¡Mi gente! En estos tiempos modernos, donde la vida se mueve más rápido que una guagua sin freno, a uno le aparecen `un viaje de` situaciones que lo dejan a uno con la boca abierta. Una de esas `vainas` que están dando `un coro` por ahí, sobre todo entre la muchachada, es el fenómeno therian. ¿Que tu `Hijo Therian` te dice que se siente como un lobo o un gato por dentro? ¡Ay Dios mío! Antes, eso era `de una vez` para el curandero o la bruja. Pero `asegún` la ciencia, la cosa no es tan dramática como parece. Vamos a desentrañar este asunto con `calma y tiza`.
El `fenómeno therian` se ha vuelto `jevi` en las redes sociales, en los foros y hasta en videos virales. Mucha gente se pregunta qué es este `coro` de que alguien diga que no se siente del todo humano. Para algunos, es una forma muy íntima de entenderse a sí mismos; para otros, es una rareza más que ha parido el internet; y para la psicología, es un terreno que todavía se está explorando. La verdad es que esto no es `un relajo` para quienes lo viven.
Entonces, ¿qué significa ser therian? Pues mira, `de una vez` te digo que no es que la gente se cree que se transforma físicamente en un animal, ¿oyes? No, no, no. La mayoría de las veces, se trata de una sensación subjetiva bien profunda. Es como decir: “soy humano por fuera, sí, pero por dentro me siento como un lobo, un gato, un ciervo… o cualquier otro animal que le dé la gana”. En estas comunidades, se habla de `mental shifts`, que son como cambios momentáneos en cómo se perciben a sí mismos, o hasta sensaciones corporales imaginadas, como si tuvieran orejas o cola, aunque no estén ahí de verdad. Suena extraño, lo sabemos, pero los que lo experimentan lo describen como algo muy personal, no como `un show` para los demás.
Es importante aclarar, para que no haya confusiones ni `chercha`, que ser therian no es lo mismo que ser furry. El mundo furry está más ligado a la estética, a los disfraces de animales o a la cultura pop, como `un carnaval` moderno. El therianismo, por otro lado, se presenta como una identidad bien íntima, a veces con un matiz espiritual, otras veces más psicológico, y a menudo difícil de explicar incluso para la persona que lo siente. No es `un bacaneo` de disfrazarse, es `un sentimiento` `bien profundo`.
Aunque la palabra “therian” es moderna y nació en internet allá por los años noventa, la idea de que lo humano y lo animal se mezclan no es nueva, ¡`para nada`! Esa vaina es más vieja que andar a pie. Durante siglos, nuestros ancestros en todas partes del mundo contaban historias `chulísimas` de hombres lobo, chamanes que adoptaban formas animales, tótems protectores, dioses híbridos con cuerpo de gente y cabeza de animal, o guerreros jaguar. Aquí mismo, nuestros `taínos` tenían sus `cemíes` que representaban la fuerza animal. Lo animal siempre ha sido una metáfora `bacana` para hablar de lo que somos por dentro, de nuestras fortalezas y de nuestros miedos.
La gran diferencia ahora es que antes estos relatos vivían en los mitos, en las leyendas que se contaban `en la sala` o `debajo de un palo de mango`. Hoy, viven en los foros de internet, en TikTok y en Discord. El internet no inventó la experiencia en sí, pero hizo algo `súper importante`: permitió que personas que se sentían así, dispersas por todo el mundo, encontraran un nombre para lo que les pasaba, un grupo con quien compartirlo y un lenguaje común. Y cuando algo tiene una comunidad, deja de ser una rareza individual para convertirse en una identidad compartida, `un coro` con el que muchos se sienten identificados.
Aquí es donde a veces salta un concepto que a algunos les da `un poquito de julepe`: la licantropía clínica. La psiquiatría lleva siglos documentando casos de personas que creen, literalmente, que se han convertido en animales. Esto es `bien raro` y se asocia a trastornos psicóticos o episodios psiquiátricos serios. Pero ¡ojo!, eso no es lo mismo que el fenómeno therian de ahora. La licantropía clínica implica un delirio real, un `engaño` donde la persona cree que se transformó físicamente. El therianismo, por lo general, es una vivencia simbólica. Confundir ambos fenómenos sería como confundir `una fiebrecita` con `una pulmonía`, o `un sueño jevi` con la vida real.
Entonces, `qué es lo que está pasando en realidad`? Para entenderlo, quizás tengamos que mirar menos a la psiquiatría y más a la psicología de la identidad. Los seres humanos no somos solo cuerpos, ¡somos `un viaje de` relatos! El psicólogo Dan P. McAdams, `un duro` en esto, dice que construimos nuestra identidad como una historia coherente sobre quiénes somos. Y a veces, esa historia necesita símbolos potentes.
Para algunas personas, el animal funciona como un espejo emocional: fuerza, independencia, instinto, pertenencia, libertad. Decir “me siento lobo” puede ser una forma intensa de decir “no encajo del todo”, “me siento diferente”, “hay algo salvaje en mí”. La pregunta clave no es si alguien “es realmente” un animal, sino qué `carajo` está expresando con esa imagen. Es una forma de darle voz a sentimientos complejos que, quizás, no encuentran otra manera de salir.
No es `casualidad` que muchos testimonios therian aparezcan en adolescentes y jóvenes. Esa es la etapa donde uno anda buscando su identidad `a pie y a caballo`, como decimos aquí. Los adolescentes necesitan pertenecer a `un coro`, pero también necesitan diferenciarse, ser únicos. Necesitan etiquetas para entenderse, pero también escapar de ellas. Y en internet encuentran algo que antes era imposible: comunidades enteras dedicadas a formas alternativas de ser. En una época donde muchos sienten soledad, ansiedad social o desconexión, la idea de una “manada” o `un coro` de gente con los mismos sentimientos puede ser más que una metáfora `chula`; puede ser `un alivio del alma`.
Ahora, `la pregunta del millón`: ¿y si esta `vaina` ocurre en mi casa? ¿Qué hago si mi `Hijo Therian` me sale con esto? Lo primero es que la psicología, `con toda la calma del mundo`, nos dice que explorar identidades en la adolescencia es `normalísimo`. Cambiar de estética, probar etiquetas, buscar comunidades afines… todo eso es parte del proceso de construirse uno mismo. Que un joven diga que se siente lobo, zorro o ciervo no significa automáticamente que tenga un trastorno mental, `¿me entiendes?`
La diferencia clave está en cómo se vive esa identidad. Si es una vivencia simbólica, una forma de expresar rasgos personales, sensibilidad o necesidad de pertenencia, estamos ante un fenómeno cultural e identitario que `está de lo más bien`. Pero si la persona cree literalmente que se transformó, pierde contacto con la realidad, o no puede funcionar en su vida diaria, ahí sí que hay que `meterle mano` y consultar con un profesional. Desde la psicología del desarrollo, el consejo es `sencillito`: escuchar antes de reaccionar. Preguntar qué significa para esa persona sentirse así suele dar más información que prohibir o ridiculizar. Muchas veces, detrás de la etiqueta, hay cuestiones más universales: sentirse diferente, no encajar, buscar `su coro`.
También es importante no convertir esa identidad en el único eje de la relación. Mantener las rutinas, los límites razonables y el diálogo abierto suele ser más eficaz que entrar en `una pelea` simbólica. La mayoría de las identidades que se exploran en la adolescencia evolucionan con el tiempo. Lo que permanece no suele ser la etiqueta, sino la experiencia emocional que la sostuvo. En resumen, la ciencia no habla de alarma generalizada, sino de contexto, matices y observación `serena`. Identidad no es sinónimo de patología. Y, como casi todo en la adolescencia, el fenómeno therian dice tanto de la etapa vital como del símbolo elegido para atravesarla.
Y claro, cuando un fenómeno así entra en casa, el debate deja de ser académico y se vuelve `más doméstico que un perro faldero`. ¡Es una realidad! Porque una cosa es sentirse lobo por dentro… y otra es que los adultos empiecen a imaginar las consecuencias prácticas. Las redes sociales están llenándose de comentarios de gente que no termina de comprender el fenómeno, `y eso está de lo más bien`. La idea no es ridiculizar a nadie, solo es un estado de `desconcierto` ante las incoherencias que pueden desencadenar estas nuevas tendencias. Aquí te dejamos algunos ejemplos con `un toquecito de humor del patio`:
- Los lobos no necesitan WiFi, necesitan monte, `así que te cambio la contraseña de una vez`.
- Si eres un gato, `te quito el móvil`, que los gatos solo quieren `un buen puñado de sardinas`.
- Los zorros no se preocupan por el algoritmo de Instagram, `mi amor`.
- Los lobos no hacen videos de TikTok, ¡`no joda`!
- Si eres un animal salvaje, `el aire acondicionado` es un lujo muy humano. ¡`Ponte a pasar calor`!
- Los osos no piden comida a domicilio, `ahí tienes la basura en el patio para que rebusques en ella`.
- Si eres lobo interior, supongo que también renuncias a la contraseña de Netflix, `¿verdad?`
El humor aquí no va contra nadie, ¡`para nada`! Va contra nuestra necesidad humana de encajar lo extraño en lo cotidiano. Es un `mecanismo de defensa` que tenemos los dominicanos para `cogerle el golpe` a las cosas nuevas.
Ha quedado `más claro que el agua de un río` que el fenómeno therian genera reacciones extremas. Para algunos es una forma legítima de identidad simbólica. Para otros es una moda absurda. Para otros, un síntoma cultural de una época donde el yo se fragmenta en mil versiones. Lo cierto es que no hay una única explicación, `mi gente`.
Ser therian puede ser espiritualidad, metáfora, estética, búsqueda de comunidad o una mezcla de todo eso. Y quizás lo más interesante no sea decidir si es “real” o “ridículo”, sino entender qué nos dice sobre nosotros como sociedad. Porque al final, el ser humano siempre ha buscado símbolos para explicarse a sí mismo. Antes eran dioses, `los santos` o los `cemíes` de nuestros `indios`. Ahora, a veces, son lobos. `¡Así es la vida!`
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