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Migración le dio *candela* a la indocumentación: ¡Un viaje de detenciones en 24 horas!

¡Klk, mi gente! La Dirección General de Migración (DGM) no se anda con mojigangas y ha demostrado que la vigilancia en nuestras fronteras y dentro del país está más activa que nunca. Asegún el reporte que soltaron este jueves, en tan solo 24 horas, la friolera de 2,247 personas indocumentadas fueron detenidas. ¡Eso es un viaje de gente en un solo día, una vaina seria de verdad!

Estos operativos de interdicción migratoria, que son el pan de cada día para las autoridades, se llevaron a cabo en un buen montón de provincias. Desde el Cibao, con La Vega, Duarte, María Trinidad Sánchez, Monseñor Nouel, Sánchez Ramírez y Samaná, hasta la Capital y sus alrededores, incluyendo Santo Domingo, San Cristóbal y Monte Plata. O sea, que la mano dura de Migración se sintió en puntos claves donde, por lo regular, hay más movimiento de personas en situación irregular.

La cosa no es un trabajo de un solo hombre, señores. La DGM se hizo acompañar de un tigueraje de instituciones que le meten el pecho a esta situación. Hablamos de nuestros muchachos de las Fuerzas Armadas, que siempre están ahí de pie y firmes; la Policía Nacional, que también aporta su grano de arena; y, por supuesto, el Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront), que son los que están en la línea de fuego en la frontera. Cuando estas fuerzas se unen, la vaina se pone de lo más bien organizada para los operativos.

De ese viaje de 2,247 extranjeros que cogieron preso, 1,362 fueron deportados de una vez a su país de origen. La mayoría, como ya es costumbre, nacionales haitianos. La movilización de esta gente se hizo por los puestos fronterizos principales: Dajabón (con 601), Elías Piña (455), Jimaní (221) y Pedernales (34). Y lo más importante, según la misma DGM, todo esto se hizo “cumpliendo con los protocolos establecidos y en estricto respeto a los derechos humanos”. Esa es la parte que siempre está bajo el ojo de la crítica internacional, pero que aquí se busca manejar con la mayor transparencia posible, asegún ellos.

Para darle un poco de contexto a esta situación, hay que entender que la migración haitiana hacia la República Dominicana no es una vaina de ahora. Esto tiene años, décadas, diría yo, con raíces profundas en la historia compartida de la isla. Las crisis políticas, la inestabilidad económica crónica, la pobreza rampante y los desastres naturales en Haití (terremotos, huracanes) empujan a muchos de nuestros vecinos a buscar un mejor futuro, o al menos un respiro, en nuestro lado de la isla. Es una situación compleja, donde el drama humano se mezcla con la necesidad de ordenar el territorio.

Desde la perspectiva dominicana, la cosa se ve clara: el país tiene todo el derecho soberano de controlar sus fronteras y de aplicar sus leyes migratorias, como cualquier otra nación del mundo. Sin embargo, no es un secreto que la mano de obra haitiana, muchas veces irregular, ha sido por años un pilar en sectores económicos clave como la agricultura (el corte de caña, los conucos) y la construcción. Esto crea una especie de ambivalencia, donde por un lado se necesita esa fuerza de trabajo, pero por el otro, se busca ponerle freno a la irregularidad que genera desafíos sociales y de infraestructura.

Manejar esta frontera es una chercha que no es para cualquiera. La extensión territorial, la porosidad de la línea divisoria y la determinación de quienes buscan cruzar hacen que la tarea de Migración y las Fuerzas Armadas sea constante y demandante. Los operativos como este son solo una muestra de los esfuerzos diarios que se hacen para mantener cierto orden, aunque la presión migratoria sea persistente y a veces parezca incontrolable. Requiere de un viaje de recursos humanos y materiales que el Estado dominicano tiene que invertir.

El gobierno dominicano ha mantenido una postura firme, dejando claro que la política migratoria es una prioridad nacional. Estos operativos frecuentes no son una vaina aislada, sino parte de una estrategia constante para desalentar la entrada y permanencia irregular de extranjeros. Aunque siempre hay voces que claman por más control, y otras que defienden los derechos de los migrantes, la verdad es que el país busca un equilibrio que le permita manejar la situación sin que se le escape de las manos.

En el coro de la opinión pública dominicana, este tema es de los que más chispa prende. Hay un sentir generalizado de que hay que proteger lo nuestro y que la indocumentación crea un sinnúmero de problemas, desde la sobrecarga de servicios públicos hasta desafíos de seguridad. Por eso, cuando salen noticias como esta, donde la DGM demuestra que está ‘alante’ y haciendo su trabajo, la gente se siente como más tranquila, porque ven que la vaina se está tomando en serio. Es un reflejo de que el país está dando la batalla para organizar su casa.

Así que, mi gente, la cosa está clara: Migración sigue ‘dándole candela’ a la indocumentación. Es una labor sin fin en un contexto geopolítico bien complicado, pero que se sigue abordando con la firmeza que, asegún las autoridades, la situación demanda para proteger la soberanía y la estabilidad de la República Dominicana. ¡Y así es que se resuelve el pleito!

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