La violencia atroz no da tregua

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Esto se revela en encuestas donde se establece «por primera vez de manera científica, la estrecha relación entre la comisión de delitos de mayor connotación social y el uso de armas, y  consumo de drogas y alcohol».

El fenómeno de la violencia y el crimen común y organizado a pesar de las importantes inversiones, para combatir este flagelo, sigue causando estragos en la región, con una tasa media anual “de 17,2% por cada 100 mil habitantes, técnicamente triplicando el promedio mundial y seis veces superior a la europea”[1].

La ONUDC nos revela la dramática situación de la inseguridad en la región al establecer que,  37% de los homicidios que se producen en el mundo tienen lugar en el subcontinente americano. A pesar,  de que éste apenas alberga  el 8% de la población mundial.  Un escenario que se ve agravado por la proliferación de las armas de fuego que conforme a la institución especializada en la materia, ha incidido en no menos de “un 75 % de homicidios cometidos con dichas armas, superando con crece el promedio mundial  de 54 %”[2]. 

Desafortunadamente, la región cuenta con países que registran la tasa más alta de homicidio en el mundo, de más de 40 personas por cada 100 mil habitantes: “El Salvador 62,  Venezuela 57, Jamaica 57 y Honduras 41,7”[3].

De este modo, observamos un crecimiento sistemático de la criminalidad en la región desde 1990, liderada por Centroamérica, con una tasa “de un 25,9%; seguida de Sudamérica, con 24,2%; y el Caribe, con 15,1%; erigiéndose como las subregiones con las tasas más altas de homicidios del planeta”[4].

Es propio resaltar que este fenómeno se ha visto agravado por la brutal desigualdad, que de conformidad con el Banco Interamericano de Desarrollo, (BID),  “el 10 % más rico de la población gana 22 veces más que el 10 % más pobre”.

Es así, como el promedio del coeficiente medidor de la desigualdad, (Gini), que va de una escala del (0-1); siendo cero igualdad perfecta y 1 completa desigualdad. En el caso de América Latina y El Caribe, alcanza “0.46, cifra que supera exponencialmente al promedio de 0.32”[5],  de las naciones con economías desarrolladas. Lo que se refleja en la carencia de acceso a los servicios básicos, como educación y salud, impactando a los sectores más vulnerables, especialmente a los niños.  

Otras fuentes como la organización InSight Crime, revelan que, en término general, en los últimos años, la criminalidad ha aumentado considerablemente en la región, aunque es válido destacar que ha habido países que tienen una notada mejoría en dicha materia.

El caso de Haití, se indica que ha experimentado un incremento considerable de la violencia agravada, como consecuencia del dominio de las pandillas a raíz del asesinato del presidente Jovenel Moise. El intercambio de marihuana por armas es una de las modalidades que se han popularizado en países como Jamaica y Haití, lo que agudiza el consumo de drogas y el crimen; y además, con ello se produce una especie de blanqueo de armas ilegales, ya que la marihuana es legal en algunos países.  De ahí que, conforme a informe de  Jamaica Gleaner, embarcaciones con grandes cargamentos de hasta tres mil libras de cannabis se transportan de Jamaica a Haití, “donde se intercambian drogas por armas de fuego y armas de asalto de alta potencia”[6].

En el caso particular de la República Dominicana, el incremento de la violencia se ha visto asociado a la perdida de oportunidades, el desempleo y el incremento del tráfico de drogas por la media isla que representa en gran medida un puente atractivo para los traficantes. De ahí, que el país  registro conforme al análisis de  InSight Crime, un estimado “de 1.121 asesinatos y una tasa de homicidios de 10,3 por cada 100.000 habitantes”[7]. 

El flagelo de la inseguridad ciudadana se ve notoriamente impactado por los niveles de precariedad y miseria que se han agudizado en la región, situando la misma como la más desigual del planeta. Es así, que conforme a  las nuevas proyecciones de la CEPAL,  los indicadores sociales empeoraron notablemente en 2020, y,  la tasa de pobreza extrema se situó en 12,5%, mientras la tasa de pobreza alcanzó el 33,7%, de la población; como consecuencia de la fuerte recesión económica en la región, que registró una caída del PIB “de -9,2%. 

En su nuevo informe anual, la CEPAL ponderó que el total de personas pobres ascendió a 230 millones a finales de 2021, 40 millones de personas más que el año anterior”[8]. Todo lo cual, nos convoca a abogar por el retorno al poder de corrientes políticas progresistas capaces de reencauzar los procesos de integración y desarrollo regional.


[1] UNODC, Estudio mundial sobre el homicidio 2019 (Viena, 2019).

[2] UNODC, Estudio mundial sobre el homicidio 2019 (Viena, 2019).

[3] UNODC, Estudio mundial sobre el homicidio 2019 (Viena, 2019)

[4] UNODC, Estudio mundial sobre el homicidio 2019 (Viena, 2019.

[5] UNODC, Estudio mundial sobre el homicidio 2019 (Viena, 2019).

[6] Parker Asmann y Katie Jones, Balance de InSight Crime de los homicidios en 2020, Argentina, 29 Enero, 2021.

[7] *Las tasas de homicidios son calculadas por InSight Crime sobre la base de los datos disponibles de homicidios y el total estimado de población del país en 2020, según el Banco Mundial. Los datos parciales se actualizarán a medida que se disponga de cifras completas.

[8] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Panorama Social de América Latina, 2020 (LC/PUB.2021/2-P/Rev.1), Santiago, 2021. PAG 48.

JPM

 

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