Los cerebros de los mosquitos codifican el olor humano para poder encontrarnos

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Su tamaño diminuto no le hace menos temido, porque a quién le gusta escuchar a un mosquito rondando cerca en la oscuridad de la noche. Son probablemente uno de los mayores enemigos de las personas en verano, prueba de ello es el sinfín de productos existentes destinados a evitarlos, una auténtica lucha contra sus picaduras.

Tras décadas observando de cerca el comportamiento de estos seres voladores, un equipo ha descubierto ahora respuestas a las grandes preguntas en torno a ellos: ¿Por qué pican a unas personas más que a otras especies? ¿Qué detectan los mosquitos para elegir a sus presas?

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Si bien la mayoría de los mosquitos del mundo no hacen ascos a cualquier fuente de sangre con la que se topen, algunos como aquellos que transmiten el zika, el dengue y la fiebre amarilla (Aedes aegypti) han evolucionado para enfocarse en los humanos casi exclusivamente. Una nueva investigación, publicada recientemente en la revista ‘Nature’, se ha sumergido en el mismísimo cerebro de estos mosquitos y ha encontrado patrones de comportamiento fascinantes.

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Un estudio pionero

“Nos propusimos tratar de entender cómo estos mosquitos distinguen el olor humano y el de los animales”, explica su autora, Carolyn McBride, profesora asistente de ecología y biología evolutiva y neurociencia. Para ello, le trasladaron cuestiones como ¿Qué puedes oler? ¿Qué enciende tu cerebro? ¿Qué activa tus neuronas? ¿Cómo se activa tu cerebro de manera diferente cuando hueles a humano?

Sí, sí, trataron de establecer una conversación con estos insectos, y no les ha ido nada mal. El primer paso ya fue un paso pionero en este tipo de estudios. Zhilei Zhao, en ese momento estudiante graduado, logró obtener imágenes de cerebros de mosquitos en muy alta resolución, más que suficiente para observar cómo este identifica a su víctima. Para conseguirlo, Zhao tuvo que diseñar genéticamente mosquitos cuyos cerebros se encendían cuando estaban activos, y posteriormente el equipo de investigadores al completo tuvo que ofrecerles aire con olor a humano y animal, de manera que los mosquitos pudieran detectarlo mientras estaban encerrados en un espacio para la observación.

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Según explican desde ‘Science Daily’, el olor humano se compone de docenas de compuestos diferentes, compuestos que en proporciones ligeramente diferentes están presentes en la mayoría de los olores de los mamíferos. “Ninguno de esos compuestos es atractivo para los mosquitos por sí mismo, por lo que el desafío fue determinar la combinación exacta de componentes que usan los mosquitos para reconocer el olor humano“, apuntan.

Un mecanismo sorprendentemente simple

No fue fácil, pero lo consiguieron: encontrar que existen dos compuestos químicos elementales en el comportamiento del insecto. Conocidos como decanal y undecanal, están enriquecidos en olor humano. Así pues, patentaron una mezcla con decanal que esperaron que conduciera a cebos que atraigan a los mosquitos a trampas letales o repelentes que interrumpan la señal.

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Los cerebros de estos animales tienen 60 centros nerviosos llamados glomérulos. Los investigadores habían planteado la hipótesis de que la mayoría de ellos estarían involucrados en ayudar a estos mosquitos en su dependencia de humanos para encontrar alimento. Entonces, llegó la primera sorpresa: “Cuando vi por primera vez la actividad cerebral, no podía creerlo, solo dos glomérulos estaban involucrados“, apuntaba Zhao. “Eso contradecía todo lo que esperábamos, así que repetí el experimento varias veces, con más cantidad de olores humanos, y más de animales. Simplemente no podía creerlo. Resultaba tan simple”.

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Al determinar los glomérulos que los mosquitos usan para detectar humanos e identificar qué es lo que están detectando, el equipo llegó a una respuesta directa a todas sus preguntas: “Los mosquitos han desarrollado un mecanismo sorprendentemente simple para reconocernos. Para mí, se trata de una historia evolutiva, es decir, el mosquito hace algo notablemente simple porque generalmente lo simple funciona bastante bien”, afirma McBride.

Su tamaño diminuto no le hace menos temido, porque a quién le gusta escuchar a un mosquito rondando cerca en la oscuridad de la noche. Son probablemente uno de los mayores enemigos de las personas en verano, prueba de ello es el sinfín de productos existentes destinados a evitarlos, una auténtica lucha contra sus picaduras.

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