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¡Qué Vaina! Conato de Incendio en el Mercado Fronterizo de Dajabón Enciende las Alarmas

¡Ay, Dios mío! Un nuevo susto en el corazón comercial de la frontera dominico-haitiana. La tarde de este miércoles, el siempre bullicioso mercado de Dajabón fue escenario de un conato de incendio que, aunque controlado a tiempo, ha vuelto a encender las alarmas y a dejar a más de uno con el Jesús en la boca. Afectó al menos dos puestos comerciales, y la verdad es que la vaina pudo haber sido mucho peor, señores.

Gracias a la rápida intervención de los bomberos del pueblo, liderados por el coronel Diómedes García, se evitó que las llamas se propagaran como pólvora por los demás establecimientos. ¡De una vez, los muchachos se tiraron a la calle a apagar ese lío! Según el coronel, en las próximas horas se van a “darle mente” a las investigaciones para determinar exactamente qué fue lo que causó este nuevo sobresalto. Pero, ¿hasta cuándo vamos a seguir con este tigueraje de la incertidumbre?

Este mercado no es un espacio cualquiera; es el alma de la economía de la provincia de Dajabón y de gran parte de la región fronteriza. Cada lunes y viernes, este lugar se transforma en un hervidero de gente, un coro de comerciantes dominicanos y haitianos que vienen a ganarse el pan honradamente. La actividad binacional aquí es un motor económico vital, un intercambio cultural y comercial que ha definido la historia de esta zona por décadas. Y precisamente por su importancia, cualquier incidente, por pequeño que parezca, tiene el potencial de desestabilizar la vida de un viaje de familias que dependen de ese día a día para echar pa’ lante.

La preocupación de la gente del patio no es para menos. Valentina Gómez, una comerciante que ha visto de todo en este mercado, expresó su sentir sobre la falta de control que impera en la plaza. ¡Y no es queja de ahora, klk! Asegún ella, fuera del horario establecido por las autoridades municipales, algunos ciudadanos haitianos (y hay que decirlo, dominicanos también, que la viveza no tiene pasaporte) se meten a hacer conexiones eléctricas improvisadas, un “tigueraje” que es un peligro andando. Esas instalaciones chulas, hechas con el alambre pelao’ y sin supervisión, son una bomba de tiempo que tarde o temprano explota.

La historia se repite, y eso es lo que más duele. Doña Valentina tiene su propio cuento de terror: hace solo dos años, un incendio en el mismo mercado le botó más de un millón doscientos mil pesos en mercancía. ¡Imagínense ustedes! Y lo peor de la vaina es que, según sus palabras, nadie le resarció esas pérdidas. ¿Entonces? ¿Quién responde por esa gente que se sacrifica día a día y lo pierde todo por falta de orden? Eso no está de lo más bien, señores.

La situación de Dajabón refleja un problema más amplio que vemos en varios mercados de nuestro país. La informalidad, la falta de una infraestructura eléctrica moderna y segura, y la ausencia de una vigilancia constante son factores que convierten estos centros de abasto en escenarios propicios para tragedias. Muchos de nuestros mercados operan con instalaciones viejas, sobrecargadas y sin el mantenimiento adecuado, lo que es como jugar con fuego con la propia vida y el sustento de la gente. Urge una inversión seria, un plan de reordenamiento que no se quede solo en promesas de campaña.

La solicitud de Valentina Gómez es la voz de muchos: mayor vigilancia y reglas más estrictas. No se trata de poner trabas al comercio, sino de garantizar que se realice en un ambiente seguro y digno para todos. Es necesario que las autoridades municipales, la Defensa Civil, los bomberos y los propios comerciantes se sienten a buscarle una solución bacana a este coro. Hay que establecer horarios claros, zonas de carga y descarga, y sobre todo, un sistema de supervisión eléctrica permanente para evitar que estas “cherchas” de cables se conviertan en ceniza y llanto.

Además, es fundamental educar a los comerciantes sobre los riesgos de las conexiones ilegales y la importancia de la prevención de incendios. Muchas veces, por desconocimiento o por economizar unos cuantos pesos, se recurre a prácticas peligrosas que al final salen más caras. Un plan integral que incluya capacitación, mejora de infraestructura y una aplicación firme de las normas es lo que se necesita para que el mercado de Dajabón pueda seguir siendo el motor económico que es, pero sin el temor constante de un nuevo fuego.

Este conato de incendio en Dajabón debe servir como un recordatorio contundente de que la seguridad no es un lujo, sino una necesidad básica. No podemos esperar a que ocurra una tragedia mayor para “coger cabeza” y poner orden en estos espacios vitales para nuestra economía y nuestra gente. ¡Vamos a darle mente a esto de una vez por todas, antes de que sea demasiado tarde!

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