La desaparición del pequeño Roldanis Calderón en Jarabacoa sigue siendo una ‘vaina’ que tiene a todo el país con el alma en un hilo. Desde el pasado 30 de marzo de 2025, no se sabe nada del niño de apenas tres años, y ahora, el abogado de la familia, Jaime Cabral, ha encendido todas las alarmas. Asegún el jurista, el caso podría estar vinculado a una compleja Red de Trata de personas con tentáculos internacionales, una revelación que deja a cualquiera con la boca abierta. La situación es de las que te ponen los pelos de punta, y la angustia de sus padres, Carolina Vargas y Efraín Calderón, se siente hasta en el aire.
Cabral no está hablando por hablar; el hombre ha depositado ante la Procuraduría Especializada contra el Tráfico Ilícito de Migrantes y Trata de Personas un viaje de evidencias. Estamos hablando de pruebas, teléfonos, documentos e informaciones concretas que, a su entender, apuntan a una organización criminal que opera con gente de diversas nacionalidades. Es decir, no es un tigueraje de un solo barrio, sino algo que ya trasciende nuestras fronteras. La magnitud de esta denuncia debería tener a las autoridades trabajando de una vez, pero, según él, la respuesta oficial brilla por su ausencia, lo que ya es una preocupación grande, klk.
Lo más bacano y a la vez lo más espeluznante de esta historia es que una de las personas señaladas dentro de esta supuesta estructura ya fue condenada en Cuba por delitos relacionados con la trata de personas. ¡Imagínate tú! Eso no es un chiste; eso le da peso a la denuncia y sugiere que el alcance de esta red es serio y que no está jugando chercha. Esta información, de por sí, debería ser suficiente para que se active un protocolo robusto y coordinado entre distintas instancias de seguridad, para desmantelar esta ‘vaina’ de raíz y proteger a nuestros niños de un destino incierto.
Pero la trama no termina ahí. El abogado Cabral también ha soltado una ‘bomba’ más: algunas de las personas que estaban cerca del menor el día de su desaparición, y que eran sospechosas desde el principio, han salido del país como si nada. Esto es un relajo, una falta de seriedad en la investigación que grita a los cuatro vientos. ¿Cómo es posible que con una situación tan delicada, gente que debió estar bajo el ojo de las autoridades, haya tenido la libertad de volar? Esa es una pregunta que mucha gente se hace en el patio, y que necesita una respuesta clara y urgente.
Ante la percepción de que en la República Dominicana la cosa no está fluyendo como debe, la familia de Roldanis ha decidido tomar el toro por los cuernos y buscar justicia a nivel internacional. Han iniciado diligencias legales en Estados Unidos, porque, según ellos, aquí ‘no se está avanzando’ lo suficiente. Esto es un grito de auxilio y a la vez una señal de desesperación que debería avergonzar a nuestras instituciones. Cuando una familia siente que su única esperanza está fuera de su tierra, es que algo fundamental no está funcionando bien en el sistema de justicia y protección infantil.
La desaparición de un niño es una tragedia que nos toca a todos como sociedad. Los padres, Carolina y Efraín, no se cansan de rogar a las autoridades que se pongan las pilas, especialmente en esta línea tan delicada de la trata de personas. Es hora de que se demuestre que el estado dominicano está de lo más bien preparado para enfrentar este tipo de crímenes, y que no dejaremos que nuestros pequeños sean víctimas de ‘tigueres’ sin escrúpulos. La comunidad espera respuestas, y la esperanza es que Roldanis Calderón regrese sano y salvo al calor de su hogar.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



