Ginebra, Suiza. – ¡Qué vaina con la vista! La vaina está de lo más feo en el mundo, asegurán los datos frescos que ha soltado la Organización Mundial de la Salud (OMS). A la mitad, sí, a la mitad de los 94 millones de personas que sufren de cataratas a nivel global, se les hace un ‘bulto’ operarse. Hablamos de una cirugía que, si bien es de lo más efectiva y económica en el sector salud, se ha convertido en un privilegio para muchos, dejándolos en la oscuridad, literal y figurativamente. Esto es un llamado de atención para los gobiernos, incluyendo el nuestro, para que le pongan el ojo y aceleren las medidas, porque la situación no es un chercha.
El estudio de la OMS, que ha puesto los números sobre la mesa, revela que la falta de chelitos, instalaciones adecuadas y, lo más importante, de cirujanos, es la que está dando palo a la gente que necesita **operarse de Cataratas**. Es una realidad que golpea más duro en las regiones en desarrollo, ¡imagínense en África! Allá, solo uno de cada cuatro afectados tiene la dicha de acceder a esta intervención que dura apenas 15 minutos y que puede devolverle el color y la claridad al mundo de una persona. Y aquí entre nos, esta situación de no poder acceder a servicios básicos de salud, aunque se trate de algo tan vital como la vista, es algo que vemos mucho en nuestro patio también, con nuestras propias particularidades, claro está.
La cosa se pone más complicada cuando se analiza la situación por género. La OMS ha subrayado que las mujeres, en muchos lugares, tienen menos acceso a estas cirugías que los hombres. Esto no es solo una cuestión de salud, sino de equidad social. Stuart Keel, el técnico responsable de la OMS para atención ocular, discapacidad visual y ceguera, detalló que de los 94 millones de afectados, unos 15 millones ya viven con ceguera y otros 17 millones con problemas de visión moderados o graves. Y no es solo la edad, que es el factor principal, sino también la exposición al sol; la gente que vive más cerca del Ecuador tiene más chance de sufrir de cataratas y otras dolencias oculares. ¡Ahí tenemos a nuestro Caribe dando cátedra de sol todo el año!
Las cataratas, para que estemos claros, se forman cuando el cristalino, que es como el lente natural del ojo, se pone opaco. Esto provoca una visión borrosa, deslumbramientos que son un relajo, y una dificultad que es un lío para distinguir los colores. Es como si uno anduviera con un vidrio empañado de por vida. Aunque la edad avanzada es el factor de riesgo número uno, hay otras vainas que también contribuyen: desde la exposición a los rayos solares UVB, que son unos cuantos, hasta condiciones como la diabetes, el vicio del tabaquismo y el uso de corticoides, que están presentes en muchos antiinflamatorios y la gente a veces los consume como si fueran caramelos.
En las últimas dos décadas, hemos avanzado algo, no se puede negar. La cobertura global de estas cirugías ha aumentado cerca de 15 puntos porcentuales. Sin embargo, la prevalencia de las cataratas sigue subiendo, especialmente porque la población mundial está envejeciendo, y eso es una realidad innegable. La OMS esperaba que para el 2030, la cobertura creciera otros 30 puntos porcentuales. Con el ritmo actual, solo se espera un aumento de 8.4 puntos, lo que significa que nos vamos a quedar cortos, bien cortos, de la meta. Eso es un corredero para la salud global, ¡un verdadero problema!
El estudio, publicado en la revista The Lancet Global Health, no es solo para dar números, es un correazo para que los países se pongan las pilas y aceleren las medidas de prevención y tratamiento. La agencia sanitaria de la ONU, en un movimiento bien pensado, va a publicar una guía para los Estados miembros con el objetivo de abordar esta problemática. ¿Qué proponen? Cosas que suenan lógicas, pero que requieren voluntad política y recursos: incluir exámenes oculares en la atención primaria, eso de cajón; y una mayor inversión en infraestructura quirúrgica básica, que es donde muchas veces cojeamos en nuestros países.
Pero, ¡ahí no se queda la cosa! Lo que muchos de nosotros sabemos de primera mano es que en un viaje de lugares, la gente tiene que pagar estas cirugías de su propio bolsillo. Y eso es algo que, a la larga, no está de lo más bien para la economía familiar. Por eso, Keel enfatizó la necesidad de que los gobiernos se organicen mejor para gestionar estos procedimientos, y que los incluyan en los seguros sociales. ¡Eso sería un palo para la gente! Porque tener que elegir entre comer o ver no debería ser una opción en pleno siglo XXI.
Otra pata que cojea es la distribución del personal oftalmológico. ¡Es que es un caso! La mayoría de los especialistas se concentran en las ciudades grandes, lo que deja a un montón de gente en zonas rurales o remotas sin un ‘arma’ para enfrentar la ceguera. La OMS aconseja una mejor distribución, porque la salud no debería ser un lujo que solo se encuentra en la capital o en los centros urbanos más grandes. Todos, sin importar dónde vivan o cuánto ganen, merecen tener la oportunidad de ver el mundo claro y nítido, sin esa nube que representan las cataratas.
Esta es una llamada de atención global que resuena con mucha fuerza en lugares como el nuestro. Las cataratas no son solo un problema de salud; son un obstáculo para el desarrollo, para la educación y para la calidad de vida. Es hora de que nuestros líderes y sistemas de salud hagan un coro para enfrentar esta vaina de frente, con soluciones integrales y accesibles para todos. No podemos permitir que millones sigan viviendo en la penumbra cuando hay una solución sencilla y efectiva al alcance de la mano.
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