¡Dios mío, pero ni los muertos pueden descansar en paz! La verdad es que esto del Cementerio Cristo Redentor ya es una ‘vaina’ del otro mundo. Familias dominicanas han denunciado una situación ‘heavy’ de profanación y robo que tiene a todo el mundo con los pelos de punta. ¿Se imaginan? El camposanto, que se supone que es un lugar sagrado, se ha convertido en el punto de un ‘tigueraje’ de ladrones que, sin el menor respeto, están desmantelando las tumbas para llevarse las varillas de acero. Un ciudadano afectado, que encontró los nichos de su gente destrozados, dice que a pesar de que uno paga un viaje de arbitrios al Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN), la responsabilidad por estos actos vandálicos brilla por su ausencia. Es una pena que un lugar tan emblemático de la capital, donde descansan nuestros ancestros, esté tan desprotegido.
Este ‘mangue’ de varillas no es cosa de dos o tres ‘viciosos’, según los afectados, sino que apunta a una red más organizada. El acero, señores, tiene un valor importante en el mercado negro, y estas estructuras metálicas, que refuerzan los nichos, se han vuelto un blanco apetitoso. Lamentablemente, no es la primera vez que escuchamos de robos de metales en espacios públicos o privados en la República Dominicana. Este tipo de delincuencia demuestra una falta de control y vigilancia que da carta blanca a los malhechores. Mientras los encargados del cementerio se la pasan culpando a ‘zacatecas’ o a gente de la zona para no asumir su rol, las familias sufren el dolor de ver los restos de sus seres queridos expuestos y, encima, tienen que cargar con los gastos de reparación. La inacción oficial en el Cementerio Cristo Redentor es una señal de que algo anda muy mal.
La situación en el Cristo Redentor no es solo un problema de seguridad, es un atentado contra nuestra memoria histórica y cultural. Los cementerios, como el Cristo Redentor, no son solo un lugar de descanso final, son un archivo vivo de nuestra historia, de nuestras familias, de las generaciones que nos precedieron. Cada tumba profanada, cada nicho destrozado, es un golpe a esa herencia. Para ‘la gente de a pie’, esa que día a día se las ‘ingeniaba’ para que sus difuntos tuvieran un entierro digno, es un insulto ver cómo el poco respeto que quedaba se lo llevan en un abrir y cerrar de ojos. No es justo que mientras a algunos con ‘influencia’ les prometen reponer los daños, al ciudadano común lo ignoran como si nada.
¿Y dónde está el control? ¿Qué está haciendo el ADN, que es la autoridad máxima en el Distrito Nacional, para ponerle el cascabel al gato a este ‘coro’ de delincuentes? Es urgente que se tomen medidas ‘de una vez’. Esto va más allá de un simple robo; es una afrenta a la dignidad humana y al recuerdo de nuestros ancestros. La gente espera que las autoridades asuman su responsabilidad, que no se laven las manos y que refuercen la seguridad en estos espacios. Hay que investigar a fondo este ‘tigueraje’ y desmantelar cualquier red que esté operando dentro o fuera del camposanto, asegurando que los responsables enfrenten la justicia para que, por fin, nuestros muertos puedan descansar en paz y sus memorias sean respetadas.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




