abastecer a NVIDIA, el gigante de las tarjetas gráficas para IA, con las nuevas memorias HBM4. Esto no es poca cosa; significa que están a la vanguardia, produciendo componentes esenciales para el desarrollo de la IA. Además de su participación en el EPIC Center, Samsung tiene una tremenda planta en Taylor, Texas, donde están metiéndole con todo a la producción de chips de 2 nanómetros, que son de los más pequeños y potentes que existen. Es un tigueraje serio para ampliar su huella en suelo estadounidense.
Uno se acuerda de los tiempos en que el expresidente Donald Trump hablaba de “Make America Great Again” y de cómo quería traer de vuelta la manufactura a casa, con empresas y trabajadores de la propia bandera. El gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, le dio una mano grande a Intel hace unos meses para que reviviera y se convirtiera en una fundición importante. Y, asegún se ha visto, la inversión ha dado sus frutos, con Intel resurgiendo y posicionándose para abastecer a gigantes como NVIDIA y Apple. Pero la realidad es que, para lograr esa “soberanía tecnológica”, Estados Unidos está recibiendo un viaje de músculo extranjero.
No solo es Samsung, sino también TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), la superestrella taiwanesa que es el pilar de toda la industria de semiconductores global. TSMC está expandiendo su presencia en Estados Unidos, con fábricas en Arizona, lo que demuestra que, aunque el país quiera su propia manufactura, el conocimiento y la capacidad de producción global son un lujo que no se puede ignorar. Es como querer hacer un arroz con pollo y tener al mejor cocinero del mundo en tu cocina, aunque no sea de la familia. Al final, el objetivo es tener los mejores chips, y si vienen de afuera, pero se producen aquí, pues está de lo más bien.
Esto nos deja una vaina clara: Estados Unidos está en un proceso de reindustrialización para fortalecer su posición en la manufactura de semiconductores, pero una parte significativa de ese “músculo” viene de empresas extranjeras que, simplemente, ahora están decidiendo producir también en suelo americano. Es una globalización que se acomoda a las necesidades estratégicas de cada nación. Mientras tanto, Samsung sigue en su camino, no solo con las HBM4, sino también investigando el futuro de las memorias, como las DRAM, donde otros grandes como Intel también están buscando romper esquemas. La competencia está jevi, y la innovación no se detiene.
La cosa no para ahí. Circulan rumores de que ByteDance, la empresa matriz de TikTok, está desarrollando su propio chip para inteligencia artificial y que está en conversaciones con Samsung para que se lo fabriquen. Esto, señores, es la prueba de fuego de la confianza que tiene la industria en la capacidad de Samsung. La demanda de chips avanzados es insaciable, y tener socios con la capacidad y la experiencia de Samsung es fundamental para cualquier empresa que quiera estar a la vanguardia. El futuro de la tecnología es global, y Corea del Sur, con Samsung a la cabeza, sigue siendo un jugador indiscutible en este bacano ajedrez de silicio.
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