Desde el corazón de Santo Domingo Oeste, nos llega una denuncia que pone a cualquiera de los nuestros con la sangre en el ojo. Los comunitarios de El Café de Herrera están que echan chispas por los atrasos en la reconstrucción de sus aceras, una situación que ha convertido el diario vivir en una verdadera odisea. Aseguún nos reportan, las vías peatonales fueron desbaratadas para ser mejoradas, pero la obra, para colmo, se encuentra paralizada, dejando a la gente en un **riesgo** constante y a la buena de Dios.
Imagina la vaina: después de un día de bregar duro en el trabajo, uno tiene que guayar la yuca por la calle, esquivando carros y motores como si fuera un corredor de la Indy 500. Este relajo ha provocado una gran preocupación entre los vecinos, quienes saben que en nuestras calles el que no corre vuela, y la falta de aceras está dando pie a un viaje de accidentes que se pueden evitar con un chin de diligencia. Es el día a día del dominicano, que siempre tiene que inventar para resolver, pero esta situación ya está pasando de castaño a oscuro.
El ayuntamiento y el alcalde Francisco Peña están en el ojo del huracán, y con toda razón, klk. Los ciudadanos no se explican cómo se planifica una obra tan importante sin asegurar la continuidad de los trabajos. Remover todo el concreto a ambos lados de la vía y luego dejar la cosa a medio palo es una falta de respeto con el tigueraje que paga sus impuestos y espera lo mínimo de sus autoridades. Esta no es la primera vez que vemos obras públicas que arrancan con bombos y platillos para luego quedarse en un limbo, dejando a las comunidades en peores condiciones que antes de empezar.
La ausencia de una infraestructura peatonal adecuada no solo eleva el peligro de accidentes, sino que también afecta la calidad de vida de los residentes. Madres con sus niños, personas mayores, y hasta los estudiantes que van a la escuela se ven obligados a exponerse a diario. En un país donde el transporte público es un lío y muchos dependen de caminar o del concho, tener aceras dignas es un derecho básico, no un lujo. El deterioro de las aceras y el estancamiento de las obras desincentivan la actividad comercial local, hacen que el barrio se vea en olla y complican el acceso a servicios esenciales, pues la gente prefiere evitar la zona.
Los afectados le están metiendo presión a las autoridades municipales, pidiendo que se pongan las pilas de una vez por todas y agilicen estos trabajos. La gente de El Café de Herrera solo quiere llegar a su casa con la seguridad de que no va a terminar en el Darío Contreras por culpa de una acera incompleta. Es hora de que se priorice la culminación de estas vías para que los peatones puedan andar seguros y con la tranquilidad que se merecen.
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