Puertas abiertas a la naturaleza en Jarabacoa

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El clima, sus paisajes y su gente hacen de Jarabacoa un lugar especial para los visitantes. Milena Herazo
Los jarabacoenses se caracterizan por su hospitalidad y humildad en el trato con los visitantes

Al llegar a Jarabacoa, un hermoso territorio de la provincia La Vega, lo primero que pude apreciar fueron los negocios de arepa de maíz de Alonza, Ana, Juliana, Aracelis, Rosa, Rafaela, Brenda, Tomasina y Yube, solo citando algunos nombres de estos pequeños emprendimientos que sustentan a las familias del lugar.

Mientras recorría la carretera Panorámica, disfrutaba de un paisaje privilegiado por su verdor, hermosas vistas, olor a madera y una temperatura de 26.5 grados centígrados; me llamaban la atención los nombres de sus calles: Anacagüita, Los Mangos, Las Palmas, Las Araucarias, Ébano Verde…

El primer destino a visitar fue el Salto Baiguate, cuyo sendero a pies se recorre en diez minutos y es de fácil recorrido, luego se accede al área de la cascada donde se puede tomar un refrescante baño proveniente de un tubo con agua cristalina y de la piscina de agua natural que se forma de la cascada, lugares donde el bañista no presenta riesgos. Personal del Ministerio de Turismo dan la bienvenida al lugar, hay cómodos parqueos y el área es monitoreada a través de cámaras de seguridad.

Posterior a este momento, la ciudad de la eterna primavera se engrandece con el sector del Parque Nacional Armando Bermúdez, Manabao, La Ciénaga. Dependiendo donde se encuentre la persona encontrará letreros de alquileres de 4 wheel y buggies para disfrutar de los paisajes.

Bajando de Manabao se observa un paisaje con ganado, camiones que bajan repletos de tayotas, curvas en la carretera, rosas, girasoles, montañas cultivadas y de hermosas vistas; hay letreros de cero tolerancia a la contaminación acústica e indicaciones de advertencia de que solo se puede sacar la basura los días sábados.

En la zona me detuve a apreciar el balneario La Cortina, un chorro de aguas cristalinas que desemboca en una piscina de agua fría, donde fuimos atendidos por Estefany Ureña, con dos hijas Garlin y Marlyng Capellán, quien narró que desde hace 22 años vive del negocio que legó de su esposo Máximo Capellán.
“La Cortina nace a 700 metros de donde la vez, es limpia, no hay nada que la contamine arriba, no hay viviendas; se puede tomar esa agua, de hecho aquí la tomamos y la aprovechamos para generar la luz a través de una hidroeléctrica”, expresó Ureña, nativa del sector Los Calabazos.

Instantes más tarde, me encontré a Garlin quien cada día siente orgullo de su madre, su ejemplo principal, porque le ha enseñado a trabajar. “La vida nos cambió con la muerte de mi padre quien hace 10 meses murió por un infarto. Decidimos seguir su legado porque él nos enseñó a trabajar y a creer en la familia”, dijo la joven amante de la paz, el aire natural y la tranquilidad de Jarabacoa.

En esta parada se puede comer carnita salada, longaniza, chuleta, guinea, pollo frito o criollo, pescado, filete de mero, locrio de chuleta; dulces de coco y leche. Ya avanzadas las horas, visité el parque La Confluencia, justo donde se unen los ríos Jimenoa y Yaque del Norte, un lugar donde aparte de ver estas aguas fluir, se puede pasear a caballo, hacer picnics y reuniones en familia; los niños pueden divertirse en los juegos. Esta área recreativa fue renovada e inaugurada el 10 de julio de 2021 por el presidente Luis Abinader y el ministro de Turismo, David Collado.

Finalicé el día en un local llamado Serie 50, ubicado en la zona de La Confluencia y donde fui recibida por Miky Disla, su propietario, quien me explicó que el lugar se llama así por la nomenclatura que identifica al ciudadano de equis territorio.