¡Klk, mi gente! Aquí en la República Dominicana, la vaina de la corrupción siempre ha sido un tema candente, ¿verdad? Pero, asegún el doctor Franklin García Fermín, exministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) y exrector de la UASD, el país está viviendo un momento histórico. Él asegura que estamos en el período de mayor compromiso institucional para combatir la corrupción de las últimas décadas. Y, de verdad, la gente se pregunta si esta vez la cosa va en serio contra todo ese corrupto tigueraje que tanto daño le ha hecho a nuestra patria.
García Fermín no se anda con chercha y dice que la administración actual ha dado luz verde para que el Ministerio Público y los órganos de control actúen con independencia. ¡Imagínense ustedes! Sin que nadie meta la mano, sin protección a ningún funcionario, ¡sin importar quién sea! Eso es un cambio radical, porque si echamos la vista atrás, la historia nos cuenta otra vaina bien distinta. Antes, era normal que los expedientes se quedaran engavetados, que nadie rindiera cuentas y que la impunidad fuera la nota predominante en este coro.
Recordemos esos tiempos donde las denuncias de actos de corrupción parecían desaparecer como por arte de magia. Había un sinnúmero de casos que la gente comentaba en las guaguas, en los colmados, pero que al final se quedaban en el aire, sin que nadie pagara. Esa cultura del “esto no es na'” o del “déjalo así, que eso se enfría” alimentó una percepción de que los de arriba eran intocables. La desconfianza en las instituciones era un sentimiento generalizado, y el pueblo dominicano, aunque de naturaleza alegre, estaba harto de ver cómo la riqueza del país se esfumaba por el caño de la mala administración y la deshonestidad.
Ahora, García Fermín le tira la bola a la oposición, diciendo que es incoherente que vengan a darse golpes de pecho como paladines de la transparencia. ¡Qué vaina esa! ¿Dónde estaban ellos cuando les tocó gobernar? ¿Qué acciones firmes y estructurales implementaron para combatir la corrupción administrativa? El pueblo dominicano no es pariguayo; sabemos lo que pasó y lo que no pasó. Lo que necesitamos no son discursos de coro, sino coherencia histórica, que demuestren con hechos lo que predicaron. Es como decir: “A ver, mi hermano, enséñame los resultados de cuando tú tenías la batuta”.
La diferencia sustancial, según el exministro, es que ahora las denuncias no se archivan ni se diluyen con el tiempo. ¡Para nada! Ahora se investigan y se someten a los tribunales competentes, aunque los involucrados sean gente vinculada al partido oficial. Y eso, mi hermano, eso es un palo, es un gran paso de avance. Porque al final del día, la justicia debe ser ciega para todos, sin importar colores políticos ni rangos sociales. Si la vaina está mal hecha, se paga. Y punto.
Este compromiso institucional es un reflejo de una sociedad que ha madurado y que demanda una mayor rendición de cuentas. Ya no estamos en los tiempos donde cualquier chercha o un “coro” político podía tapar las irregularidades. Los dominicanos, a través de la sociedad civil, los medios de comunicación y la participación ciudadana, estamos exigiendo transparencia y consecuencias para los que meten la mano en la lata. Es un proceso que debemos defender con uñas y dientes frente a cualquier intento de desinformación o manipulación política, porque lo que está en juego es la credibilidad de nuestras instituciones y el futuro de nuestra nación.
La institucionalidad democrática se fortalece cuando sus pilares, como la justicia y la rendición de cuentas, operan sin ataduras. Un Ministerio Público independiente, jueces que actúan según la ley y no por intereses externos, y órganos de control con dientes para fiscalizar, son la clave para que la República Dominicana siga avanzando. Esto no es solo una cuestión de perseguir a los corruptos; es también de prevenir que la corrupción se arraigue, estableciendo sistemas más robustos, transparentes y menos susceptibles a las tentaciones del tigueraje. Es un trabajo continuo, un viaje que apenas comienza, pero con un horizonte esperanzador.
El desafío, como bien apunta García Fermín, es que la oposición asuma un rol responsable. Que cuando hagan acusaciones, aporten pruebas concretas y no se queden en pura bulla. Porque al final, la construcción de un país más justo y transparente es tarea de todos. Dejar de lado el “dime y direte” y enfocarse en fortalecer nuestra institucionalidad democrática, en vez de generar confusión, es el camino. Esto es un compromiso de nación, no un juego político de bandos. ¡Ya está bueno de chercha y de buscarle los cinco pies al gato! Es hora de trabajar juntos por una República Dominicana más bacana, donde la honradez y la transparencia sean la norma, no la excepción. Este es el momento de construir un legado de institucionalidad que las futuras generaciones puedan decir: “¡Esta vaina sí se hizo bien!”.
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