La pasión del béisbol se encendió de una vez en el primer choque de la Serie Mundial, donde los Cerveceros de Milwaukee lograron arrancar con el pie derecho, superando a los Rays de Tampa Bay con un ajustado 3-2. Fue un partido de infarto, de esos que te mantienen al filo de la butaca hasta la última bola, y que dejó a la fanaticada con el corazón en la mano. El relevista Trevor Megill se lució con un ponche clave a Jonny DeLuca, con corredores en posición anotadora en la novena entrada, sellando así una victoria que se sentía como si se hubiese escapado de milagro.
Este triunfo no fue solo por la habilidad, sino también por una dosis de ‘tigueraje’ y la precisión de la tecnología. Aseguún el reporte, antes del ponche de DeLuca, hubo una jugada que pudo haber terminado el partido a favor de los Rays: Liam Hicks bateó para una aparente doble matanza. Sin embargo, tras una revisión que mantuvo a todo el mundo con la respiración contenida, se determinó que el pie derecho del campocorto de los Cerveceros, Cooper Pratt, no estaba del todo sobre la base al recibir el lanzamiento del segunda base Brice Turang. Esa vaina, aunque fue por un milímetro, anuló la jugada y le dio una nueva vida a Milwaukee, demostrando que en el béisbol, hasta el más mínimo detalle cuenta.
La actuación monticular de Jacob Misiorowski fue un pilar fundamental para los Cerveceros, pues se agenció la victoria tras lanzar cinco entradas permitiendo solo una carrera. Su dominio en el montículo sentó las bases para que la ofensiva hiciera el trabajo. Y hablando de ofensiva, Christian Yelich fue el hombre del momento con un triple que impulsó dos carreras, desatando una remontada en la primera entrada que puso a los Cerveceros por delante de forma definitiva. Ese ‘palo’ fue el que prendió la chispa y el que hizo estallar de júbilo a la multitud, que llenó el estadio para presenciar el primer partido de Serie Mundial en Milwaukee desde 1982.
Pero la alegría no se quedó solo en Yelich. Otros que aportaron con un ‘jevi’ despliegue en el plato fueron Jackson Chourio y William Contreras, ambos con dos imparables cada uno. Contreras, además de su bateo oportuno, mostró su brazo de ‘cañón’ al eliminar a dos posibles ladrones de base, demostrando que su defensa detrás del plato es tan valiosa como su aporte ofensivo. Es ese tipo de entrega completa la que marca la diferencia en estas instancias tan importantes, una combinación de fuerza y agilidad que encanta al público.
Esta Serie Mundial tiene un sabor especial, porque es la primera vez desde 1980 –cuando los Phillies de Filadelfia vencieron a los Reales de Kansas City– que dos equipos llegan a esta instancia con la oportunidad de levantar su primer trofeo de campeón. Es una situación ‘chula’ para la historia del béisbol, pues pone en relieve la dificultad de alcanzar la gloria máxima. Cabe destacar que, según los datos históricos, además de estos dos equipos, solo los Rockies de Colorado, los Padres de San Diego y los Marineros de Seattle son los únicos de las Grandes Ligas que aún no tienen un título de Serie Mundial en sus vitrinas. Esta competencia es la que pone a prueba el verdadero ADN de los equipos.
La estadística también juega su papel en esta emocionante narrativa. La historia nos dice que el ganador del primer partido de una Serie Mundial tiene una ventaja considerable, llevándose el campeonato en el 62.8% de las ocasiones. Esto significa que los Cerveceros han dado un paso de lo más bien en su camino hacia el título, aunque en el béisbol no hay nada escrito hasta el último out. El camino es largo y lleno de sorpresas, pero arrancar ganando siempre es un plus para la moral y la confianza del equipo. ¡La adrenalina está a flor de piel y no podemos esperar a ver qué depara el próximo encuentro!
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