¡Qué vaina, mi gente! El sector empresarial dominicano está con la soga al cuello y, con to’ y to’, han alzado la voz, pidiendo a las autoridades que le den mente a una situación que, asegún ellos, está distorsionando el mercado: la creciente Competencia Desleal. Los empresarios, liderados por figuras como Ángelo Viro, presidente de la Asociación Nacional de Empresas e Industrias Herrera (ANEIH), no están haciendo bulto. Su preocupación es real y apunta directamente a ciertas prácticas de comercios de capital chino que, dicen, les están dando pa’ bajo a las empresas formales del patio.
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No se trata de estar en contra de la inversión extranjera, ¡ni pendeja! Aquí somos un país abierto, bacano y hospitalario, donde todo el mundo es bienvenido a invertir y a buscar la vuelta. El problema, mi hermano, es que las reglas del juego tienen que ser las mismas para todos. Viro lo dejó claro: \”Aquí todo el mundo es bienvenido a invertir y hacer negocios, pero respetando las leyes, pagando impuestos y cumpliendo con las normas de calidad\”. Y en eso es que, al parecer, se está cojeando, dejando a los negocios de aquí en una situación de desventaja que no es ni medio justa.
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Una de las principales quejas, y hay que darle mente a esto, es la calidad de los productos. ¡Un viaje de cosas! Imagínate que tú, dominicano trabajador, inviertes en un bombillo o en alguna herramienta para tu casa o tu negocio, y a las dos o tres semanas ya no sirve pa’ ná. Ángelo Viro puso el ejemplo de los bombillos y artículos de ferretería que se venden a precio de gallina flaca, pero que duran menos que un dulce en la puerta de una escuela. \”Muchas veces el consumidor compra un producto porque lo encuentra más barato, pero no se pregunta cuánto le va a durar\”, explicó Viro, y tiene razón, porque \”al final, lo barato sale caro\”. Es mejor gastar un poquito más en algo que tenga garantía y que no te deje con la vaina en la mano a las pocas semanas.
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Y si hablamos de construcción, la cosa se pone aún más jevi, en el mal sentido. ¿Te imaginas construir tu casa o un edificio con tuberías que no aguantan la presión o materiales que no cumplen con los estándares mínimos? ¡Ahí sí se arma la de San Quintín! Las empresas dominicanas invierten en laboratorios, en certificaciones, en darle seguimiento a la calidad de sus productos para que tú estés seguro. Pero si entra un viaje de material que no cumple con eso, y se vende a precio de vaca muerta, la seguridad de la gente, ¡klk!, ¿dónde queda? Es un riesgo que no podemos darnos el lujo de correr, ni por un chelito menos.
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Pero la vaina no es solo la calidad. Aquí hay un coro detrás con los impuestos y las regulaciones laborales. ¡Coge dato! Las empresas formales del país cumplen con el pago de impuestos, registran a sus empleados en la seguridad social, les pagan un salario digno (y hay que recordar que hace poco subió el salario mínimo, lo que implica más compromiso para el sector), y se ajustan a un viaje de regulaciones. Pero si hay otros comercios que se están burlando de eso, que no pagan lo que tienen que pagar, que traen mercancía evadiendo aduanas, ¿cómo compiten los negocios de aquí? ¡No se puede! \”Si una empresa no paga impuestos, evade controles aduanales o no registra a sus empleados en la seguridad social, evidentemente puede vender más barato. Pero eso no es competencia justa\”, dijo Viro, y esa es la pura verdad del asunto.
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Este tigueraje afecta directamente la economía del país. Las empresas formales son las que generan empleos estables, las que aportan al fisco para que el Estado pueda invertir en educación, salud e infraestructura. Si se les pone la cosa color de hormiga con una competencia desigual, el que pierde no es solo el empresario, sino toda la sociedad dominicana. Es un efecto dominó que no está para nada chulo.
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La expansión sin control de grandes establecimientos comerciales también es un dolor de cabeza. Antes, en los pueblos y barrios, los negocios medianos de la zona echaban pa’ lante a su gente. Ahora, con la llegada de tiendas gigantes que operan bajo condiciones dudosas, esos negocios de toda la vida se ven contra la pared. \”No es que estemos en contra de la competencia, pero debe ser en igualdad de condiciones. Si no se exige cumplimiento, muchas empresas dominicanas que hoy están en dificultad podrían quebrar\”, advirtió el presidente de ANEIH. Y si quiebran, ¿qué pasa con los empleados? ¿Qué pasa con las familias que dependen de esos negocios? Es un desastre, señores.
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La solución a esta vaina no es una sola, tiene que ser un coro de acciones. Por un lado, el Estado tiene que ponerse los pantalones, fortalecer las inspecciones, exigir las certificaciones de calidad y asegurar que todo el mundo cumpla con sus obligaciones tributarias y laborales. No se puede hacer la vista gorda. Y por el otro lado, nosotros, como consumidores, tenemos que darle mente a lo que compramos. Hay que evaluar más allá del precio, preguntarnos sobre la calidad, la garantía y el respaldo que tiene ese producto. Porque, al final del día, apoyar a las empresas dominicanas es apoyarnos a nosotros mismos, es ayudar a que la economía del país siga echa’ pa’ lante.
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Es un llamado a la conciencia, a la unidad y a la acción. Los empresarios dominicanos están hablando claro, y es hora de que todos, desde el gobierno hasta el ciudadano de a pie, nos fajemos en esta. La Competencia Desleal no es un juego, es una amenaza real que hay que coger por los cuernos para que el futuro de nuestros negocios y nuestra economía esté de lo más bien.
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