¡Klk, mi gente! Aquí estamos una vez más, dándoles la primicia de lo que se cuece en el patio. Y esta vez, la vaina es seria. Después de un buen tiempo en boca de todo el mundo, finalmente se entregó a las autoridades Jordy Alexander Paredes, mejor conocido en el bajo mundo como “Leo” o, más popularmente, “La Pantera”. Este tigre, asegún los informes, es el principal señalado por herir de bala a dos personas en un incidente que se armó el pasado 8 de diciembre en un centro nocturno de aquí, de la ciudad. Era hora de que diera la cara, ¿o no?
La Policía Nacional, que le estaba dando seguimiento a este caso, informó que “La Pantera” no tuvo de otra que presentarse ante la División de Crímenes y Delitos Contra la Persona, mejor conocida como Homicidios. Él llegó con su abogado de una vez, buscando la manera de encarar la situación, luego de que le emitieran una orden de arresto y ya las autoridades lo tenían en el ojo. Esto nos deja claro que, por más que uno quiera esconderse, la justicia, aunque a veces dé su chercha, al final le echa mano a quien tiene que echarle.
El hecho en cuestión, que dejó a la gente con el Jesús en la boca, ocurrió en un ambiente que se supone es para descorchar y pasársela jevi. Los heridos, según el informe preliminar, fueron Ramón Antonio Herrera Guerrero, de 31 años, y Marien Díaz Encarnación, quienes recibieron impactos de bala que, gracias a Dios, no terminaron en una tragedia mayor. Imagínense ustedes, ¿quién va a un coro esperando salir con un balazo? ¡Eso no está de lo más bien, ni ahí!
Este tipo de incidentes, lamentablemente, no son un caso aislado en la República Dominicana. Los centros nocturnos, que deberían ser espacios de recreación y desahogo, a menudo se convierten en escenarios de pleitos y violencia por vainas que a veces ni valen la pena. Hay un viaje de factores que contribuyen a esto: desde el consumo excesivo de alcohol y otras sustancias, hasta la cultura del “tigueraje” que lleva a algunos a pensar que pueden andar armados y resolver los problemas a tiros. Es una realidad que nos duele y que empaña la imagen de nuestra noche, que se supone es alegre y “bacana”.
La entrega de “La Pantera” es un paso importante para que se haga justicia, pero es solo el comienzo. Ahora, este caso pasará a manos del Ministerio Público, que será el encargado de llevarlo a los tribunales para que se determine su responsabilidad. En nuestro sistema de justicia, cada paso cuenta: la investigación, las pruebas, los testimonios. Y es fundamental que este proceso se desarrolle con la transparencia y la celeridad que el pueblo dominicano espera y merece. No podemos permitir que la impunidad eche raíces en nuestra sociedad.
Lo que ocurrió el 8 de diciembre es un reflejo de los desafíos que enfrentamos como sociedad en cuanto a seguridad ciudadana. No solo hablamos de la necesidad de una mayor presencia policial o de controles más estrictos en los centros de diversión. También es una cuestión de valores, de respeto por la vida ajena y de resolver los conflictos sin recurrir a la violencia. ¿De qué nos sirve tener los mejores Djs y la mejor bebida si la gente no se siente segura en una discoteca? Hay que trabajar en la raíz del problema, para que estos “lios” no sigan haciendo coro en nuestros espacios de entretenimiento.
Este caso nos recuerda la importancia de la colaboración ciudadana y de la firmeza de nuestras autoridades para “echarle mano” a quienes alteran la paz. La gente tiene que sentirse segura en su propio país, ya sea en un centro nocturno, en la calle o en su casa. Ojalá y este suceso sirva para que se refuercen las medidas de seguridad y la conciencia de que las acciones tienen consecuencias graves, y que la ley, tarde o temprano, le cae atrás a todo el mundo. La “chercha” es para disfrutarla, no para acabar en una sala de emergencia o en la cárcel.
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