¡Klk con esto, mi gente! En este mundo del ‘showbiz’ que a veces parece vivir de apariencias, hay una ‘vaina’ que ha cogido mucho auge y está de lo más bien: la fe de los artistas. Desde Hollywood hasta nuestro patio, un viaje de figuras públicas están mostrando sin tapujos su lado espiritual, demostrando que la ‘fe en el arte’ no es incompatible con el estrellato. Y esto no es solo un chismecito de farándula, ¡no! Es un movimiento bacano que nos conecta con algo más profundo, rompiendo esquemas y dejando claro que el corazón de un creyente puede latir fuerte bajo los focos más brillantes.
Por ahí tenemos a figuras como Antonio Banderas, que no suelta su Semana Santa en Málaga ni por un millón, o a Mark Wahlberg, el ‘tiguere’ que paraliza rodajes para ir a misa. Este ‘tigueraje’ de artistas como Mel Gibson, Jim Caviezel o Nicole Kidman se la han comido con su fe cristiana, incluso cuando eso significa ir a contracorriente en un ambiente que, a veces, parece más secular que el himno nacional. Es de admirar esa consistencia, esa firmeza que, lejos de ser un mero ‘religiosismo’, viene de una conexión genuina con lo divino.
Pero no piensen que esta ‘vaina’ de confesar la fe viene sin su dosis de ‘chercha’ y críticas, ¡qué va! Muchos de estos talentos se han enfrentado a señalamientos y cuestionamientos de una vez, como si ser famoso y creyente fuera una contradicción. La gente a veces se pone muy ‘quisquillosa’ con las creencias ajenas, y Zeny Leyva, nuestra dominico-cubana, lo sabe muy bien. Sus publicaciones sobre su camino en el catolicismo le han traído un viaje de comentarios, demostrando que en las redes, la tolerancia a veces brilla por su ausencia, y la gente opina de to’ el mundo.
Aquí en el patio, el impacto de ver a los nuestros entregarse a la fe ha sido un ‘palo’. ¿Quién no recuerda cuando Ramón Orlando, en la cúspide del merengue, gritó ‘¡Aleluya!’ y fundó su iglesia? O el mismísimo Juan Luis Guerra, que en pleno éxito mundial, hizo un alto en su carrera porque Dios lo llamó. Esa ‘vaina’ fue noticia internacional y dejó a un viaje de fanáticos atónitos, pero a la vez, demostró que la espiritualidad no tiene límites, ni escenarios, ni fronteras. Su regreso con ‘Ni es lo mismo ni es igual’ fue un testimonio vivo de esa conversión.
Otros talentos dominicanos también han dado su ‘palabra’. Felipe Polanco ‘Boruga’, antes de su encuentro con el Señor, confesó haber vivido en el alcohol y la depresión. Su testimonio es un ejemplo palpable de cómo la fe puede transformar vidas de una manera bacana. Y ni hablar de Fernando y Angelito Villalona, Jossie Esteban o el propio Manny Cruz, quienes, cada uno a su manera, han integrado su espiritualidad en sus vidas y carreras, mostrándole al ‘tigueraje’ que no hay líos en buscar a Dios, y que es la ‘vaina’ más chula que uno puede hacer.
Este fenómeno nos dice mucho de nuestra sociedad, donde la fe es un pilar importante para un viaje de personas. Ver a estas figuras, que muchos admiran y siguen, expresando su devoción, manda un mensaje jevi: que en medio de la fama y la fortuna, hay cosas que tienen más valor. Es una conexión con nuestras raíces culturales y espirituales que va más allá de un concierto o una película. Es un recordatorio de que, ‘asegún’ uno avanza, la búsqueda de un propósito mayor es universal y puede ser un ‘coro’ bien profundo y significativo para cualquiera.
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