La eterna novela sobre la construcción de la Presa de Monte Grande ha vuelto a calentar los motores en el patio dominicano, con un ‘dimes y diretes’ bacano entre el director del Instituto Dominicano de Recursos Hidráulicos (Indrhi), Olmedo Caba, y el expresidente Danilo Medina. La discusión gira en torno a los costos, el avance y la culminación de esta infraestructura, que es más que un simple tranque de agua; es una esperanza para el desarrollo de la Región Enriquillo y el Sur Profundo, una zona que históricamente ha estado en olla y que necesita un empuje de una vez y por todas. Caba, sin pelos en la lengua, le salió al frente a las declaraciones de Medina, quien había criticado el supuesto aumento de los costos y la inauguración “a medias” de la presa.
Según Caba, la realidad es que cuando la actual gestión cogió las riendas en agosto de 2020, la Presa de Monte Grande estaba en un verdadero embrollo. El proyecto, iniciado hace más de una década, se encontró con apenas un 30% de avance físico, una vaina que da pila de brega entender si se compara con el 78% de los recursos que, según el Indrhi, ya se habían ejecutado en ese momento. Pero la cosa no para ahí, ¡ay, mi madre!, lo más chulo es que ni siquiera se habían diseñado las obras complementarias, que son el corazón de la presa: los canales de riego, la generación hidroeléctrica y el sistema de abastecimiento de agua potable para un viaje de comunidades. Es como hacer la armadura de un carro de lujo y dejarlo sin motor ni gomas.
El expresidente Medina, por su lado, había echado los pies al frente señalando que el costo de la obra había aumentado y que la inauguración del embalse a inicios de 2024 no incluía estos componentes vitales. Es decir, que la inauguración fue como un coro sin bachata, incompleta. Esta presa, cuyo contrato original data del 20 de julio de 2009 con un monto de US$354,282,988.39, sin incluir los diseños de las obras anexas, ha sido un dolor de cabeza constante, con parones y arranques que han puesto a muchos a dudar de su finalización.
Caba precisó que, conforme a la cláusula 4.2 del acuerdo contractual, el monto inicial debía actualizarse mensualmente mediante fórmulas polinómicas. Para los que no están en el tigueraje de la ingeniería, esto significa que el precio se ajusta según la variación de los costos de los materiales y la mano de obra. Así, por ejemplo, la adenda número 2, firmada el 9 de mayo de 2013, elevó el contrato a US$401,699,079.75. Y la chercha siguió: en julio de 2020 se suscribió el acuerdo denominado “Presupuesto USD 442MM”, que sentó las bases para la adenda número 4, la cual se encontró justo al inicio del gobierno actual.
El punto clave de la controversia está en la limitación de la adenda número 4, que según Caba, restringió los volúmenes de construcción hasta la elevación de 180 metros sobre el nivel del mar, a pesar de que el diseño final contemplaba alcanzar la cota de 207 metros. Asegún el funcionario, esa limitación se hizo para no sobrepasar el umbral permitido para adendar contratos, conforme al artículo 31, numeral 2, de la Ley 340-06 sobre Compras y Contrataciones Públicas. ¡Imagínate tú! Es como decir, vamos a construir este edificio de 10 pisos, pero por cuestiones de papeleo, solo podemos llegar hasta el sexto. Esto ha sido una vaina de nunca acabar.
El director del Indrhi también aclaró que las órdenes de cambio corresponden a reajustes de precios, que las cubicaciones se han pagado dentro de fecha y que existen los fondos presupuestarios disponibles por parte de la institución para seguir adelante. Además, recordó que del financiamiento aprobado en 2018 con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), por US$249,578,954.85, ya se habían desembolsado US$168,092,169.39 hasta agosto de 2020. Es decir, que no es un problema de cuartos, sino más bien de cómo se gastaron y se planificaron esos cuartos.
La Presa de Monte Grande es más que una obra; es una promesa de desarrollo. Una vez completada, no solo protegerá de inundaciones a comunidades completas en Azua, Barahona y Bahoruco (¡adiós a las crecidas que se llevan todo!), sino que también irrigará miles de tareas de tierra, multiplicando la producción agrícola y generando un viaje de empleos. Además, garantizará agua potable y energía para una región que está a los piro de un empujón económico y social. La esperanza es que, dejando la política a un lado, esta obra tan jevi y vital para nuestra gente del Sur, se complete de una vez por todas, y que no se quede en un mero ‘tigueraje’ político.
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