¡Klk, mi gente! Nos llegó una noticia que, honestamente, está de lo más bien y nos llena de esperanza. Las autoridades y un viaje de instituciones ligadas a la inclusión social han metido el pie a fondo para impulsar un enfoque de vida independiente para las personas con discapacidad en nuestra República Dominicana. Este tema, que antes se veía como una vaina lejana, ahora está cogiendo un vuelo bacano, y eso es un avance chulo.
Recientemente, se armó un seminario internacional aquí mismo en la capital, una iniciativa que, asegún lo que se comenta, fue organizada por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA). El objetivo principal de este junte fue reflexionar a fondo sobre la necesidad urgente de mover el bate hacia políticas públicas que realmente reconozcan la autonomía, la participación plena y, sobre todo, la capacidad de tomar decisiones de las personas con discapacidad, dejando atrás de una vez y por todas ese viejo modelo médico tradicional que tanto limitaba.
Para entender la magnitud de este cambio, es bueno recordar de dónde venimos. Por años, la sociedad dominicana, como muchas otras, ha operado bajo un \”modelo médico\” de la discapacidad. Esto significaba ver la discapacidad como una enfermedad o un \”defecto\” que debía ser curado o, en el mejor de los casos, \”cuidado\” por otros. Bajo este esquema, la persona con discapacidad era vista más como un paciente pasivo que como un ciudadano con derechos y potencial. No es que la medicina no sea importante, ¡claro que sí!, pero no puede ser el único lente para ver la situación.
La verdad del asunto es que el modelo que se está promoviendo ahora es el \”modelo social\” de la discapacidad. Este enfoque plantea que la discapacidad no es el individuo, sino la sociedad y sus barreras (físicas, actitudinales, de comunicación) las que limitan la participación plena de las personas. Por ejemplo, una persona en silla de ruedas no es \”discapacitada\” por su condición, sino por la falta de rampas, ascensores o transportes accesibles. ¡Ahí es que está el tigueraje, en cambiar el entorno, no a la gente!
En este seminario tan jevi, tuvimos la dicha de escuchar al presidente del Centro de Vida Independiente MUCHU, Kozo Hirashita, quien nos tiró la línea clara desde Japón. Él enfatizó que la autonomía no significa que uno tenga que \”hacer todo sin ayuda\”, ¡para nada! Es más bien tener el poder de decidir cómo quieres vivir y participar en la sociedad, contando con los apoyos que sean necesarios. Imagínense, esa es una vaina de empoderamiento que cambia el juego completo.
Aquí en Quisqueya, aunque hemos avanzado, todavía tenemos un camino por recorrer. La Ley 5-13 sobre Personas con Discapacidad en la República Dominicana es un buen punto de partida, pero ponerla en práctica al 100% es un desafío constante. Tenemos que mejorar la accesibilidad en nuestras calles, en las guaguas, en los edificios públicos y privados. La falta de rampas, de semáforos sonoros, o de señalización braille sigue siendo un palo acechador para muchos de nuestros hermanos y hermanas con discapacidad.
La implementación de centros de vida independiente, como los que se mostraron con ejemplos internacionales durante la jornada, es clave. Estos centros, muchos de ellos gestionados por las propias personas con discapacidad, ofrecen un sinnúmero de servicios vitales: desde asistencia personal, formación para el empleo, hasta acompañamiento psicosocial. Imagínense el impacto que tendría un coro de estos en cada provincia, dándoles a nuestra gente las herramientas para valerse por sí mismos.
El beneficio de impulsar la vida independiente va mucho más allá de la persona individual; es una ganancia para todo el país. Cuando las personas con discapacidad tienen la oportunidad de estudiar, trabajar y participar plenamente, contribuyen a la economía, al desarrollo social y enriquecen la diversidad de nuestra nación. Reducimos la dependencia, fomentamos la innovación y, lo más importante, construimos una sociedad más justa y equitativa. Es un ganar-ganar, mi gente.
Los que participaron en el evento cerraron el coro reafirmando un principio fundamental que no es un bulto: \”nada sobre nosotros sin nosotros\”. Esta frase es un grito de guerra, una exigencia de que todas las políticas, programas y decisiones que afecten a las personas con discapacidad deben ser tomadas con su participación activa y directa. No es cuestión de hablar por ellos, sino de escucharles y trabajar codo a codo con ellos.
Así que, este seminario y el compromiso de nuestras autoridades, junto con el apoyo de entidades como JICA, marcan un paso importante. Es un llamado a la acción para todos: gobierno, sector privado, organizaciones de la sociedad civil y cada dominicano. Debemos seguir empujando para construir una República Dominicana donde la accesibilidad no sea un lujo, sino un derecho; donde la inclusión sea una realidad cotidiana y donde cada persona, sin importar su condición, pueda vivir una vida plena, autónoma y, sobre todo, ¡bien bacana!
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