¡Ay, mi gente! La situación en el Kilómetro 9 de la Autopista Duarte, justo donde se enlaza con la Luperón, es un verdadero ‘dolor de cabeza’ y una ‘vaina’ que lleva años. El semáforo de esa concurrida intersección lleva más tiempo apagado que prendido, y a pesar de que el ‘tigueraje’ de conductores y peatones se ha quejado hasta por los codos, las autoridades no dan pie con bola. Este semáforo averiado no es un chiste; está generando un caos vehicular tremendo y poniendo en riesgo a todo el que por ahí transita.
Es que klk con el INTRANT y el Ministerio de Obras Públicas, ¿no le ven la urgencia a esta situación? El Km 9 no es cualquier esquina; es una de las puertas de entrada y salida más importantes de Santo Domingo, la que te lleva al Cibao, a Santiago, o te conecta con avenidas principales. Sin el semáforo funcionando, ese cruce se convierte en un ‘sálvese quien pueda’, con choferes haciendo maniobras arriesgadas, lo que provoca un viaje de accidentes y unos ‘taponazos’ que te quitan las ganas de hasta salir de casa. La gente está harta de esta ‘indiferencia estatal’ y pide una solución ‘de una vez’.
El problema no solo es la seguridad vial, que ya es un lío gordo. Piénsenlo bien, ¿cuánto tiempo y combustible se pierde en esos tranques diarios? La economía nacional sufre cuando miles de personas llegan tarde a sus trabajos, o cuando los bienes tardan más en llegar a su destino. Es un ciclo vicioso: tranque, más gasto de gasolina, más contaminación, más estrés y menos productividad. Es una situación que nos afecta a todos, desde el que va en su carro nuevo hasta el que anda en ‘guagua’ o motor. Ya no es posible seguir haciendo la vista gorda ante algo tan crucial para el desarrollo y el día a día de la gente.
Las reparaciones de infraestructura vial son un deber primario del gobierno. No es justo que, mientras se invierte en grandes proyectos, una pieza tan fundamental como un semáforo en una zona de altísimo tránsito esté abandonada por años. Aquí lo que se necesita es que cojan esto en serio, que manden un equipo ‘de una vez’ a evaluar si es reparación o si hay que instalar un sistema nuevo. La seguridad de los ciudadanos no es negociable, y menos en un punto tan neurálgico para el flujo vehicular de la capital y el país. Es hora de que el ‘coro’ de las autoridades actúe y demuestre que le importa su gente, que no se quede en pura ‘chercha’.
La comunidad está pidiendo que se pongan las pilas. No es posible que en pleno siglo XXI estemos lidiando con problemas básicos de infraestructura que se resuelven con voluntad y gestión. Un semáforo funcional significa menos accidentes, menos ‘taponazos’, más fluidez y, al final del día, una mejor calidad de vida para todos. El clamor popular es fuerte y claro: ¡Que arreglen ese semáforo ya! No hay más tiempo para la ‘vaina’ y los pretextos.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




