¡Qué lío se ha armado con el Metro de Santo Domingo, especialmente con la extensión hacia Los Alcarrizos! Recientemente, el alcalde de Los Alcarrizos, Junior Santos, salió de una vez a defender la próxima inauguración de la línea 2C del Metro, que está llamada a transformar por completo la movilidad en este pujante municipio. Él está más que convencido de que este es un proyecto bien pensao, no una ocurrencia del momento, y ha puesto su pecho ante las críticas, asegurando que el Metro de Los Alcarrizos cuenta con estudios técnicos de primera, empresas serias a cargo y una supervisión internacional que da garantía. Es decir, que esto no es pura improvisación, mi gente.
Desde que se empezó a hablar de esta extensión, no han faltado las voces, tanto a favor como en contra, que le han metido su “chercha” al asunto. Pero Santos, con la firmeza que lo caracteriza, ha sido claro como el agua: “Eso no está hecho de manera empírica, eso tiene estudio, tiene empresa, tiene inversión”. Se nota que el hombre está seguro de lo que dice, y es que un proyecto de esta magnitud no se hace así como así, a lo loco. Detrás de cada estación, cada riel y cada túnel, hay un viaje de planificación y recursos invertidos que muchos no alcanzan a ver.
Una de las bases de su defensa es la participación de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), que no solo está financiando una parte importante del proyecto, sino que también ejerce una fiscalización constante. Y aquí viene lo “bacano” del asunto, según el alcalde: “Se supone que ellos saben más de tren y de metro que la mayoría de los dominicanos”. Con esa frase, Santos ha querido dejar bien claro que hay una expertise de talla mundial detrás de esta obra, y que las advertencias de posibles fallas que algunos “tiguerajes” han querido regar por ahí, no tienen fundamento. La verdad es que tener un ojo internacional tan jevi supervisando, le da un sello de calidad al proyecto que no es poca cosa.
Pensemos un poco en la historia de nuestro Metro. Cuando se inauguró la primera línea en 2009, fue un acontecimiento que cambió el juego en la movilidad de la capital. De repente, la gente podía cruzar la ciudad de norte a sur de una forma rápida, segura y cómoda, sin el estrés del tapón ni la lucha con la “guagua”. Desde entonces, el sistema ha ido creciendo, conectando cada vez más puntos vitales de Santo Domingo. La extensión a Los Alcarrizos no es solo un capricho; es una necesidad imperiosa para miles de ciudadanos que, por años, han sufrido los rigores del transporte público y los largos trayectos para llegar a sus trabajos o estudios en el centro de la ciudad.
Construir una obra de esta envergadura en una zona tan poblada como Los Alcarrizos, con un viaje de gente y negocios, siempre presenta sus desafíos. Desde la adquisición de terrenos hasta la logística de la construcción en medio del día a día de la gente, son muchos los obstáculos que hay que superar. Y claro, en el camino siempre surge algún detalle estético o de terminación que sirve de pie para las críticas y la “chercha” en las esquinas. Pero como bien apunta el alcalde Santos, “el proyecto aún no ha sido concluido en su totalidad”, así que hay que darle el chance a que todo quede de lo más bien, como debe ser.
Pero más allá de las discusiones, lo que no se puede negar es el impacto económico y social que esta nueva línea traerá. Durante su construcción, ha generado un viaje de empleos, moviendo la economía local. Y una vez en operación, se espera que impulse el comercio, aumente el valor de las propiedades cercanas a las estaciones y, sobre todo, le dé un respiro a los bolsillos de la gente al reducir los costos de transporte. Imagínense, ¡poder llegar al trabajo en 20 o 30 minutos sin tener que coger tres guaguas y pagar un platal! Eso sí que es un cambio “chulo” para la vida diaria de miles de dominicanos.
La conectividad es clave en el desarrollo, y Los Alcarrizos está a punto de dar un salto gigante en ese sentido. El alcalde ha resaltado con entusiasmo cómo, con el Metro, San Cristóbal estará a pocos minutos; el Aeropuerto Internacional de Las Américas a unos 35 minutos, y por la autopista Duarte se podría llegar a Bonao en aproximadamente 45 minutos. Esto no solo acerca a Los Alcarrizos a otros puntos neurálgicos del país, sino que lo convierte en un polo de desarrollo aún más atractivo, facilitando el acceso a servicios, oportunidades de empleo y un sinfín de actividades que antes parecían lejanas. Es como si el municipio se conectara de una vez con el mundo, de una forma segura y eficiente.
Las inversiones en infraestructura son un pilar fundamental para el progreso de cualquier nación, y en República Dominicana, donde la población urbana sigue creciendo de forma acelerada, tener un sistema de transporte masivo como el Metro es asegurao que es una bendición. Permite descongestionar las calles, reducir la contaminación y mejorar significativamente la calidad de vida de sus usuarios. Es una apuesta al futuro, a una ciudad más moderna y funcional, donde el desplazamiento no sea un martirio, sino una parte fluida del día.
Así que, si bien es natural que surjan debates y cuestionamientos sobre proyectos de esta envergadura, la visión a largo plazo y el impacto positivo que el Metro de Los Alcarrizos promete, son innegables. Es una obra que, más allá de cualquier “chercha” momentánea, está diseñada para perdurar y beneficiar a generaciones de dominicanos, acercándolos a un futuro más próspero y conectado. El alcalde Santos ha defendido su posición con argumentos sólidos y con el respaldo de una gestión técnica y financiera de alto nivel. Es el momento de esperar la inauguración y ver cómo este “bacano” proyecto empieza a rodar a toda máquina.
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