¡Ay, mi gente! De verdad que hay vainas que uno no se explica. El Barrio Enriquillo, allá en Santo Domingo Oeste, está pasando un mal rato con una situación que, la verdad, es para cogerla con pinzas. Resulta que en los alrededores de una de las estaciones del Metro, la cosa está que arde, pero no por el calor, sino por el agua. Los residentes han denunciado que tienen una verdadera ‘piscina’ en plena vía pública, justo al lado de la entrada del tren. Este estancamiento de agua, o como le han bautizado, la Piscina del Metro, se ha vuelto un dolor de cabeza para todo el que transita por ahí, especialmente para los peatones que tienen que hacer malabares para no mojarse los pies.
Asegún el tigueraje de la zona y los vecinos, este charco inmenso no es cosa de ahora, no; es un problema que lleva un tiempo dando brega y que ya está poniendo de los nervios a más de uno. La gente describe esta acumulación de agua como si fuera una ‘piscina’ improvisada, y es que el nivel que alcanza el líquido es considerable. Imagínate tú, salir del Metro, o ir a coger la guagua, y tener que sortear esa laguna. ¡Un disparate! Y lo peor del caso es que esta ‘piscina’ no está de lo más bien en un rincón apartado; no, señor, está estratégicamente ubicada cerca de un centro educativo del sector, lo que significa que un viaje de niños y adolescentes tienen que echar un pie por ahí todos los días.
Cuando uno habla de agua estancada, a la mente se le viene de una vez la palabra ‘dengue’. Y es que en un país como el nuestro, con el clima tropical que tenemos, esas ‘piscinas’ se convierten en el coro perfecto para que el mosquito Aedes aegypti se dé su bacanal y prolifere. ¿Y qué significa eso? Pues un riesgo latente de brotes de dengue, zika y chikungunya, enfermedades que cada cierto tiempo nos tienen en jaque. Los padres de familia, con toda la razón del mundo, están con el grito al cielo pensando en la salud de sus chiquitos, que son los más vulnerables a estas vainas de los mosquitos.
Este problema no es solo de Enriquillo, ¿saben? Es un reflejo de las deficiencias que a menudo vemos en nuestro sistema de drenaje pluvial. Muchas de nuestras ciudades crecieron sin una planificación adecuada, y eso se nota cuando caen esos aguaceros que parecen diluvios. Las calles se convierten en ríos, los imbornales no dan abasto o están tapados con basura. Es un lío viejo que las autoridades han prometido solucionar un viaje de veces, pero que sigue ahí, dando la lata. Invertir en infraestructura de drenaje no es un lujo, es una necesidad vital para la salud pública y el bienestar de la gente. Es una muestra clara de que hay que meterle mano de verdad a la planificación urbana y no dejar las cosas al azar.
Piensen en la rutina diaria de un estudiante o de un trabajador que vive en Enriquillo. Cada mañana, cada tarde, es una odisea cruzar por esa zona. No solo es el riesgo de mojarse o resbalar; es también la suciedad, el mal olor que emana del agua estancada. La educación se ve directamente afectada cuando los estudiantes llegan a la escuela con los zapatos mojados o, peor aún, si tienen que faltar por alguna enfermedad relacionada con la insalubridad. La dignidad de las personas se ve comprometida cuando tienen que andar por ahí como si estuvieran en medio de un manglar en vez de una vía pública. No es justo que el tigueraje tenga que coger esa lucha día tras día.
La comunidad de Enriquillo, de forma unida, está haciendo un llamado a las autoridades competentes. Y cuando decimos ‘competentes’, nos referimos al Ayuntamiento de Santo Domingo Oeste, a la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) y a todo el que tenga que ver con esto. No se puede dejar que esta vaina siga así. Se necesita una intervención de una vez, rápida y efectiva, para solucionar el problema del drenaje en esa área. No es solo secar la ‘piscina’ por un día; es buscar una solución definitiva para que esto no se repita cada vez que cae un chaparrón. ¡Hay que meterle mano a esto con seriedad y no con pañitos calientes!
Más allá de la solución inmediata, este incidente en Enriquillo nos invita a reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos y el de nuestras autoridades. ¿Estamos cuidando nuestros espacios? ¿Denunciamos cuando vemos un imbornal tapado? ¿Nuestras autoridades están escuchando y actuando con la prontitud que la situación amerita? Es un trabajo de equipo. La inversión en mantenimiento y mejoras infraestructurales es crucial, sí, pero también lo es la conciencia ciudadana para no arrojar basura en las calles y mantener limpios los entornos. No podemos esperar a que se arme un coro para cada vez que se presenta una situación como esta.
En fin, la situación de la ‘Piscina del Metro’ en el Barrio Enriquillo es un claro ejemplo de que hay que ponerse las pilas. La gente está harta de tener que vivir con estas incomodidades y riesgos. Esperemos que este llamado a la acción no caiga en saco roto y que pronto podamos ver una solución que de verdad sea un alivio para los residentes y usuarios del Metro. Porque al final del día, lo que queremos es una ciudad limpia, segura y funcional para todos. ¡Que se pongan guapos con esta vaina de una vez por todas!
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