Las hormigas y las neuronas humanas se parecen más de lo que crees, según la ciencia

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Vale, las hormigas no son grandes amigas de los humanos, todos lo sabemos, pero eso no les quita ningún mérito en su existencia. Estos minúsculos insectos conviven con nosotros, más de lo que a más de una persona le gustaría, de manera muy silenciosa: de repente, aparecen en tu cocina, en tu baño, en tu salón, en absolutamente cualquier parte. No avisan, claro, pero es que nadie les avisó a ellas tampoco sobre el escaso lugar que pretendemos que tengan en el mundo, y por supuesto no lo piensan aceptar.

Sin embargo, su estrategia (porque tienen una) es inteligente y brillante, tan brillante como ese azúcar que te has dejado al aire en el bote que guardas en la despensa… Cuidado, que también son bastante golosas. En realidad, ya las ves, no distan mucho de los humanos, y si aún no lo ves sigue leyendo.

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Foto: Fuente: iStock

Según ha revelado una nueva investigación, las colonias de hormigas pueden actuar como redes neuronales. Formando grupos de insectos, son capaces de sopesar tanto lasconsecuencias externas como los principios internos a la hora de tomar decisiones sobre qué hacer como colectivo. Vamos, que igual no es que se parezcan a nosotros, sino que saben hacerlo aún mejor.

Una decisión colectiva

El equipo encargado de llevar a cabo este estudio, dirigido por Daniel Kronauer, del Laboratorio de Evolución Social y Comportamiento en la Universidad Rockefeller en Nueva York, simplemente se detuvo a observar cuándo y cómo las colonias de hormigas evacuaban sus hormigueros en función de los aumentos de temperatura. En algún momento de este proceso, los científicos encontraron que había una decisión concreta y, por tanto, una dirección concreta: el hormiguero debería ser abandonado.

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La configuración experimental consistió en mantener bajo observación un nido u hormiguero a temperatura controlada. A él accederían hormigas marcadas con puntos para poderlas identificar mediante una cámara de seguimiento. Bastaron estos pasos para que los investigadores notaran que con colonias de 36 hormigas obreras y 18 larvas, el hormiguero iba siendo evacuado por ellas a partir del momento en que la temperatura alcanzó los 34 grados centígrados.

Con esa premisa asegurada, lo siguiente que encontraron es que a medida que aumentaba el tamaño de la colonia, también lo hacía el umbral de temperatura que las obligaría a irse. Por ejemplo, con colonias de 200 hormigas, los insectos se quedaron hasta que el nivel de calor superó los 36 grados.

El paradigma de los beneficios versus costes

Todo esto puede explicarse de otra forma, y es que sorprendentemente lo que estaban haciendo aquellas hormigas era actuar como un sistema completo, de la misma manera que actúan las neuronas entendiéndose como un cerebro completo. Todo (todas) funcionando al unísono. “Este es uno de los primeros pasos para comprender realmente cómo las sociedades de insectos se involucran en la computación colectiva”, sostiene al respecto Kronauer.

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Estos insectos comprenden a la perfección el paradigma clásico de beneficios (seguir realizando el trabajo) versus costes (sobrecalentamiento y pérdida de miembros de la colonia). Lo que los investigadores, por su parte, siguen sin comprender de ellas es por qué el tamaño del grupo debería tener un impacto en el deseo colectivo para desaparecer a medida que sube la temperatura.

Partiendo de la idea de que las hormigas individuales en sí mismas no habrían sabido el tamaño del grupo, es evidente que está sucediendo algo más. Una hipótesis planteada por los autores del estudio es que las feromonas, o mensajeros químicos, que pasan entre las hormigas aumentan sus efectos cuando hay más hormigas involucradas. Asimismo, otra consideración podría ser que mover un grupo más grande de hormigas es más desafiante, por lo que cambia el cálculo de beneficios versus costes.

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Se cree que es probable que los factores excitadores e inhibidores estén en competencia entre las hormigas, como en una red neuronal. A través de modelos matemáticos, el equipo pudo mostrar cómo el umbral de respuesta sensorial colectiva de las hormigas se basaba en el equilibrio entre estos dos factores, no solo en las preferencias individuales de cada hormiga promediadas. “Lo que hemos podido hacer hasta ahora es perturbar el sistema y medir la salida con precisión. A largo plazo, la idea es aplicar ingeniería inversa al sistema para deducir su funcionamiento interno con más y más detalle”, afirma Kronauer.

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Vale, las hormigas no son grandes amigas de los humanos, todos lo sabemos, pero eso no les quita ningún mérito en su existencia. Estos minúsculos insectos conviven con nosotros, más de lo que a más de una persona le gustaría, de manera muy silenciosa: de repente, aparecen en tu cocina, en tu baño, en tu salón, en absolutamente cualquier parte. No avisan, claro, pero es que nadie les avisó a ellas tampoco sobre el escaso lugar que pretendemos que tengan en el mundo, y por supuesto no lo piensan aceptar.

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