¡Qué lío, mi gente! La política dominicana nunca deja de sorprendernos, y en esta ocasión, la vaina se ha puesto fea de verdad en el cuadrilátero de la transparencia. Elvin Castillo, una figura conocida por su agudeza y su programa “Panorama de la Mañana”, le ha cantado las cuarenta a Carlos Pimentel, el director de Compras y Contrataciones Públicas, por su manejo y descalificación de un reportaje que destapa presuntas irregularidades en el caso SNS. Castillo no se ha guardado nada y ha tildado a Pimentel de “simulador, manipulador y farsante”, una acusación que prende la mecha y pone en tela de juicio la imagen de un funcionario que, hasta ahora, se había vendido como el adalid de la pulcritud en el tren gubernamental. ¿Será que el “señor de la verdad” ahora se está poniendo los guantes para defender algo que, según muchos, luce un poco turbio?
Mire usted, desde que el actual gobierno asumió el poder, uno de los pilares de su discurso ha sido la transparencia y la lucha contra la corrupción. Compras y Contrataciones Públicas, bajo la dirección de Carlos Pimentel, ha sido presentada como la institución garante de que los recursos del pueblo se manejen con decoro y sin el tigueraje que tanto nos ha dolido en el pasado. Se ha hecho un viaje de ruido con el tema, y la gente, de verdad, se había montado en esa guagua con la esperanza de que las cosas cambiarían. Pero ahora, con estas declaraciones de Elvin Castillo, que no son para echar chercha, sino que vienen de una investigación seria, parece que esa narrativa se está cayendo un poco. La gente se pregunta si la promesa de un gobierno transparente es solo un coro bonito o si, al final del día, estamos viendo más de lo mismo, aunque con otras caras.
Y es que no estamos hablando de cualquier vaina, estamos hablando del Servicio Nacional de Salud (SNS), una institución vital para el bienestar de cada dominicano. Desde que nacemos hasta que partimos, el SNS debería ser el soporte para la salud de la población, especialmente para los más desfavorecidos. La calidad de los servicios, la disponibilidad de medicamentos y equipos, todo depende de cómo se manejen los cuartos y los contratos. Cuando hay indicios de que la transparencia brilla por su ausencia o que se favorece a ciertos “dueños de empresas” por encima de otros, la confianza del pueblo se desploma de una vez, y eso es algo que ningún gobierno puede darse el lujo de ignorar, mucho menos en un país donde la salud pública siempre ha sido un talón de Aquiles.
Castillo, que no es un tipo que hable por hablar, ha sido bien claro en su denuncia. El equipo de “Panorama” se pasó siete meses bregando, investigando a fondo en distintos centros de salud, recopilando audios y videos, para armar un reportaje que, según él, Pimentel intentó descalificar de una manera “vulgar y manipuladora”. Lo que más le pica a Castillo es que Pimentel intentó desviar el foco del debate. No se trata de si la excepcionalidad o la exclusividad como modelos de contratación son ilegales —que según la ley existen— sino de la “recurrencia o permanencia” de estas excepciones durante cinco años, con un valor total que sobrepasa los RD$13 mil millones. ¡Trece mil millones de pesos, mi hermano, eso no es paja de coco!
El meollo del asunto, y aquí es donde se pone la cosa más complicada, es la “hegemonía o la supremacía” que se le otorgó a un solo beneficiario. Estamos hablando de más de RD$9 mil millones de pesos a un solo contratista. Elvin Castillo lo dejó claro: si hay cuatro oferentes, lo lógico y lo decente sería dividir los contratos en lotes para que haya una competencia justa y evitar monopolios. ¿Por qué darle todo ese bojote de cuartos a uno solo, cuando otros también podrían participar? Esto levanta sospechas, asegún el periodista, de “colusión o componenda”, algo que el Estado debería combatir, no normalizar. Asegún el mismo Castillo, Pimentel se vendía como una “lumbrera” que perseguía los mejores objetivos en las Compras y Contrataciones, pero ahora, su actuar contrasta con esa imagen.
La figura de Carlos Pimentel es crucial en esta discusión. Él, que viene de la sociedad civil, de organizaciones que luchan por la transparencia, llegó a Compras y Contrataciones con el aval de ser un defensor de la ética pública. Su rol era precisamente poner freno a esas prácticas que Elvin Castillo ahora denuncia. Por eso, la reacción de Pimentel, descalificando un trabajo periodístico en lugar de responder a las interrogantes planteadas —sobre oferentes, exclusividad, lista de beneficiarios, pliego de condiciones, hegemonía y recursos aislados— es lo que ha encendido más la polémica. La gente se esperaba explicaciones claras, no un intento de barrer el asunto debajo de la alfombra. El pueblo dominicano está de lo más bien y entiende que cuando se habla de tantos millones, no se puede jugar a las escondidas.
Esta confrontación no es solo un pleito entre dos figuras públicas; es un reflejo de la batalla por la institucionalidad y la transparencia en la República Dominicana. El trabajo de periodistas como Elvin Castillo es fundamental para mantener a los funcionarios en línea y asegurar que rindan cuentas. Si los que se supone que son los “tigueres” de la transparencia empiezan a mostrar fisuras, ¿entonces en quién va a confiar el ciudadano de a pie? El sistema de compras y contrataciones es la columna vertebral de cómo se gasta el dinero de todos nosotros. Si ahí hay un relajo o un desorden, eso afecta directamente la calidad de vida de la gente, desde la construcción de una escuelita hasta el abastecimiento de medicinas en el hospital. Es una vaina seria que requiere seriedad y compromiso.
Elvin Castillo ha puesto la pelota en la cancha de Carlos Pimentel. Las evidencias, los siete meses de investigación, los audios y videos, no son para vacilar ni para salir corriendo. La población espera una respuesta contundente y transparente sobre por qué se ha permitido esta “recurrencia” de excepciones y la entrega de cantidades millonarias a un solo ente, rompiendo con el principio de la libre competencia. Es hora de que se explique la situación sin rodeos, sin tratar de manipular la opinión pública o desviar el eje del debate. La promesa de un gobierno diferente se mide en estos momentos, cuando las cosas se ponen color de hormiga y se espera que la verdad, sin importar lo dura que sea, salga a flote. Aquí la gente no traga cualquier vaina, y menos cuando los cuartos del pueblo están de por medio.
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