En la República Dominicana, el sector pesquero, un pilar crucial para nuestra seguridad alimentaria y el sustento de un viaje de comunidades costeras, se encuentra en un verdadero ‘aprieto’. Los números no mienten: al cierre de mayo de 2026, la pesca sigue siendo el sector económico con el acceso más limitado al crédito bancario, una situación que, según la Superintendencia de Bancos (SB), amenaza su expansión y modernización. La cartera de crédito destinada a esta actividad apenas alcanza los RD$272 millones, una cifra insignificante, representando un pírrico 0.0% del total de la cartera crediticia nacional que asciende a RD$2.44 billones. Esta situación es una ‘vaina’ gorda, especialmente para un sector que debería ser incentivado por su impacto socioeconómico.
Lo peor es que este sector no solo tiene el menor saldo adeudado, sino que también experimentó una contracción interanual de 27.1%, una de las caídas más pronunciadas en todo el sistema financiero. Esto no está para nada ‘chulo’. Con apenas 773 créditos activos, y un saldo promedio de RD$351,721 por financiamiento, queda claro que la profundidad financiera es limitada. Y como si fuera poco, los pescadores enfrentan una tasa de interés activa para nuevos préstamos de 15.34%, una de las más elevadas, lo que se convierte en una barrera insuperable para muchos que buscan mejorar sus operaciones o simplemente mantenerse a flote. Este panorama con el crédito bancario es bien complicado.
A pesar de este difícil escenario de acceso al financiamiento, hay un dato que nos deja pensando: la calidad de la cartera de la pesca es relativamente buena. El 93.5% de los préstamos están clasificados en categorías A y B, y la morosidad se mantiene en un 2.6%, aunque con un ligero aumento interanual. Esto sugiere que, a pesar de las condiciones adversas, los prestatarios del sector pesquero son responsables y cumplen con sus compromisos, lo que debería ser un factor para que las entidades bancarias reconsideren su postura. Es como que están demostrando que el ‘tigueraje’ de esta gente es serio y que lo que prometen lo cumplen.
Además, el reporte de la SB resalta que la actividad pesquera tiene una exposición bajísima a moneda extranjera, apenas un 1.9%, confirmando su fuerte orientación hacia nuestro mercado interno. Esto la diferencia de otros sectores más vinculados al comercio internacional. Asimismo, la concentración de crédito en grandes deudores es mínima, solo un 12.0% del saldo total, lo que indica que la mayoría de los créditos benefician a pequeños y medianos prestatarios. Esto es ‘bacano’ porque demuestra un impacto directo en la base de la economía de las comunidades.
El sector pesquero no está solo en la lista de los menos financiados; comparte este sitial con organizaciones y órganos extranjeros, enseñanza, administración pública y defensa, hogares, explotación de minas y canteras, servicios sociales, agricultura, otras actividades y transporte y almacenamiento. Es interesante ver cómo, dentro de este grupo, algunos sectores, como la explotación de minas y canteras, mostraron un crecimiento robusto de 34.9%, y los servicios sociales un 21.9%, mientras la pesca y las organizaciones extranjeras vieron las mayores contracciones.
Si analizamos el riesgo crediticio, el informe de la SB también nos tira una luz sobre otros ‘coros’. Por ejemplo, el sector hogares presenta los indicadores más desafiantes, con una morosidad del 9.5%, la más alta, y una proporción de créditos reestructurados de un 26.0%. Por otro lado, la administración pública y defensa exhibe una cartera de altísima calidad, con una morosidad de apenas 0.1%. Mientras que transporte y almacenamiento destaca por su elevada exposición a moneda extranjera, alcanzando el 50.9%, contrastando fuertemente con la pesca y administración pública, que tienen porcentajes muy bajos.
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