Tras las huellas del caballo de Troya… ¿Existió realmente?

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Una ofrenda a Atenea se dirige hacia las murallas de la ciudad de Troya. Aunque está fortificada, abre sus puertas para que un vigoroso caballo de madera entre bajo la atenta mirada de los centinelas. Nosotros sabemos de sobra lo que sucederá a continuación, aunque ellos no: llega la noche y los guerreros salen del caballo, asesinan a los centinelas y abren las puertas de la ciudad para que entre el ejército aqueo. Esto provoca la caída definitiva de Troya.

El primero en hablar del caballo de Troya fue Homero en ‘La Odisea’, aunque algunos autores posteriores como Virgilio también recogieron la historia, dotándola del misticismo actual. El caballo que escondió hombres en su interior, en la que es probablemente la guerra antigua más famosa de la historia (lo que es irónico, teniendo en cuenta que no se sabe si realmente sucedió). La cuestión es, ¿existió realmente? ¿Se basa en algún evento remotamente real?

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De animales y hombres

Eso de un animal hueco del que emerge un ser humano no es exclusivo del famoso caballo de Troya. El toro de Falaris, por ejemplo, solo podría salir de una mente desquiciada. Según la leyenda se trataba de un instrumento de tortura que se atribuye a un tirano de Acragas (Sicilia): los infelices ajusticiados se introducían en el interior del toro, que en realidad era una estatua de bronce hueca. Esta, se colocaba encima de una hoguera, con lo que la temperatura en el interior aumentaba como en un horno. Los alaridos y gritos de las víctimas salían por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía. Para añadirle mayor terror al asunto, la leyenda cuenta que Perilo (su diseñador) murió condenado a ser introducido en su propia creación.

Gracias al prusiano Heinrich Schliemann sabemos que Troya no era un lugar ficticio, sino que se ubicó en su tiempo en el occidente de Anatolia, actual Turquía

En el caso de la guerra de Troya, sus personajes y su famoso caballo, se ha cuestionado durante años si realmente se trataba de algo real o ficticio. El prusiano Heinrich Schliemann descubrió apenas hace un siglo que Troya, que se había considerado durante siglos un lugar meramente ficticio, en realidad existía. En 1868 viajó a Grecia y por primera vez visitó Ítaca. Contrató a algunos hombres para realizar pequeñas excavaciones basándose en relatos de Heródoto o Jenofonte. También estuvo en Micenas y los Dardanelos y recorrió a caballo la llanura de Troya. Como desde niño había leído las historias de Homero, estaba convencido de que describían una realidad histórica, lo que le hizo emprender expediciones en Grecia y Asia menor para encontrar los lugares descritos en ellos. Fue en 1870 cuando comenzó a excavar las ruinas de Troya y, aunque cometió alguna barbaridad arqueológica, descubrió gracias a ello el famoso Tesoro de Príamo. La opinión de todo el mundo cambió: Troya no era un lugar ficticio, sino que se ubicó en su tiempo en el occidente de Anatolia, actual Turquía, sobre la costa mediterránea de Asia menor.

Una boda y una guerra

Pero si Troya existió, ¿pudo haber entonces una guerra y, por tanto, también un caballo? Recordemos la historia: si nos remontamos en el tiempo, todo empezó con una boda y terminó en una guerra. Durante la boda del héroe griego Peleo con la ninfa Tetis, Zeus cometió el error de olvidarse a una invitada mientras escribía la lista: Éride, la diosa de la Discordia. Si conocemos a Maléfica de ‘La bella durmiente’, sabemos de sobra que eso de que no te inviten a una celebración generalmente no sienta muy bien. La diosa acudió al banquete con rebeldía, a pesar de todo, con una manzana de oro que estaba destinada a la más bella de todas las que se encontraban en el mismo. ¿El problema? Tanto Afrodita, como Hera y Atenea, se creían merecedoras de tal título.

placeholderAquiles vendando a Patroclo, dos de los héroes en la historia de la guerra de Troya.
Aquiles vendando a Patroclo, dos de los héroes en la historia de la guerra de Troya.

Así estaban las cosas. Para deshacer el entuerto, las tres diosas decidieron contar con la imparcial visión de París, hijo del rey de Troya, Príamo. Por supuesto, lo de la imparcialidad se daba solo en la práctica, pues las tres decidieron ganarse los favores del juez con un obsequio. El de Afrodita fue el preferido y, por tanto, ella fue la triunfadora; si la elegía, podría desposarse con la mujer más bella (de la Tierra, claro): Helena de Troya. Esta ya estaba casada con Menelao, rey de Esparta, por lo que su rapto supuso el comienzo de la guerra de Troya, pues Menelao convocó a los reyes de la alianza aquea con el objetivo de traer a Helena de vuelta. Hera y Atenea, al no haber sido las elegidas, decidieron tomar partido por los griegos y no cesar hasta que la ciudad fuera pasto de las llamas. Troya se sitió durante nueve años.

Los antiguos griegos y autores como Heródoto consideraban que la Guerra de Troya realmente había sucedido y era lo que explicaba las malas relaciones entre griegos y persas

Aunque con ciertas variantes según quién cuenta la historia, los protagonistas de la misma están claros y son conocidos por todos. El héroe Aquiles, su amigo Patroclo (al que Héctor asesina en batalla confundiéndolo con Aquiles), Odiseo (no solo protagonista de la Odisea, también el artífice del caballo), Héctor (hermano de París y uno de los mejores guerreros troyanos)… la guerra de Troya reunió a muchos de los héroes más famosos de la Antigüedad y es uno de los poemas épicos más importantes en Occidente.

La realidad detrás de la guerra

Los antiguos griegos y autores como Heródoto consideraban que la Guerra de Troya realmente había sucedido. De hecho, apostaban porque los hechos habían tenido lugar en el siglo XIII o en el XII a.C, que explicaban las malas relaciones entre persas y griegos y afirmaban que Troya estaba situada cerca del estrecho de Dardanelos en el noroeste de la península de Anatolia (y, por lo que se descubrió después, no andaban muy desencaminados). Por supuesto, mucho del misticismo que tiene la historia, repleta de dioses y héroes, no es más que leyenda, y en la actualidad se cree que podría representar una amalgama de distintas guerras que se sucedieron, en lugar de una sola.

La realidad detrás de caballo

‘La Odisea’ de Homero, ‘La Eneida’ de Virgilio, obras perdidas en la actualidad de Arctinio de Mileto y Lesques… el caballo de madera ideado por Odiseo aparece en multitud de historias, lo que lleva, lógicamente, a que los griegos asumieran que podría haber sido real. Aquí van algunas teorías factibles sobre el mismo.

Algunos sostienen que el caballo fue en realidad un barco. Otros, que se trata de una alegoría de un terremoto que asoló la ciudad

La primera es que no existió. En el mundo griego, el caballo era el símbolo de Poseidón (dios del mar y los terremotos), por lo que cuando se habla del caballo en realidad se hace referencia a una metáfora de un terremoto que podría haber destrozado la ciudad.

placeholderDetalle del vaso de Mikonos, una de las primeras representaciones del caballo.
Detalle del vaso de Mikonos, una de las primeras representaciones del caballo.

En relación con esto, hay una teoría aún más trabajada: los relatos del estilo de la ‘Ilíada’ proponen momentos oscuros de ruina, y que de las derrotas se pueden conseguir victorias. Según los registros, en algún momento alrededor del año 1.200 a.C. el antiguo mundo Mediterráneo oriental griego sufrió una serie de grandes catástrofes. Estas calamidades incluyeron la destrucción física de ciudades, migraciones masivas y una degradación cultural total que causó consecuencias negativas de todo tipo: económicas, políticas, sociales y psicológicas. A esto siguió una edad oscura que perduró cuatro siglos que terminó con un renacimiento en el siglo VIII a.C: los griegos redescubrieron la escritura, inventaron un nuevo alfabeto y reiniciaron el comercio. Así surgió la necesidad de crear una historia como la de la guerra de Troya (y su caballo): una historia en una edad de oro antigua donde los griegos eran imparables, podían reunir miles de barcos o castigar a las ciudades por haber osado raptar a una de sus mujeres.

Según Tiboni, pese a lo preciso que era Homero en sus descripciones, no habla en ningún momento de cómo era el caballo

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Pero hay una hipótesis incluso más curiosa: el caballo no fue tal, sino un barco. Según explicó en 2017 el profesor Francesco Tiboni, de la Universidad Aix Marsella, en realidad se habría tratado de una traducción o interpretación errónea de lo que los antiguos griegos solían llamar ‘Hippoi’: un barco mercante con cabeza de caballo en la proa que utilizaban los marineros fenicios y que probablemente era conocido por autores clásicos como Homero. Tiboni aseguraba además que Homero, pese a lo preciso que era en sus descripciones, no menciona en ningún momento cómo era el caballo. No obstante, muchos expertos no están de acuerdo con esta teoría debido a que existen representaciones antiguas del propio caballo, como la que muestra el vaso de Mikonos: una vasija funeraria del siglo VII a.C. La teoría del caballo aportaría realismo a la historia, pero la epicidad del caballo es mucho más legendaria, por lo que puedes quedarte con la que prefieras.

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