¡Qué ‘bacano’! El Son en Santiago: Una Tradición que Sigue Dando Pie a la Cultura

¡Qué chulo! Santiago de los Caballeros, esa tierra donde la historia y el ritmo se dan la mano, sigue siendo un bastión para el son, una verdadera joya cultural dominicana. Desde principios del siglo XX, en barrios como La Joya y Baracoa, este género comenzó a echar raíces, convirtiéndose en parte intrínseca de la identidad cibaeña. Apegados a la documentación que resguarda el arquitecto Fausto Enrique Domínguez, mejor conocido en el patio como Kiwa, en su afamado Museo del Son, la presencia cubana fue clave en esta expansión, marcando un antes y un después en el devenir musical de la región. El Son en Santiago no es solo música, es la banda sonora de la memoria colectiva, un hilo conductor que conecta generaciones.

La tradición sonera en Santiago va más allá de un simple baile; es una ‘vaina’ que se ha heredado de padres a hijos, un latido que mantiene viva la esencia de sus comunidades. Los encuentros soneros, que proliferan cada fin de semana, son la muestra más clara de que este ritmo se niega a morir. Según lo que nos comparte Kiwa, la expansión del son en la isla está ligada de una manera ‘jevi’ a los intercambios culturales con Cuba, en especial con Santiago de Cuba, ciudad a la que se le atribuye un rol esencial en el nacimiento y desarrollo de este género que tanto nos apasiona.

El vínculo histórico entre ambas Santiagos subraya la profundidad de esta expresión artística. No es casualidad que la ciudad cibaeña albergue tantos espacios dedicados al son, lo que, según sus defensores, la convierte en un referente ineludible a nivel nacional. La presencia constante de estas reuniones y la entrega de sus participantes son el testamento de que la llama sonera sigue más viva que nunca, digna de ser reconocida por su estrecha relación con el género.

En el corazón de esta preservación cultural se encuentra el Museo del Son, una iniciativa del arquitecto Kiwa que ofrece un viaje fascinante por la historia del género. Este espacio no solo conecta a Santiago con sus raíces musicales, sino que también funge como un archivo vital, conservando fotografías antiguas, documentos históricos y testimonios orales. Es un lugar donde las nuevas generaciones pueden sumergirse en la riqueza de esta tradición y comprender su impacto en la sociedad dominicana.

Pero el son no se limita a las paredes del museo; ¡para nada! Kiwa mismo identifica una serie de ‘coros’ que congregan a bailadores y aficionados por toda la ciudad. Desde el Son de Kiwa hasta el Son de Camboya, el Son de Gurabo, el Son de Keka, el Son de La Barranquita, y el popular encuentro de Cienfuegos en el parque San Lorenzo, Santiago se transforma en un verdadero escenario vibrante cada sábado y domingo. Estas actividades son un testimonio del ‘tigueraje’ cultural que se vive en los barrios, donde la música es el pretexto perfecto para la convivencia y la sana diversión.

Estos encuentros soneros representan mucho más que una sesión de baile. Son plataformas donde se comparten historias de vida, se fortalecen los lazos vecinales y se asegura la continuidad de una tradición que se nutre directamente de la participación popular. Es un ambiente ‘bacano’ donde gente de todas las edades se mezcla, aprendiendo unos de otros y manteniendo viva una práctica que es pilar de la identidad santiaguera. La esencia de estos ‘junte’ es la comunidad misma, tejiendo lazos invisibles pero fuertes al compás del son.

Según la percepción de Kiwa, la gran cantidad de personas que se dan cita en estas actividades es una señal inconfundible del arraigo que tiene el son en Santiago. Para él, esto demuestra el enorme potencial del género para enriquecer la oferta cultural y turística de la ciudad, proyectándola como un destino vibrante y auténtico. ¡Imagínate un viaje de turistas disfrutando de esta ‘chercha’ cultural!

Sin embargo, a pesar de este fervor popular, el promotor cultural lamenta la falta de un mayor respaldo institucional que permita a esta tradición alcanzar una proyección más consistente. Aunque el Museo del Son ya ha recibido visitantes de todas partes del mundo, la aspiración es convertirlo en una parada obligatoria en las rutas de turismo cultural, ofreciendo recorridos guiados, demostraciones de baile y materiales didácticos de manera regular.

Es por ello que Kiwa lanza un llamado vehemente al Ministerio de Cultura, al Ministerio de Turismo y a los ayuntamientos de la región. Su mensaje es claro: es crucial un mayor apoyo para la conservación y promoción de estos espacios y actividades. Una colaboración interinstitucional, asegura, fortalecería el museo, organizaría visitas educativas y difundiría la rica historia del son, garantizando mejores oportunidades para aquellos que, con pasión y esfuerzo, sostienen esta tradición. Reconocer a Santiago como una ciudad profundamente ligada al son implica, de paso, proteger los lugares, las memorias y las comunidades que le dan vida.

El desafío que tenemos por delante es asegurar que este valioso legado cultural no quede únicamente en manos de los promotores o del público. La visión es que el son de Santiago encuentre un respaldo institucional sólido que garantice su continuidad para las próximas generaciones, porque, a fin de cuentas, esta ‘vaina’ es parte de lo que somos.

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