¡Klk, mi gente! Aquí estamos, en la antesala de lo que se perfila como un evento histórico para la pelota dominicana. Cada vez que llega el Clásico Mundial de Béisbol, la República Dominicana se paraliza, el corazón nos da un brincoteo y el orgullo patrio se nos sube por la coronilla. Es una vaina increíble ver a nuestros peloteros, a nuestros “tigueres” de Grandes Ligas, unirse bajo la bandera tricolor. Y este año, la conversación está en su punto más álgido, con una afirmación que ha puesto a todo el mundo a hablar: según Edwin Encarnación, uno de los héroes del 2013, este es el mejor equipo que RD ha llevado al Clásico en toda la historia. ¡Y eso es mucho decir, mi hermano!
Edwin, el mismo que nos regaló aquel palo memorable en la final del 2013, no se anda con chiquitas. Él, que sabe de esto un viaje, porque estuvo en el terreno y sintió la presión y la gloria de ese equipo invicto, ahora nos asegura que la profundidad y el talento de la escuadra actual supera con creces cualquier otra que hayamos armado. Y si lo dice Edwin, ¡hay que escucharlo! El balance del roster, la capacidad de tener estrellas en cada posición y hasta en la banca, es lo que lo tiene a él y a muchos de nosotros con una chercha que no nos cabe en el pecho.
Recordemos el 2013, un año chulo donde la República Dominicana, bajo el mando del legendario Tony Peña, se alzó con la copa de manera invicta. Fue una gesta histórica, un coro de hermanos que se unieron por la patria. Aquel equipo tenía su sazón, su “flow”, pero según Encarnación, la versión actual está a otro nivel. “Si tú lo ves nombre por nombre, posición por posición, esos muchachos son de los mejores en su posición en Grandes Ligas”, dijo Edwin, destacando la velocidad, el poder y la defensa que adornan este conjunto. Es que no es un tigueraje cualquiera; son tipos que están encendidos en sus ligas, rompiéndola día tras día.
La comparación que hace Edwin entre el 2013 y este equipo es bien interesante, sobre todo en el aspecto del pitcheo. En aquel entonces, tuvimos brazos de calidad, pero la nómina actual de lanzadores abridores y relevistas es de otro planeta. Esos muchachos que suben al montículo son estelares de Grandes Ligas, capaces de tirar fuego y resolver situaciones complicadas. En un torneo corto como el Clásico, donde cada entrada cuenta y no hay espacio para errores, tener un bullpen compacto y lleno de brazos duros es una ventaja que no tiene precio. Es una seguridad que te permite estar de lo más bien, sabiendo que, si la vaina se aprieta, hay quien resuelva.
Pero más allá del talento en bruto, hay un componente emocional que Edwin subraya y que es clave para entender la mentalidad dominicana. Él recordó cómo la dolorosa eliminación del 2009, a manos de Países Bajos, se convirtió en el combustible que encendió la chispa del 2013. Aquel “coro” de jugadores usó ese recuerdo amargo como motivación pura, como una especie de espinita que los impulsaba a darlo todo en cada juego. “En la primera reunión que hicimos, todos hablamos, todos lloramos y nos recordamos de esa derrota del 2009”, reveló Encarnación. Y si lo del 2009 sirvió, ¿por qué no lo del 2023? La eliminación temprana en el Clásico anterior, aunque fue un trago amargo, puede ser esa misma gasolina emocional para los “tigueres” de ahora. Esa es la chispa que necesitan para ir por la corona de una vez.
Para nosotros, los dominicanos, el béisbol no es solo un deporte; es una parte intrínseca de nuestra cultura, de nuestra identidad. Desde que somos chiquitos, con un palo de escoba y una tapa de leche, ya estamos jugando pelota en el callejón. Ver a nuestros peloteros triunfar en las Grandes Ligas es un orgullo inconmensurable, pero verlos con el uniforme de la Patria, defendiendo los colores de nuestra bandera en un escenario mundial, ¡eso es jevi de verdad! El Clásico Mundial es una fiesta nacional, una oportunidad para mostrarle al mundo el talento y la pasión que brotan de esta pequeña isla.
La influencia de República Dominicana en el béisbol mundial es innegable. Nuestros jugadores no solo llenan los rosters de las 30 organizaciones de Grandes Ligas, sino que también son figuras clave, líderes y MVPs. La lista de estrellas dominicanas es larga y se alarga cada año, demostrando que aquí hay una cantera inagotable de talento. Y cuando estos “monstruos” del bate y del guante se unen, la expectativa es que no hay quien los pare. Es la oportunidad perfecta para que el mundo vea de lo que somos capaces, no solo con el talento físico, sino también con el espíritu indomable que nos caracteriza.
Edwin también compartió sus vivencias personales, esos momentos que se quedan grabados en la memoria. El debut en 2013, frente a Venezuela, con unos nervios que él mismo dijo que no había sentido nunca. “Representar a tu país por primera vez es algo increíble, algo que no se puede describir”, confesó. Y claro, el batazo en la final contra Puerto Rico, el que impulsó las primeras dos carreras del triunfo 3-0, un batazo que él mismo calificó como “el mejor de mi carrera”. Esos son los momentos que hacen que el Clásico sea tan especial, no solo para los jugadores, sino también para todos los que los apoyamos.
El espíritu de aquel equipo del 2013, esa unión y esa fe que mencionaba Edwin, con líderes espirituales como Santiago Casilla, Samuel Deduno y Wellington Castillo, y la dirección de Tony Peña, es lo que se espera replicar. Tony era un líder bacano, que escuchaba a sus jugadores y siempre hacía la jugada correcta en el momento justo. Esa química, esa hermandad, es lo que distingue a los equipos dominicanos cuando se juntan. Y con este nuevo grupo de “tigueres”, con tanto talento y la misma pasión, la República Dominicana está lista para dar tremenda batalla y, con la ayuda de Papá Dios, levantar otra vez el trofeo. ¡Que venga el Clásico, que aquí estamos ready!
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