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¡Ojo al Cristo! Peligros en la Línea 2C del Metro, según Fuerza del Pueblo

¡Mi gente, pónganse las pilas que esto está de candela! La Secretaría de Obras del Partido Fuerza del Pueblo ha puesto el grito en el cielo, advirtiendo con un sonoro ¡Ojo al Cristo! sobre los riesgos que podría acarrear la puesta en marcha de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo. ¿La vaina? Asegún ellos, si se inaugura sin una auditoría técnica bien hecha y sin tener todos los sistemas de señalización y control operando al cien por ciento, la seguridad de los pasajeros podría estar comprometida. Y mira que hablamos de un tema bien delicado, donde la vida de la gente es lo más importante.

Esta gente de la Fuerza del Pueblo no se ha quedado callada, y es que la noticia de que el presidente Luis Abinader planea inaugurar este tramo el próximo 24 de febrero los tiene con los pelos de punta. Para ellos, es inaceptable que una obra de tal envergadura, que mueve a un viaje de dominicanos cada día, se eche a andar a la carrera, sin las debidas revisiones y certificaciones que garanticen que todo está de lo más bien. La seguridad en un sistema de transporte masivo como el Metro no es un juego de tigueres, es una responsabilidad que va más allá de cualquier afán por cortar cintas.

El Metro de Santo Domingo, desde su inauguración en 2009 con la Línea 1, ha sido una bendición, una solución jevi para el caos del tránsito en la capital. Ha transformado la movilidad de miles de dominicanos, especialmente de los que se dan su guagua del patio para llegar a sus trabajos y hogares. Las ampliaciones, como esta Línea 2C, buscan precisamente extender ese beneficio, conectando más barrios y descomprimiendo las principales arterias de la ciudad que a veces parecen un campo de batalla de vehículos.

La Línea 2C, que extenderá la Línea 2 hasta Los Alcarrizos, es un proyecto ambicioso y esperado por la gente de esa zona. Imaginemos el alivio de poder ir desde Los Alcarrizos hasta el kilómetro 9 de la autopista Duarte en un “plis-plas”, sin el estrés del tapón y con la comodidad que ofrece el Metro. Es una promesa de desarrollo, de mejor calidad de vida para un sector populoso que anhela un transporte eficiente y seguro. Pero esa promesa, para que sea bacana de verdad, debe venir acompañada de todas las garantías.

La preocupación de Fuerza del Pueblo se centra en dos pilares fundamentales: la auditoría técnica independiente y el sistema completo de señalización. No es una vaina menor. Una auditoría externa, con ojos imparciales, puede identificar cualquier fallo estructural, eléctrico o de diseño que quizás se haya pasado por alto en la construcción. Es como tener un segundo par de ojos, que no están comprometidos con los plazos ni los presupuestos, sino solo con la calidad y la seguridad.

Y la señalización, klk con eso? Pues mira, en un sistema de metro, los trenes se mueven a velocidades considerables y con poca distancia entre sí. Sin un sistema de señalización y control de tráfico ferroviario robusto y totalmente funcional, el riesgo de colisiones o descarrilamientos aumenta un viaje. Estos sistemas son los que le dicen al tren cuándo acelerar, cuándo frenar, dónde detenerse y cómo mantener una distancia segura de otros convoyes. Son el cerebro y los ojos de la operación.

Asegún ha trascendido, el presidente Abinader ha reiterado su intención de inaugurar la obra en la fecha pautada, lo que para muchos significa un hito importante en la gestión gubernamental. Sin embargo, en el juego de la política y las obras públicas, a veces la prisa puede ser enemiga de la perfección y, en este caso, de la seguridad. Es entendible el deseo de entregar una obra que se percibe como progreso, pero ese progreso no puede venir a costa de la tranquilidad de los usuarios.

Pensemos por un momento en las implicaciones de un accidente en el Metro. No solo sería una tragedia humana incalculable, sino que también generaría un golpe demoledor a la confianza pública en el sistema de transporte y en las instituciones que lo gestionan. Sería un atraso tremendo, una mancha que tardaría un largo tiempo en borrarse. Por eso, el llamado a la prudencia y a la rigurosidad técnica no es solo un capricho político, es un acto de responsabilidad ciudadana.

El Metro de Santo Domingo ha sido, hasta ahora, un ejemplo de eficiencia y seguridad en la región. Mantiene un récord envidiable de cero accidentes mayores desde su inicio, y eso es algo que debemos cuidar con uñas y dientes. Cada expansión, cada nueva línea, debe mantener ese estándar de oro. No es cuestión de si se ve bonito o si cumple con el calendario, sino de si opera con la máxima fiabilidad posible.

Desde la perspectiva de la infraestructura ferroviaria global, hay un sinnúmero de ejemplos que demuestran la importancia de no saltarse pasos en la fase de pruebas y certificación. Los sistemas ferroviarios son complejos, y cualquier mínima falla puede tener consecuencias catastróficas. Es por eso que en países con metros bien desarrollados, estas etapas previas a la operación comercial son largas y rigurosas, involucrando simulaciones, pruebas con trenes vacíos y con carga, y verificaciones exhaustivas de cada componente.

En nuestro patio, la gente ya está acostumbrada a que el Metro funcione de primera. Ven en él una alternativa segura y rápida a las congestionadas calles, y confían plenamente en su operación. Romper esa confianza por una inauguración apresurada sería un disparate mayúsculo. La Línea 2C tiene el potencial de ser otro gran paso adelante para la movilidad dominicana, pero debe ser un paso firme y seguro.

La Fuerza del Pueblo, en su rol de partido de oposición, está ejerciendo una función vital en una democracia: la de contrapeso. Es su deber alertar sobre posibles irregularidades o riesgos en la gestión pública, y más cuando se trata de una obra de esta magnitud y con el impacto que tiene en la vida diaria de miles de dominicanos. No se trata de poner trabas al progreso, sino de asegurar que el progreso se haga bien, sin “ñáñara” de por medio.

En fin, la vaina es que la seguridad de los usuarios del Metro de Santo Domingo no es negociable. La Línea 2C es una obra importante, sí, pero su inauguración debe estar supeditada al cumplimiento estricto de todos los protocolos de seguridad. Una auditoría independiente y un sistema de señalización completo no son un lujo, son una necesidad imperante. ¡Que nadie se haga el loco con esto!

El pueblo dominicano merece un servicio de transporte público no solo eficiente, sino también impecablemente seguro. Esperemos que las autoridades tomen en cuenta estas advertencias y que la Línea 2C del Metro se ponga en funcionamiento solo cuando todos los puntos estén bien atados y verificados. Así, todos podremos viajar tranquilos, sabiendo que estamos en buenas manos y que el progreso se construyó sobre bases sólidas.

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