¡Klk, gente! El Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, esa institución que siempre nos trae un ‘viaje de’ conocimiento, se lució otra vez con un conversatorio ‘bacano’ titulado “Voces de la Isla: Idiomas originarios de La Española”. Fue un junte chulo donde se le dio cabeza a la ‘vaina’ de cómo era la cosa lingüística en nuestra isla antes de que llegaran los europeos y cómo ese **legado Taíno** sigue más ‘vivo’ que nunca en el español caribeño que hablamos hoy.
No es un secreto para nadie que, antes del dichoso 1492, esta media isla no era un relajo; era un hervidero de culturas y lenguas. Los expertos nos contaron que aquí convivían un ‘tigueraje’ de grupos con sus raíces y vocabularios propios, aunque el taíno se había vuelto la lengua principal para todo tipo de ‘coro’, desde el diario vivir hasta las transacciones. Entender esto es clave para quitarnos la venda de que solo hubo una lengua indígena; la realidad era mucho más rica y compleja, un verdadero ‘sancocho’ lingüístico.
Lo más interesante de esta ‘chercha’ fue ver cómo, a pesar de que el taíno se considera una lengua extinta, sus ecos son más fuertes de lo que pensamos. Estamos hablando de que no solo heredamos palabras sueltas —como ‘maíz’, ‘iguana’ o ‘hamaca’—, sino que hasta algunas formas de pronunciación y estructuras se nos pegaron. Es como si el espíritu de esos primeros habitantes se haya quedado ‘enganchao’ en nuestra forma de hablar, un testimonio de la increíble capacidad de resistencia cultural frente a la colonización.
En el panel estuvieron dos luminarias: el escritor, músico y antropólogo Leonardo Nin, y el poeta, ensayista e investigador Rafael García Bidó. Estos ‘másteres’ de la investigación compartieron hallazgos que te dejan la boca abierta. Por ejemplo, Nin explicó cómo está reconstruyendo la fonología taína, usando métodos comparativos a partir de palabras que usamos a diario. Es un trabajo ‘jevi’ que nos permite asomarnos a cómo sonaba esa lengua que, aseguramos, estaba de lo más bien ‘parloteando’ por aquí.
Por su lado, García Bidó se fue más profundo en la clasificación de los idiomas que coexistían en La Española, destacando esos rasgos fonéticos únicos del taíno, como la presencia ‘un viaje de’ diminutivos. Esto no es solo para curiosos; es fundamental para entender por qué nuestro español suena como suena, por qué decimos las cosas de tal o cual manera. Esas huellas fonéticas son como un ADN lingüístico que nos conecta directamente con nuestros ancestros taínos, más allá de la lista de vocablos que todos conocemos.
Este tipo de conversatorios son vitales para fortalecer nuestra identidad dominicana. Nos recuerdan que somos el resultado de una mezcla ‘chula’ y que hay ‘un viaje de’ historia guardada en cada palabra y en cada acento que usamos. Es una ‘vaina’ de orgullo saber que esa herencia lingüística sigue dándonos ‘sabor’ y nos distingue en el gran ‘coro’ del Caribe. Nos invita a mirar más allá de lo evidente y a valorar la riqueza cultural que nos define como pueblo. De verdad, ¡es una oportunidad ‘bacana’ para reconectar con nuestras raíces!
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