¡Qué ‘tigueraje’! ¿Quién diría que el fracaso también tiene su propio salón de la fama? Pues, señores, en Europa, específicamente en la fría Oslo, Noruega, ha surgido una iniciativa de lo más ‘chula’: el FLOP Museum. Este espacio no celebra los grandes éxitos tecnológicos ni las obras maestras que rompieron los esquemas, ¡qué va! Se dedica a exaltar los ‘productos que no pegaron’, esas ideas que prometieron el oro y el moro, pero que al final se quedaron en la chercha del camino. Detrás de esta peculiar propuesta está Steffen Kalve, un reconocido antiguo empleado de Google, quien, según el reporte, se tiró esa ‘vaina’ de proyecto en 2025, demostrando que hasta de los errores se puede sacar un buen provecho y hasta un museo bacano.
Desde el 15 de abril de 2026, el FLOP Museum tiene su sede bien plantada en la capital noruega. Acoge un viaje de objetos que, por una razón u otra, no lograron conectar con la gente o simplemente no cuajaron en el mercado. Es una colección que sorprende por su magnitud, con más de 270 piezas en su inventario y alrededor de 100 de ellas expuestas de forma simultánea. La noticia nos adelanta que esta etapa en Oslo es temporal, pues el museo estará allí este otoño y luego, como el ‘tigueraje’ que migra, los objetos saldrán ‘pal’ mundo, aunque el próximo destino no se ha detallado aún. Es una oportunidad única para ver de cerca todo ese ‘bacalao’ de inventos que se quedaron en la orilla, recordándonos que no todo lo que brilla es oro.
Adentrarse en las salas del FLOP Museum es como hacer un viaje en el tiempo, pero a través de los tropiezos de la innovación. Entre las joyas del fracaso tecnológico se encuentra, por ejemplo, el famoso Google Glass. ¿Quién no recuerda esa vaina? La idea de llevar una cámara y una pantalla con información digital directamente a nuestros ojos parecía de ciencia ficción, ¡e’ verdad! Pero, según los reportes, su precio por las nubes, las preocupaciones de privacidad y la falta de una utilidad clara entre los consumidores, hicieron que ese proyecto no despegara. Google, según la noticia, intentó redirigirlo al mercado empresarial antes de dejar de vender la Glass Enterprise Edition en 2023, pero ya la suerte estaba echada.
Otro ‘cuero’ tecnológico con espacio aquí es el MiniDisc de Sony. Concebido en los noventa para reemplazar al cassette, tuvo su momento de gloria en Japón, pero globalmente no logró imponerse como Sony esperaba. Aún con el ingenio de Sony, su elevado precio inicial y, más tarde, el boom de los reproductores MP3 y el mismísimo iPod, lo dejaron en la cuneta. Y no podemos olvidar a My Friend Cayla, la muñeca que prometía interactuar con los niños vía Bluetooth. Sin embargo, una investigación del Norwegian Consumer Council destapó graves problemas de seguridad y privacidad, llevando a Alemania a considerarla un dispositivo de vigilancia ilegal. ¡Qué ‘disparate’! Esa vaina estaba ‘pasá’.
Pero el museo no se queda solo en la tecnología; también hay un ‘coro’ de productos de otras categorías. Desde la Crystal Pepsi, una cola transparente de los noventa que no duró ni un merengue, hasta la máscara facial Rejuvenique, que usaba electrodos para dar descargas eléctricas en la cara con promesas de belleza, ¡había que tener ‘valor’ para usar eso! Incluso productos como Red Bull Cola y McAfrika están presentes, no solo por el producto en sí, sino por decisiones de marketing y comunicación que, al final del día, les salieron por la culata, dejando claro que hasta las marcas más grandes pueden meter la pata ‘de una vez’.
El FLOP Museum no solo exhibe; también invita a la reflexión. El propio museo, según el reporte, plantea que hay varias razones por las que un producto fracasa: ideas que llegan demasiado pronto, falta de conexión con clientes o decisiones previas al lanzamiento desacertadas. Este espacio ‘bacano’ nos enseña que equivocarse no es malo ‘per se’, ni una garantía de innovación. Lo importante es entender el ‘porqué’ del error y, a partir de ahí, buscar hacer las cosas diferentes. Es como dicen por ahí: ‘nadie nace sabiendo’, y para aprender, a veces hay que caerse y levantarse un par de veces, pero con la mente clara para no repetir la misma ‘vaina’. La experiencia del fundador, con su paso por Google, refuerza esta visión de aprender de los ‘flops’ para un futuro de más aciertos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




