¡Klk, gente! Aquí estamos, como de costumbre, dándole seguimiento a los movimientos que ponen a pensar a más de uno en el coro de las finanzas globales. Y es que, miren qué vaina más interesante acaba de salir a la luz: las autoridades regulatorias de China le han dado una clara directriz a sus principales instituciones bancarias. ¿La misión? Reducir su dependencia de los bonos del Tesoro estadounidense. Sí, así mismo como lo oyen, los chinos están pidiendo a sus bancos que no pongan todos los huevos en la misma canasta, especialmente cuando se trata de la deuda de Washington.
Esta movida, que se comunicó verbalmente en las últimas semanas y fue reportada por el prestigioso Bloomberg, busca una cosa fundamental: mitigar los riesgos de concentración y proteger los balances de sus bancos de la volatilidad inherente al mercado de deuda gringo. No es que estén vendiendo a la carrera, no, para nada; es más bien una señal de precaución y diversificación. Esta vaina no afecta directamente las vastas tenencias oficiales del Estado chino, pero el mensaje es claro: ¡cuidado con esa exposición!
Desde hace un tiempo, se ha notado una tendencia. Las tenencias oficiales de China en bonos del Tesoro estadounidenses alcanzaron los 682.600 millones de dólares en noviembre de 2025, según los datos del Departamento del Tesoro de EE. UU. ¿Y qué? Pues que ese es uno de los niveles más bajos en una década. Una vaina que te dice que, aunque son un comprador importante, están pisando el freno poco a poco. Esa cifra, para ponerla en perspectiva, representa apenas un 2.4% del total de bonos en circulación, que anda por los 28.86 billones de dólares. ¡Un viaje de cuarto, señores!
Históricamente, los bonos del Tesoro de EE. UU. han sido considerados el activo “refugio seguro” por excelencia a nivel mundial. Cuando hay turbulencia en los mercados o incertidumbre geopolítica, los inversionistas grandes y pequeños, incluyendo bancos centrales y fondos soberanos de países como China, solían correr a comprar estos bonos. ¿Por qué? Porque se ven como una apuesta segura, respaldados por la economía más grande del mundo. Pero el panorama está cambiando, y China, con su tigueraje financiero, no quiere quedarse atrás ni exponerse a riesgos innecesarios.
La preocupación principal de los chinos viene por las posibles fluctuaciones bruscas en los precios de los bonos, especialmente en un entorno donde las tensiones fiscales y estratégicas entre Washington y Pekín están más que calientes. Hablamos de disputas comerciales, la situación en Taiwán, y hasta los planes de Donald Trump de disparar el gasto militar a 1.5 billones de dólares en 2027 si llega a la presidencia. Esa vaina crea una incertidumbre que pone a cualquiera a pensar. Para China, su seguridad económica es prioridad, y asegurar que sus bancos estén bien plantados es una jugada clave.
Ahora, ¿cuáles podrían ser las consecuencias de esta directriz? Si los inversionistas chinos bajan el ritmo de compra, aunque sea gradual, esto podría ejercer una presión alcista sobre los rendimientos de los bonos a largo plazo. En buen dominicano, el gobierno de EE. UU. tendría que ofrecer un poquito más de interés para que la gente compre su deuda. Esto encarecería el endeudamiento para Washington. El rendimiento del bono a 10 años, por ejemplo, que andaba por el 4.22% y luego bajó un chin a 4.18%, podría verse influenciado por este cambio en la dinámica de la demanda. Así de interconectado está el mundo, klk.
Pero ¡ojo! la cosa no es tan sencilla. Mientras China se organiza y diversifica, ha surgido un nuevo jugador en el mercado que está compensando, aunque sea parcialmente, esa retirada: ¡las stablecoins! Sí, esas criptomonedas cuyo valor está anclado a activos estables, como el dólar estadounidense. El crecimiento explosivo de las stablecoins, especialmente de Tether (USDT), ha creado una nueva demanda masiva de bonos del Tesoro. Es que, asegún los que saben, por cada nuevo dólar en stablecoins que se emite, se necesita un respaldo equivalente en bonos del Tesoro o efectivo.
¡Qué chulo, verdad! Esto significa que, mientras China está con su tigueraje de diversificación, el sector de las stablecoins está absorbiendo una parte de esa oferta que podría quedar suelta. Esto ayuda a estabilizar el mercado de deuda soberana estadounidense y mitiga cualquier impacto mayor en la liquidez o los costos de financiamiento. Es un equilibrio dinámico que mantiene a los analistas financieros de medio mundo pegao’ a la pantalla, viendo cómo se mueve la ficha.
A pesar de las preocupaciones de China, el mercado de bonos estadounidense está de lo más bien, manteniendo unas tenencias extranjeras récord de 9.4 billones de dólares a noviembre de 2025. Países como Japón y el Reino Unido, por ejemplo, superan a China como los principales tenedores de deuda gringa. La volatilidad en los bonos del Tesoro se mantiene baja en comparación histórica, sugiriendo que, por ahora, el mercado tiene una capacidad bacana para absorber estos movimientos estratégicos. O sea, que no hay bulto por ahora.
En resumen, lo que estamos viendo es un ajedrez financiero global donde China está moviendo sus piezas con cautela, buscando proteger sus intereses y diversificar sus riesgos. No es un coro que vaya a desestabilizar el mundo de la noche a la mañana, pero es un recordatorio de la interconexión de nuestras economías y de cómo las decisiones de un solo país pueden tener ecos en el otro lado del charco. Y claro, con la aparición de actores nuevos como las stablecoins, el mercado sigue encontrando formas de adaptarse y mantener el equilibrio. ¡Eso sí es jevi!
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