La Circunvalación de Nigua se ha convertido en una verdadera pesadilla, un “relajo” peligroso para quienes transitan por ella en horas nocturnas. Ciudadanos han alzado la voz, y con razón, ante la total oscuridad que abraza esta vía crucial, transformándola en un escenario ideal para los malhechores. A pesar de los postes de luz que adornan el trayecto, estos son meros fantasmas de lo que deberían ser, sin una gota de electricidad que ilumine el camino. Esta situación ha generado un Peligro en la Circunvalación que va más allá de un simple bache; es una invitación abierta a la delincuencia y un riesgo constante para la vida de los choferes y sus pasajeros.
Esta arteria vial no es cualquier camino; es una conexión vital que enlaza el sur con la capital, facilitando el comercio y el tránsito diario de miles de dominicanos. Cuando cae la noche, el panorama cambia drásticamente. Los testimonios son claros y preocupantes: la falta de alumbrado es el caldo de cultivo perfecto para que el tigueraje haga de las suyas. Atracos a mano armada, robos de vehículos y asaltos se han vuelto el pan nuestro de cada noche, aprovechando la nula visibilidad que obliga a los conductores a reducir la velocidad, exponiéndolos sin compasión.
El tramo afectado, que se extiende específicamente hacia el municipio de Nigua, en la provincia de San Cristóbal, es estratégico. No solo es una ruta de paso, sino que también sirve a comunidades aledañas y contribuye al flujo económico de la región. La inversión en infraestructura como esta no puede quedarse a medias; instalar postes sin garantizar su funcionamiento es como ponerle un chaleco a un carro sin motor. Es una vaina que clama al cielo, un descuido que tiene consecuencias directas sobre la seguridad ciudadana y la percepción de orden en nuestras calles.
Este problema recurrente de falta de mantenimiento del alumbrado público no es exclusivo de Nigua, pero aquí ha alcanzado un nivel crítico. Es común en nuestros pueblos y ciudades ver luminarias inoperantes por meses, e incluso años, lo que demuestra una falla sistémica en la gestión de servicios básicos. ¿Asegún, quién es el responsable final de que esta situación se mantenga? Los ciudadanos pagan sus impuestos esperando servicios de calidad, y la seguridad vial es uno de ellos. La solución no puede esperar por “relajo” o burocracia; tiene que ser de una vez.
La demanda de los residentes y usuarios de la vía no es un capricho. Hacen un llamado urgente al alcalde de Nigua, Jorge Ortiz Carela, y a las autoridades pertinentes, para que pongan fin a este calvario. No se trata solo de reparar unas bombillas; se trata de restablecer la tranquilidad, de garantizar el derecho a transitar seguros y de evitar más tragedias. La provincia de San Cristóbal, con su historial de desarrollo y crecimiento, merece infraestructuras que estén a la altura de su gente, y no que se conviertan en zonas de alto riesgo.
Más allá de la solución inmediata de las luces, se debería considerar un plan integral de seguridad para la Circunvalación. Esto incluiría un aumento significativo de la presencia policial, quizás la instalación de cámaras de vigilancia estratégicamente ubicadas y una mayor coordinación entre las autoridades municipales y la Policía Nacional. Solo así se podrá desmantelar por completo el tigueraje que ha echado raíces en la oscuridad. Nuestros “hermanos” que cogen esa vía merecen irse a casa tranquilos, sin el miedo constante de que “les caiga encima un coro” de delincuentes.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




