¡La vaina está que arde! Un video que circula por los teléfonos del país ha puesto a todo el mundo a jalar aire, mostrando al mismísimo Coronel Fausto Madé Ramírez de la Policía Nacional metiendo la pata de una manera fea. En las imágenes, se ve al oficial agrediendo y arrastrando por el pelo a una joven en Los Mina, una situación que, naturalmente, ha provocado un viaje de indignación en el pueblo. La ministra Faride Raful, enterada del caso, ha ordenado su suspensión inmediata mientras se investiga el bochornoso hecho, un paso necesario ante semejante barbaridad que nadie puede avalar.
Lo más lamentable de esta situación no es solo la agresión en sí, sino el patrón de conducta que se repite. Y es que, ¡ojo!, Madé Ramírez no es ningún primario en estas lides. Ya en 2018 fue suspendido por otro abuso de poder, esta vez contra un ciudadano en Los Frailes. ¿Cómo es posible que un oficial con semejantes antecedentes no solo permanezca en la institución, sino que, de lo más bien, escale posiciones hasta ser comandante en Santiago Rodríguez? Esta es la pregunta que mucha gente se hace en el patio, y que deja entrever una seria falta en los mecanismos de supervisión y depuración interna de nuestra Policía Nacional. El tigueraje de este tipo de oficiales parece tener alas.
Este caso pone en jaque la confianza que el pueblo dominicano deposita en sus fuerzas del orden. Cuando un uniformado, que se supone está para proteger y servir, se convierte en agresor, se crea un ambiente de desasosiego y temor. La gente se siente desprotegida y el ‘klk’ con la seguridad ciudadana se complica. La ciudadanía demanda una Policía transparente y que rinda cuentas, no un coro de impunidad que permita que quienes cometen abusos sigan campantes, como si aquí no pasara nada. Ya es hora de que se pongan los pantalones bien amarrados y se actúe con la seriedad que amerita.
La necesidad de una reforma policial profunda es un tema que lleva años en la chercha nacional. Casos como el del Coronel Madé Ramírez solo subrayan la urgencia de reestructurar la institución, fortaleciendo la capacitación en derechos humanos, implementando filtros más estrictos para el ascenso y, sobre todo, garantizando que no haya cabida para la corrupción ni el abuso de poder. No se trata solo de suspender, sino de depurar y asegurar que estos patrones de conducta no se repitan, cortando la vaina de raíz y mostrando que nadie, absolutamente nadie, está por encima de la ley.
El papel de las redes sociales en estos tiempos es bacano para exponer estas anomalías. El video se regó como pólvora, lo que forzó una reacción rápida por parte de las autoridades. Esto demuestra el poder de la ciudadanía activa y la importancia de no callar ante la injusticia. Cada ‘post’ y cada ‘compartir’ se convierte en un arma contra la impunidad, empujando a que los responsables asuman las consecuencias de sus actos. El pueblo está cansado de ver a funcionarios que se creen dueños del monte y que hacen lo que les da la gana sin repercusiones reales.
En definitiva, la situación del Coronel Fausto Madé Ramírez no es un caso aislado, es un síntoma de un problema estructural que requiere atención urgente. No basta con una suspensión temporal; se necesita una investigación profunda, sanciones ejemplares y un compromiso firme para erradicar este tipo de comportamiento de nuestras instituciones. El pueblo dominicano merece una Policía que le dé la mano y no que le meta el pie. ¡Esa es la que hay!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




