Una mirada integral y definitiva al XI Festival de Cine Fine Arts

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Cuando aún no se ha disipado el impacto de dos producciones de cine -Sol en el agua (Francisco Adolfo Valdez) y La Feria y la Fiesta (Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas) ha concluido formalmente, el pasado miércoles 22, el XI Festival de Cine de Fine Arts, con una oferta cinematográfica de producción local,  cuyo principal impacto ha sido el notable cambio  postura frente a las etiquetas que ha fabricado una parte del mal cine dominicano.

Tienen bien merecido el reconocimiento los organizadores de Caribbean Cinemas, al frente del cual está Zumaya Cordero, responsable del concepto para estructurar la cartelera oportuna, tras dos años de impedimento de estrenos y la condición especial de contar con un universo de calidad de películas dominicanas.

La película ganadora fue Candela (Andrés Farías Cintrón), crónica vivida, mágica del multi expresivo universo de personajes y espacios de lo caribeño, un filme policial de desgarradoras y hasta divertidas situaciones y personajes propios de la imaginación de Rey Andújar y que marca muy claramente una orientación, esa que une al cine con la buena literatura, unidad que tiene en este título, su más alta expresión artística.

A pesar de contar con una plataforma literaria de buenas obras adaptables al cine, es raro encontrar directores que se decidan por validar las letras nacionales. Candela fue la mejor unidad conformada del cine nacional con la literatura de aquí.

La calidad interpretativa en Candela, su banda sonora y en particular su dirección de arte, cuidada al extremo, expresaron el cromático vivo del Caribe, es marco de matices y expresiones y sus personalidades retorcidas densas y profundas, particularmente en el caso del protagonista, el joven actor cubano, César Domínguez, que impregna un estándar histriónico de enorme densidad y debió soportar hasta seis horas de maquillaje para ser el ¨tiznao¨ y lograrlo impertérrito. Es un gran profesional de la actuación.

Otras actuaciones resaltantes deliciosas son las de Félix Germán (Pérez), – nos parece que la mejor lograda- Gerardo Mercedes (Don Polín), Ruth Emeterio, quien nos convence de ser trabajadora sexual y Sarah Jorge, con su mejor papel de su vida. El Cuervo se da el gusto de evidenciar una versatilidad desde su postura de personaje de soporte.

Candela era un proyecto ganador desde su concepto y guión, que fue sucesivamente premiado por diversas instancias de promoción del cine de valores alejados del quehacer audiovisual al que preocupa sobre todo la recaudación en boletas, haciendo lo que sea.

Entre las cintas de mayor calidad y trascendencia está Liborio (Nino Martínez Sosa) con un enfoque de la vida personal y familiar de este personaje y que ha sido criticada por no presentar aspectos como la matanza, pero se debe respetar el criterio de selección de enfoque del director. Y lo que se logra es una cinta de fuerza y alto nivel artístico y técnico sobre todo en fotografía, banda sonora y calidad de la interpretación, particularmente respecto de Vicente Santos, con el segundo mejor papel de su vida, luego de Cocote (Nelson Carlo de los Santos, 2019).

Otra sorpresa total fue Motel, concepto generado por Alan Nadal Piantini para La casita de producciones que le llevó a convocar a once directores jóvenes, proporcionarles una locación (un cuarto de Motel) y lo necesario para rodar un corto de 8 minutos como promedio.

Esos directores escribirían su guión, seleccionarían sus talentos actorales y técnicos, a partir de la locación dada. Todo lo presupuestal estaba a cargo de La Casita de Producciones. Lo que ha resultado es una producción coral que ofrece una clara idea de la creatividad fílmica joven dominicana.

De haber existido el Premio del Público (que ahora no figuraba en las bases del evento) habría ganado Motel. Humor, sarcasmo, drama, pasos en falso, lujuria caricaturizada e impotencias…todo en un título que debe ser visto por el público adulto dominicano. Una manera de mostrar la versatilidad de quienes abrazan el cine como expresión de historias que trascienden.

Las películas seleccionadas fueron: «Más que el agua» (cinta de apertura), y la de clausura, «La Boya», de David Maler. Las producciones que conformaron la cartelera fueron «Mosh», «La rasante», «Motel», «Sin aliento», «El blanco», «Liborio”, «Malpaso y «Candela».

La oferta incluyó dos documentales: «Santo Domingo»  (José Enrique Pintor),  proyecto que logra la hazaña de reconstruir la fundación de la ciudad con una inversión de talentos y recursos sin precedentes y muy bien invertidos los recursos para un presupuesto que logró un trabajo sobresaliente en  este género. El guión es de Pintor y Huchi Lora y el patrocinio del Banco BHD.

El otro documental es Nunca es demasiado tarde, el cual, a pesar de la tierna belleza de su tema (la liberación de tres manatíes tras años de ser mantenidos en estanques pequeños del Acuario Nacional y de la excelencia de la voz en off de Paula Ferri, no tenía el nivel para figurar como selección oficial por ser, como producción, pobre y excesivamente televisiva y propagandística. En cada festival hay una producción que no debería haber estado. Esta es una de ellas.

No estuvo en programación La Feria y la Fiesta, de Laura Amelia Guzmán a Israel Cárdenas, que fue estrenada en Fine Arts, de Novo Centro una semana antes del inicio del evento y que constituye probablemente junto a Candela, el hito cinematográfico más trascendente en términos de cine de arte y autor de facturación criolla.  

La película in memoriam, de Jean-Luis Jorge comporta una calidad internacional fuera de los localismos y es propia del nivel creativo de esta pareja cinematográfica. Es la película que no se puede dejar de ver, en la misma que está Candela.

Solo cine RD

La décimo primera edición del FICFA fue el primero dedicado enteramente al cine dominicano, debido a una inteligente decisión de su dirección que entendió que con dos años de cine dominicano de calidad producido y en general a cargo de jóvenes directores, era el momento de dar las pantallas a la producción nacional y de paso enfrentar prejuicios y estereotipos de quienes siguen pensando que existe un solo cine dominicano, el de su expresión más pobre.

Era claro el peligro de que el público no aceptara la propuesta, condicionado a la calidad de cine importado desde los festivales internacionales y proyectos de altísima calidad autoral y temática de otros años.

Pero la realidad, confirmó que era posible un festival de paga exitoso basado en producciones nacionales. Las salas de Novo Centro se vieron colmadas, en la boletería largas filas de cinéfilos procurando boletas para acceder a las proyecciones, dieron la más calidad comprobación de que el cine dominicano.

Recorrido crítico por la oferta

Mosh, (Juan Antonio Bisonó) estrenada en elFestival Internacional de Cine de El Cairo, Egipto, (2019) es una producción que vincula música y mundos interiores como expresión de un cine de arte marcadamente autoral. Es una película de director. Es el tipo de cinta con las que hay que ¨enganchar¨ emocionalmente, de ahí que no prendiera en parte del público y quien sabe si en los jurados del evento FICFA.

El Blanco. (Alejando Andújar). Este creativo director  y gestor del cine joven, fue responsable de una de las películas dominicanas de mayor trascendencia (El Hombre que cuida.2017) tuvo la oportunidad de realizar este drama que oscila entre lo familiar y lo social. Una de las piezas insignia del cine dominicano digno del día de hoy. Ojalá pueda ser apreciada y respaldada por el público.

Los premios

El veredicto: Mejor película: Candela; Mejor director: Andrés Farias Cintrón; Mejor Actor: Vicente Santos (Liborio); Mejor actriz: Judith Rodríguez (El blanco); Mejor actriz secundario: Karina Valdez (El Blanco); Mejor actor secundario: Félix Germán (Candela); Mejor corto: El buen hijo (INTEC) y Mención honorífica en Cortos: Chiquita (PCUMM). Los cortos participantes en el Festival cumplieron con el papel de asegurar que la próxima generación de buenos directores, está en camino.

El veredicto fue responsabilidad del jurado integrado, además de su presidente Félix Manuel Lora, por Pachico Tejeda, Jimmy Hungría, Joan Prats y Ariel Feliciano.

El festival FICFA fue un precedente: por vez primera siete días de cine criollo del nivel de mayor consistencia, madurez y expresividad creativa.

Otra característica fue su duración fue de una semana, no la quincena que se acostumbraba, suficiente para pases en varias oportunidades de las diez producciones bajo la óptica evaluativa de sus jurados.

Lo académico

Otra singularidad dejada de lado por los medios, fue su activo programa educativo mediante los paneles coordinados con la Dirección General de Cine y las escuelas o unidades de cine de las universidades Intec, Unibe. Pucamaima y la Escuela de Artes de Altos de Chavón.

Resaltó la ausencia de la UASD, respecto de la cual tal vez se pudo haber buscado una forma de tenerla presente. Es bueno recordar que la UASD, ha producido profesionales que nos han entusiasmado con sus proyectos. La participación de la Escuela de Cine UASD habría enriquecido el evento. Bueno tenerlo presente.

Los temas de los paneles fueron: Coproducción y Desarrollo de Proyectos, presentados con colaboración de DGCINE. Los paneles de Guión, Dirección de Actores y Exhibición/distribución), fueron responsabilidad de la dirección del Festival. 

Los expositores fueron: Tanya Valette, Amelia del Mar Hernández, y la profesora Taina Cárdenas, Fernando Santos, Manuela Germán, Gabriel Tineo, Alf Álvarez, José María Cabral, David Maler, Tabaré Blanchard, Zumaya Cordero, ofrecieron sus experiencias y puntos de vista, con algunas informaciones que el público estudiantil presente no encontraría nunca en los textos de sus manuales de texto. Una pena que a esta parte esencial que contribuye a la formación de la nueva generación de directores, no se le ofreciera un mayor despliegue.

Muy bien harían el Festival FICFA y DGCINE si se decidiera a publicar las exposiciones de los profesionales participantes, para lo cual sería necesario que cada expositor, saliendo del marco de su discurso oral, escriban sus ponencias a cinco o siete cuartillas, para armar esa publicación y que los conocimientos y experiencias expresados allí, no se pierdan y sirvan a estudiantes de cine y a amantes del arte audiovisual más colectivo que existe.