¡Mi gente, la vaina está fea! La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) nos ha dejado con la boca abierta al anunciar que el vital Acueducto Barrera de Salinidad, que surte a una buena parte de Santo Domingo Este, ha tenido que ser sacado de servicio. ¿La razón? Un ‘viaje’ de basura acumulado en la obra de toma, una situación que, para ser sinceros, se ha vuelto un dolor de cabeza constante en nuestro país. Troncos, plásticos, botellas, foam y un sinfín de desperdicios han formado un tapón de los buenos, impidiendo la captación del agua.
El Ozama, fuente principal de este acueducto ubicado en El Naranjo, San Luis, es tristemente conocido por el alto nivel de contaminación que arrastra, especialmente después de lluvias o por la irresponsabilidad de algunos que lo usan como basurero personal. Esta vez, el ‘tigueraje’ de la basura superó los límites, obligando a un operativo de emergencia con equipos pesados y hasta buzos para retirar la inmensa cantidad de desechos que amenazaban con dañar los modernos equipos de la planta. Es una realidad que nos golpea directamente: la falta de conciencia ambiental de unos pocos termina afectando a ‘el pueblo’ entero.
Este acueducto, cuyo nombre ‘Barrera de Salinidad’ no es de adorno, fue concebido con una ingeniería bien ‘jevi’ para contrarrestar un problema complejo: la intrusión salina. Al estar su obra de toma por debajo del nivel medio del mar, el agua salada del Caribe tiende a mezclarse con el agua dulce del río. Por eso se construyó un dique, para elevar el nivel del agua y asegurar que lo que llegue a nuestros hogares sea apta para el consumo. Es una infraestructura clave que garantiza la calidad del agua a miles de familias, y su suspensión, por más breve que sea, es un ‘golpe bajo’ para la rutina de muchos.
Mientras el director de la CAASD, Fellito Suberví, se puso ‘alante’ supervisando los trabajos para que el servicio se restableciera ‘de una vez’ y la gente no pasara mucho trabajo, es importante reflexionar sobre lo que significa esta interrupción. No es solo la molestia de no tener agua por unas horas, es un recordatorio crudo de la fragilidad de nuestros sistemas cuando no cuidamos el entorno. ¿Cómo es posible que una obra tan significativa, resultado de una inversión considerable, se vea comprometida por una situación que se podría evitar con un poquito de conciencia ciudadana y mejores sistemas de gestión de residuos?
Esta ‘vaina’ de la Barrera de Salinidad es un llamado de atención para todos. No podemos depender solo de la CAASD y sus equipos para limpiar nuestros ríos. La solución a largo plazo pasa por un cambio de mentalidad, por entender que nuestros ríos no son vertederos. Es necesario educar, crear campañas de concienciación ‘bacanas’ y aplicar las leyes medioambientales con firmeza. Porque al final del día, el agua que viene del Ozama es la misma que usamos para bañarnos, cocinar y vivir. Cuidar nuestros recursos naturales es cuidar nuestra salud y nuestro futuro, ¡así que pónganse en eso, mi gente!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



