¡Mi gente, la cosa se pone cada día más ‘apechá’! Un residente del Residencial San Isidro Labrador está viviendo un verdadero calvario con EDEESTE, denunciando una Facturación Excesiva que ha disparado su gasto eléctrico de unos 1,800 a la barbaridad de 12,000 pesos mensuales. Lo más ‘heavy’ del asunto es que el hombre asegura que su casa pasa vacía la mayor parte del día. ¡Una vaina de locos, klk! Él atribuye este desmadre a un robo de energía que se estaría cocinando por el desorden en los paneles de los edificios L-14 y L-15, que están más abiertos que una nevera sin seguro, dando paso al ‘tigueraje’ para el fraude.
Esta situación no es nueva, y lamentablemente, es un cuento de nunca acabar en la República Dominicana. El ‘fraude eléctrico’ o robo de energía es un mal que afecta no solo a las distribuidoras, sino a todos los consumidores que sí pagamos nuestro servicio ‘de una vez’. Cuando hay irregularidades como estas, los costos se socializan y terminan impactando las tarifas de todos. La falta de seguridad en las instalaciones eléctricas, como los paneles sin candado ni supervisión, es un caldo de cultivo para que los vivianes se aprovechen y enganchen sin que les duela el bolsillo, mientras otros, como este señor, sufren las consecuencias.
La indignación del ciudadano es palpable. A pesar de haber reportado este abuso a EDEESTE y Protecom, la respuesta ha sido un silencio que ensordece. No han mandado una brigada, ni han movido un dedo para investigar. Esto es lo que pone a la gente ‘en olla’, sintiendo que los dejan a la buena de Dios y que tienen que pagar por un servicio que no consumen. Esta inacción no solo crea frustración, sino que también fomenta la desconfianza en las instituciones y en la capacidad del Estado para proteger al consumidor de este tipo de abusos.
Históricamente, las quejas por facturación irregular y el mal servicio de las empresas eléctricas han sido un ‘dolor de cabeza’ constante para los dominicanos. Basta con recordar las eternas discusiones sobre los ‘apagones’ o la dificultad para resolver un reclamo en las oficinas. Organismos como la Superintendencia de Electricidad (SIE) y Pro Consumidor deberían estar más ‘activos’ en estos casos, ejerciendo presión para que las distribuidoras cumplan con su deber y no dejen a los usuarios ‘en el aire’. La presión ciudadana y la denuncia pública son herramientas clave para mover el avispero y buscar soluciones efectivas.
Ante la desesperación, el afectado ha advertido que tomará medidas drásticas contra el medidor si las autoridades no actúan ‘de una vez por todas’. Este tipo de amenazas, aunque extremas, reflejan el hartazgo de una población que muchas veces siente que sus reclamos caen en saco roto. Es vital que EDEESTE y las demás entidades involucradas entiendan que su pasividad no solo es ineficiente, sino que puede escalar los conflictos a niveles innecesarios. Es un llamado a la acción para que se haga una inspección técnica como se debe y se ponga fin a este ‘abuso’ que tiene al señor ‘de mal humor’.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




