Después de más de 37 años dándolo todo en la administración pública, una vida entera, se nos va una figura emblemática del Ministerio de Trabajo. Estamos hablando de Valentín Herrera, un verdadero bacán que se fajó por el fortalecimiento de la paz laboral, el cumplimiento de la normativa y la modernización de los servicios en nuestra querida República Dominicana. Su trayectoria es de esas que marcan un antes y un después, dejando un legado que muchísimos empleados y empleadores del patio van a recordar con aprecio.
A su salida, Herrera no se quedó callado. Aprovechó un encuentro con la prensa para soltar la sopa, pero claro, como Valentín Herrera, no ya con la cachucha de director o empleado del Ministerio. Tocó temas que nos tienen a todos con la oreja para’ y con un viaje de opiniones encontradas: la reducción de la jornada de trabajo, el teletrabajo y, como no, la eterna reforma de nuestro Código de Trabajo. Y es que estas vainas son el pan nuestro de cada día en las discusiones laborales del país.
En lo que respecta a la reducción del horario laboral, Herrera compartió una noticia que a muchos les sonará a música para los oídos. El Ministerio, bajo su guía y apadrinado por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), montó el año pasado un plan piloto bien chulo. ¿El objetivo? Evaluar qué pasaría si le metemos mano a esas horas de trabajo, tomando como referencia experiencias internacionales, como las que se han visto con éxito en países como Islandia o el Reino Unido, donde la semana laboral de cuatro días está cogiendo fuerza. Los resultados, según él, fueron de lo más positivos.
“Las empresas y los trabajadores lo vieron con beneplácito. La productividad no bajó, a pesar de que los trabajadores prestaban menos horas de labor dentro de la empresa”, afirmó Herrera. ¡Imagínense ustedes! Esto es un golpe bajo a la creencia vieja de que más horas en la oficina equivalen a más producción. De una vez se demostró que el tigueraje dominicano puede ser más eficiente en menos tiempo, si se le da el chance. Y lo más importante, subrayó que los lineamientos del proyecto establecían que bajo ningún concepto se reducirían los salarios, porque, como él bien dijo, ¿qué sentido tendría eso? La idea es mejorar la calidad de vida, no empobrecer al personal.
Esta iniciativa de la reducción de jornada es una vaina que puede seguir estudiándose y profundizándose, siempre y cuando se evalúen bien los indicadores de productividad y rendimiento, y claro está, el impacto positivo en la calidad de vida de los trabajadores. Porque, al final del día, ¿quién no quiere más tiempo para la familia, el coro con los amigos o simplemente para descansar un poco y evitar esos tapones infernales que nos jartan cada vez que salimos de la oficina? Es una oportunidad jevi para que la gente tenga un mejor balance vida-trabajo y para que las empresas se pongan al día con las tendencias globales.
Pasando al tema del teletrabajo, Herrera recordó que esta modalidad cobró una fuerza brutal a raíz de la pandemia del COVID-19. Antes de ese relajo global, en el país no había una figura jurídica que regulara esa vaina. La gente se fue a trabajar desde la casa de una vez, y el Ministerio, bajo la dirección del ministro Luis Miguel De Camps y un equipo de abogados que se la jugó, tuvo que meterle mano y emitió una resolución estableciendo las reglas claras: herramientas, entregables, salario, descanso y el sagrado derecho a la desconexión. ¡Para que no nos jartan a llamadas fuera de horario!
Asegún Herrera, después de la pandemia, tanto empresas como trabajadores se sintieron cómodos con la modalidad. Y cómo no, si te ahorras el viaje en guagua o la gasolina, evitas el estrés del tránsito y puedes manejar tu tiempo de una forma más flexible. “Claro que lo favorezco. Ayuda incluso en temas como el tránsito y el desplazamiento de las personas”, expresó. Es tan beneficioso que la propuesta de modificación del Código de Trabajo contempla incluir el teletrabajo ya no como una simple resolución, sino como parte formal de la ley. ¡Eso sí que sería un avance bacano para el país!
Ahora, el eterno dolor de cabeza: la reforma del Código de Trabajo. Aunque la mayoría del articulado está consensuada, hay un “talón de Aquiles” que no deja que esta vaina avance: la cesantía. Aquí se arma un tira y jala que no acaba. Mientras los empleadores entienden que hay que revisarla porque la ven como una carga pesada, especialmente para las mipymes, los trabajadores no desean que se toque ni un solo pelo, ya que la consideran un derecho fundamental y un seguro en caso de desempleo. Y el Gobierno, por su parte, ha sido enfático en que no se modificará. Este es un tema sensible que tiene el proyecto estancado por años en el Congreso, en un diálogo tripartito que parece no encontrar la luz al final del túnel. Hay que recordar que nuestro Código Laboral data de 1992, ¡casi 30 años! La economía y las formas de trabajar han cambiado un viaje desde entonces.
Sobre la indexación salarial, que es esa vaina de ajustar los sueldos a la inflación para que la gente no pierda poder adquisitivo, Herrera prefirió no profundizar. Dijo que fue un tema que se mezcló demasiado con el ámbito político y no quiso entrar en consideraciones que pudieran desviar el tono del encuentro. Se nota que es un punto delicado donde se armó un teteo político que todavía tiene sus secuelas.
Para cerrar su intervención, Valentín Herrera aprovechó para resaltar los avances logrados durante su gestión. Antes, hacer cualquier trámite en el Ministerio era un verdadero calvario, un viaje de filas para depositar planillas. Ahora, ¡qué chulo!, esos trámites pueden hacerse de manera digital desde cualquier lugar con conexión a internet. También destacó la implementación de herramientas tecnológicas durante la pandemia, como el programa FASE, que nos salvó la patria gestionando suspensiones y pagos en un contexto de crisis que nadie se esperaba, manteniendo el equilibrio entre empleadores y trabajadores.
Herrera expresó que deja la institución con la “satisfacción del deber cumplido” y que ahora se dedicará plenamente al ejercicio privado del derecho. Abriendo su propia oficina, de seguro seguirá aportando al país desde otra trinchera. Es un claro ejemplo de que, como él mismo dijo, “no hay forma de avanzar una empresa si no hay identificación del trabajador con la empresa”, resaltando la importancia del llamado “salario emocional”, la empatía y el cumplimiento de políticas laborales como elementos clave para el desarrollo empresarial y el bienestar de los empleados. Sin duda, un viaje de lecciones y un legado que queda en el Ministerio de Trabajo.
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