¡Qué ‘vaina’ con los precios! El clamor por la justicia social desde la Catedral Primada

En un Viernes Santo que hizo eco en el corazón de muchos dominicanos, el Reverendo Diácono Juan Evangelista Rivas Morillo, desde la venerable Catedral Primada de América, soltó un ‘plomo’ que resonó como campana vieja. Asegún el diácono, la sexta palabra de Jesús, ‘Todo está consumado’, se transforma hoy en un espejo de la realidad dominicana, donde la sociedad se siente ‘consumada’ por un sinnúmero de males que nos tienen al borde del precipicio. No es un secreto para nadie que la subida sin freno de los combustibles y el costo de la canasta básica nos tienen a todos con la soga al cuello; ¡estos precios están de ‘matar gente’!

La reflexión de Rivas Morillo no fue un sermón cualquiera; fue un llamado de atención directo a las autoridades, a la ciudadanía y a todo el que le duela esta tierra. El ‘tigueraje’ de la delincuencia, que tiene a la gente ‘con el corazón en la boca’, y la impunidad que parece reírse de la justicia, son solo la punta del iceberg de una ‘vaina’ que se ha puesto color de hormiga brava. La violencia, especialmente los feminicidios que han triplicado sus cifras, la inseguridad ciudadana que no nos deja dormir tranquilos, y la corrupción que campea por sus respetos en las instituciones, son males que nos arropan y para los que se necesita una solución de una vez y por todas.

Pero la cosa no se queda ahí, mi gente. El tema del desempleo sigue siendo un dolor de cabeza para un viaje de familias que ven cómo los bajos salarios no dan ni para el pasaje de la ‘guagua’, mucho menos para llegar a fin de mes. A pesar de que los números macroeconómicos quieran pintar un panorama ‘chulo’ post-pandemia, la realidad de la gente de a pie es otra. La brecha entre los sistemas de salud y educación, que debieran ser pilares de desarrollo, sigue siendo un abismo que divide a los dominicanos, impidiendo un verdadero progreso equitativo y de calidad para todos.

El diácono trajo a colación el mensaje profundo de la muerte de Jesús, no como un castigo divino, sino como un acto de amor y redención para que los seres humanos pierdan el miedo a la muerte y abracen la promesa de la resurrección. Esta es una metáfora poderosa para la República Dominicana: necesitamos una ‘resurrección’ moral, social y económica. Una resurrección que ponga fin al ‘maltrato ecológico’ que está acabando con nuestros recursos naturales y que nos lleve a un sistema educativo y sanitario donde la equidad y la buena inversión no sean solo promesas de campaña.

Es hora de que las palabras del Papa Francisco, citadas por el diácono, tomen más fuerza en nuestro diario vivir: Jesús transformó la iniquidad en el más grande amor. Si aplicamos eso a nuestro contexto, significa transformar los problemas en oportunidades de mejora, la corrupción en transparencia y la impunidad en justicia. La esperanza es que, así como Jesús cumplió la voluntad del Padre, nuestras autoridades cumplan con la voluntad del pueblo, que lo que quiere es vivir en paz, con dignidad y con un futuro más ‘bacano’ para las próximas generaciones. La tarea es de todos, para que esa ‘resurrección’ no se quede en el sermón del Viernes Santo.

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