La vaina de los combustibles siempre da de qué hablar en nuestro patio, pero klk con la verdad detrás de los números? Mientras el Gobierno hace bulla con los subsidios para no subir los precios, la chercha es que los impuestos combustibles que pagamos son un viaje de veces más que ese “sacrificio” estatal. Las estadísticas oficiales no mienten, y la diferencia es tan grande que hasta uno se queda asombra’o.
La cosa no es un coro. En el país, los hidrocarburos están cargados con diversos gravámenes: el ad valorem del 16% sobre gasolinas y gasoil, que sube o baja asegún el precio internacional; el impuesto específico, que es fijo por galón y depende del volumen de consumo; y otros dos pesos por galón, sin olvidar el ingreso de compensación del GLP. Esto es un sistema jevi para el fisco, que recauda sin parar, no importa si la guagua o el carro del tiguere consumen menos.
El tema de los subsidios no es nuevo y, de una vez, surge en momentos de alzas globales. Recordamos el 2008 o la crisis post-pandemia, donde el petróleo se puso bacano internacionalmente. Aunque el gobierno intente amortiguar el golpe, la percepción popular es que los precios siempre están por las nubes. La gente siente la presión en el día a día y a veces se desespera viendo que el costo de la vida sigue en ascenso.
Y es que el impacto de los impuestos combustibles se siente en cada esquina de la economía dominicana. Un aumento en la gasolina o el gasoil de una vez se traduce en un alza en el pasaje de la guagua, en el precio del flete para los productos básicos, y klk, hasta en el costo de la comida en el colmado. Esto fomenta la inflación, golpeando el presupuesto de las familias, que se las ven negras para llegar a fin de mes. Para el tigueraje que se busca su sustento día a día, esto es una vaina que los ahoga.
La verdad es que el Gobierno se encuentra en una encrucijada. Por un lado, necesita esos ingresos millonarios para financiar sus programas de desarrollo, salud, educación y servicios públicos. Por el otro, no puede ignorar el coro de la gente que clama por precios más justos. Es un delicado balance entre la necesidad de recaudar y la obligación de no desbaratar el bolsillo del dominicano. Las cifras del MICM, DGII y DGA confirman que el Estado está de lo más bien con esta vaina, mientras que el ciudadano promedio se la juega cada vez que va a llenar el tanque.
Los datos son claros: entre 2020 y 2025, el Estado “sacrificó” unos RD$89,122.5 millones en subsidios. Pero en ese mismo lapso, recaudó la jevi suma de RD$515,366.2 millones solo por impuestos combustibles. Esto deja un margen a favor del fisco de más de RD$426 mil millones. Asegún las proyecciones, incluso con un subsidio de RD$22,000 millones para este año, los ingresos por impuestos seguirán siendo casi cinco veces mayores. Es una realidad que nos invita a reflexionar: ¿quién es el que realmente está bajando los hierros aquí?
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




