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EL AUTOR es ministro cristiano. Reside en La Vega.

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El nombre judío viene de la tribu de Judá, unos de los hijos de Jacob, cuyo nombre fue cambiado por el de Israel. Esta tribu tenía la ventaja de que David, rey de Israel, recibió de Jehová Dios, el privilegio de siempre tener descendiente de él en el trono de Israel. David era miembro de esta tribu, por consiguiente, un descendiente de David, hijo de Isaí, debía tomar el trono del reino terrenal de Israel, como, del reino espiritual de Dios.

José era descendiente de la tribu de Judá, por consiguiente, cuando el emperador Augusto César, dio el edicto de que todos tenían que ser empadronados, en el lugar de su origen, José tomó a María quien ya estaba embarazada, por obra del Espíritu Santo, y fue con ella a Belén de Judea para ser empadronados. Estando en su lugar de origen, le sorprendieron los dolores de parto a María, dando a luz en un pesebre a Jesús.

Desde su nacimiento, en Belén, Jesús, siendo judío fue maltratado, pues no hubo un buen lugar para su nacimiento, sino en el corral de animales. La Luz del mundo estaba presente, pero el mundo estaba ajeno al Bendito que nacía. Como un pobre mendigo fue tratado por las circunstancias y sobre todo por los hombres y mujeres de la época, ¿dónde estaba el sentido de humanidad, de solidaridad para con una mujer embarazada y el niño que nacería?

Dos años más tarde, este niño con sus padres, tuvo que viajar de Belén a Egipto, para evitar la persecución de Herodes, quien le buscó para matarle. Ellos caminaron por el desierto hacía el lugar donde sus antepasados fueron esclavizados. Allí duraron hasta la muerte de Herodes, para luego regresar y no poder quedarse en el lugar que ellos debieron quedarse, porque Arquelao, el hijo de Herodes estaba gobernando, y podía buscar al niño para matarle.

Jesús era un verdadero judío, por su ascendencia y por su nacimiento. Como judío perteneció a una de las dos tribus que formaron el reino del sur, junto a la tribu de Leví, la cual que estaba dedicada al sacerdocio. No era un pueblo muy grande, y se puede decir, era un pueblo de poca importancia. Jesús no gozó de ver las doce tribus de Israel, ni siquiera que su tierra fuera libre, ellos eran una provincia romana, eran semi- esclavos, pagando tributos al Imperio.

El peor de los maltratos lo recibió de los religiosos de su pueblo, comenzando con los de la religión oficial, encabezado por los principales sacerdotes del judaísmo, seguido de los fariseos, saduceos, herodianos y los ancianos del pueblo, quienes siempre estuvieron contra él. Durante su ministerio que inició a los treinta años, fue perseguido, difamado, tentado, menospreciado, entre otras penurias. Jesús fue un judío maltratado por sus propias gentes.

El éxito de Jesús producía en sus compueblanos envidia, por lo que, no sólo buscaban dañar las obras de él, sino que buscaban como deshacerse de él. Lo bueno que él hacía, sus verdugos lo presentaban como que estaba pecando. El vivió una contradicción de pecadores, pues buscando el bien para ellos, ellos le hacían el mal. Pero, aún, así, Jesús no dejó de ser bueno. Era un judío maltratado, pero seguía siendo bueno.

Los judíos no pudieron acusarle conforme a su religión, puesto que él no desobedeció ningún mandamiento. Sin embargo, la jerarquía religiosa entendiendo  que si lo enfrentaban contra el imperio, entonces éste le mataría. Así que, le llevaron a Pilato y le acusaron ante él, diciendo de que se había hecho rey, pero que ellos sólo tenían un rey al César. Aunque Jesús nunca buscó el reinado terrenal de Israel, ellos se valieron de malicia y lograron que Pilato, por miedo ante la posible acusación ante el César, le sentenciara su muerte.

Judíos y romanos causaron muchos sufrimientos a un judío inocente, perfecto y santo. Ellos con su ceguera espiritual, no percibieron que ante ellos estaba la vida, la vida eterna. Pregunto, ¿Cómo no vieron la inocencia, y a la vez, al santo hombre que estaba ante ellos? Era Dios, hecho Hombre, demostrado con su conducta, su poder y sus enseñanzas. Un judío maltratado, crucificado, desechado, calumniado y negado. Sin embargo, fue glorificado al lado del Padre Celestial, con la gloria que antes de nacer tuvo. Gracias Jesús por tu humildad y amor. Eres Glorioso, Señor Jesús.

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