¡Klk, mi gente! La Federación Dominicana de Fútbol (Fedofútbol), por boca de su presidente, José Francisco Deschamps, ha tomado una decisión que tiene a medio mundo hablando: acatar el veto del Gobierno dominicano para que los equipos y selecciones haitianas no puedan jugar partidos en nuestras instalaciones deportivas. Esto, señores, no es una vaina nueva, pues el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, lo reiteró sin rodeos el pasado domingo, luego de unos incidentes que se armaron en el Estadio Olímpico Félix Sánchez. Esta medida de prohibir partidos se siente como un batazo que cambia el juego, y ahora mismo es lo que hay.
Deschamps, según reportes al Listín Diario, dejó bien claro que la federación respeta la posición oficial del Ministerio de Deportes (Miderec), entendiendo que son las autoridades gubernamentales quienes tienen la potestad de poner las reglas del juego. ‘Nosotros acogemos y respetamos la decisión que ha tomado el Gobierno dominicano. Como federación, nos toca actuar dentro del marco institucional y mantener la comunicación con los organismos del fútbol internacional’, explicó el presidente de Fedofútbol, marcando una raya institucional que, a leguas, se ve que es firme.
La reiteración de esta medida se dio de una vez, justo después de que se anunciara un partido de alto calibre: el Violette AC, de Haití, contra el Portmore United, de Jamaica. Este encuentro, que formaba parte de las semifinales de la Copa Caribeña de la Concacaf, estaba pautado para jugarse en el moderno estadio del Cibao Fútbol Club, allá en Santiago. Parece que la situación, que ya venía cocinándose, llegó a su punto de ebullición con este anuncio, poniendo en jaque la programación internacional.
El ministro Kelvin Cruz, como autoridad competente, ya confirmó que comunicará la decisión de manera oficial a las grandes ligas del fútbol mundial, la FIFA y la Concacaf. Esto es clave para evitar que se sigan armando coros con la programación de futuros encuentros que involucren a representaciones haitianas en territorio dominicano. La intención es que todo esté claro como el agua, y que no haya espacio para sorpresas ni malentendidos que pudieran complicar más el panorama deportivo regional.
El origen de toda esta situación, que ha puesto al fútbol dominicano en el ojo del huracán, se remonta al primero de octubre. Fue en esa fecha cuando se registraron incidentes en los accesos del Estadio Olímpico Félix Sánchez. El ambiente se puso tenso antes de un partido trascendental entre las selecciones nacionales de República Dominicana y Haití, dejando un mal sabor que, a la postre, desencadenó esta drástica medida gubernamental.
Y para que no quedara duda de que esta no era una decisión a la ligera o de un solo incumbente, el propio presidente Luis Abinader salió a respaldar la postura. El mandatario confirmó que lo planteado por el ministro de Deportes no es más que la posición oficial del Gobierno dominicano. Eso deja más que claro que la medida es un asunto de Estado, con el respaldo presidencial, lo que le da un peso ‘jevi’ a la determinación de no permitir dichos encuentros en el patio.
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