El veterano periodista Ricardo Nieves ha soltado el grito al cielo, denunciando una situación que, la verdad sea dicha, es una verdadera vaina con los pensionados de Falconbridge Dominicana (Falcondo). Imagínense ustedes, cerca de 90 de estos envejecientes, que dieron su vida y su salud en la mina, ahora se encuentran desamparados, sin recibir sus pagos y, lo que es peor, sin seguro médico. Esto no es de ahora; es un klk que viene arrastrándose, y aunque hubo promesas y acuerdos el año pasado, ¡estamos en las mismas!
La historia de los pensionados Falcondo es un reflejo de los desafíos que enfrentan muchos trabajadores que dedican décadas a industrias de alto impacto. La minería, como bien señala Nieves, es uno de los trabajos más extenuantes y perjudiciales para la salud. Aquellos que agotaron sus fuerzas productivas en los socavones y bajo el sol de la minera, ahora en su senectud, deberían estar de lo más bien, disfrutando de un retiro digno y con sus derechos asegurados. Pero, ¡qué va! La realidad es otra, y la falta de cobertura médica para gente mayor con achaques es una cosa que no tiene madre.
Falcondo, una empresa con una trayectoria larga en el país, ha sido un pilar económico para Monseñor Nouel, pero también ha dejado una estela de pasivos ambientales y sociales. Ricardo Nieves, con la pasión que lo caracteriza, ha sido una voz constante en la lucha por los derechos de estos trabajadores, recordando cómo la empresa ha dejado “lomas peladas y ríos que tapó”. Estos legados, tanto ecológicos como humanos, recaen sobre la provincia y el Estado dominicano, quienes a menudo tienen que cargar con las consecuencias de decisiones corporativas.
Recordemos que, tras el cierre de operaciones en 2023, la situación se puso jevi para un viaje de empleados y pensionados. Se les quitó el seguro médico, un derecho adquirido que para un envejeciente es crucial, y quedaron en el aire, sin saber qué hacer. Aunque hubo movimientos y protestas en 2024, que llevaron a que el gobierno de Abinader interviniera, declarando de utilidad pública algunos terrenos y logrando acuerdos para saldar pagos y reactivar seguros, parece que la vaina no se ha resuelto del todo. Es como dice el dicho: “pa’ arriba y pa’ abajo, el gato sigue siendo pardo.”
La recurrente problemática evidencia una falta de seguimiento o quizás la fragilidad de los acuerdos previos. No es posible que, de una vez, se llegue a soluciones y luego los afectados vuelvan a estar en la misma precariedad. Estos 90 pensionados no están pidiendo un lujo; están exigiendo lo que les toca por ley y por justicia después de una vida de trabajo arduo. Las autoridades competentes y la propia empresa tienen la responsabilidad moral y legal de garantizar que estos ciudadanos puedan vivir sus últimos años con la tranquilidad que se han ganado con el sudor de su frente. Es hora de que el tigueraje de los derechos laborales se imponga sobre cualquier otra consideración.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




