El Gran Santo Domingo está de luto, y no es para menos. En un viaje de solo 24 horas, la capital y sus alrededores han sido testigos de una racha de casos que nos dejan el corazón en la mano: dos feminicidios y un intento de muerte que, gracias a Dios, no se consumó, aunque dejó a un uniformado sin vida. Esta alarmante escalada de Violencia de Género es una vaina que nos tiene a todos con los pelos de punta, demostrando que, a pesar de los esfuerzos, el problema sigue más vivo que nunca en nuestro país.
Uno de los casos que más ha dolido es el de Randielis Michel Rudecindo, una joven de apenas 20 años que encontró la muerte de la manera más cruel en Los Guaricanos. Su expareja, un ciudadano estadounidense de nombre Ziel Gulbert La Force, le segó la vida con un disparo en la cabeza y ahora anda por ahí, prófugo, como si nada. Las autoridades, claro está, han activado controles migratorios de una vez, buscando que este tipo no se nos escape, porque la justicia dominicana tiene que llegarle con fuerza a quienes cometen estos actos tan cobardes. Es un golpe duro para una comunidad que todavía no sale del asombro.
La misma jornada del domingo fue testigo de otra tragedia que casi termina peor de lo que pintaba en Cinema Centro Malecón. Un agente de seguridad, supuestamente con unos traguitos de más, intentó atacar a una compañera de trabajo. Gracias a la rápida intervención de la Policía Nacional, se evitó un feminicidio en ese instante, pero la vaina se puso fea cuando el agresor, Santos Pimentel Lebrón, murió en el enfrentamiento y, lamentablemente, también falleció el raso Daniel Andújar Pérez, un muchacho joven que perdió la vida cumpliendo con su deber. Este hecho nos recuerda el peligro que enfrentan quienes velan por nuestra seguridad y la rapidez con la que una situación puede salirse de control.
Y para colmo, la mañana de este lunes el dolor se mudó a Santo Domingo Este con la muerte de Aleny Pineda, de 42 años, quien falleció calcinada en su apartamento. Asegún las investigaciones preliminares, su expareja, Yelin Manolin Félix Vargas, sobre quien pesaba una orden de alejamiento, es el principal sospechoso. Es un caso que nos rompe el alma, porque las órdenes de alejamiento se suponen que son para proteger, y cuando no funcionan, la gente se queda sin herramientas para defenderse de ese tigueraje. Aleny dejó dos hijas en la orfandad, un golpe terrible para esa familia.
Esta ola de violencia, klk, no es cosa de ahora, sino la cruda realidad de un problema que lleva años gestándose en el seno de nuestra sociedad. Aunque el presidente Luis Abinader destacó en su discurso avances en la prevención de la violencia contra las mujeres, los números que maneja la Fundación Vida sin Violencia pintan otro panorama, uno bien preocupante. Con 18 muertes de mujeres en los primeros dos meses del año, representando un aumento del 200% respecto al mismo periodo del año anterior (2023), es evidente que tenemos que meterle más mano a esta vaina. El machismo arraigado y la falta de denuncias a tiempo siguen siendo un gran dolor de cabeza.
Es vital que como sociedad, y más nosotros los dominicanos que somos gente de corazón y solidaria, nos unamos para enfrentar esta plaga. No podemos quedarnos callados cuando vemos señales de abuso, ni podemos dejar que el “eso es problema de pareja” siga siendo una excusa para la indiferencia. Es hora de apoyar a las instituciones como el Ministerio de la Mujer y la Procuraduría General, pero también de educar desde nuestros hogares y comunidades sobre el respeto, la igualdad y la importancia de resolver los conflictos sin violencia. Cada vida que se pierde es un pedazo de nuestra patria que se desgarra, ¡y eso no está de lo más bien!
La lucha contra la violencia de género no es solo un asunto de la policía o la justicia; es un compromiso de todos. Desde las escuelas hasta los colmados, desde los barrios hasta los más altos despachos, tenemos que trabajar para que las mujeres puedan vivir tranquilas, sin miedo, sin tener que mirar pa’trás cada vez que salen a la calle. Que la memoria de Randielis, Aleny y todos los afectados por esta vaina nos impulse a exigir y construir un país donde la vida de cada mujer sea valorada y protegida de verdad, de una vez y por todas.
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