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Acuerdo en la Frontera de Dajabón: ¡Se arregló el Coro y evitó un Lío!

¡Klk, mi gente! Después de una mañana que parecía sacada de una película de suspenso, con la tensión casi cortándose con un cuchillo en el aire, se logró un acuerdo que devolvió la calma a la movida y vital Frontera de Dajabón. Autoridades dominicanas y los amigos camioneros haitianos, que son los que mueven esa vaina de mercancía, le pusieron punto final a un conflicto que prometía ser un dolor de cabeza, y que pudo haber provocado pérdidas millonarias a diestra y siniestra.

Desde que el sol empezó a calentar, un coro de camiones se amontonó por casi un kilómetro, formando una fila que daba mala espina a cualquiera. Esa vaina tenía a transportistas, comerciantes y hasta a los productores agrícolas con el Jesús en la boca, porque si la guagua no rueda, no hay cuarto, y la vida se pone color de hormiga. Es que el intercambio comercial entre la República Dominicana y Haití es el motor de esa zona, y cuando se frena, se siente de una vez el impacto.

La chispa que encendió el fuego fue la detención de varios camioneros haitianos en Santiago. A raíz de eso, se armó un bulto entre las autoridades migratorias y los choferes extranjeros que se la pasan llevando y trayendo mudanzas, granos y un viaje de productos agrícolas hacia el lado haitiano. La situación era de esas que te ponen los pelos de punta, porque la frontera siempre es un polvorín.

Los transportistas, con la soga al cuello, empezaron a denunciar presuntos abusos, cobros excesivos y maltratos durante los operativos de la Dirección General de Migración y el personal de Aduanas (DGA). Imagínense el desespero en plena frontera, con los camiones parados y el tiempo corriendo. No era poca cosa lo que estaban lidiando, ya que cada día sin movimiento es dinero que se pierde.

“Nosotros venimos a favor del presidente, que nos dio un permiso para trabajar. Ahora cambian las reglas y quieren quitarnos”, expresaba uno de los choferes afectados, con la impotencia reflejada en la cara. Es que para muchos de ellos, el volante es el sustento de su familia, y que de repente te cambien el juego, no está de lo más bien.

Y no era para menos el lamento, señores. Cada camión detenido no era solo un pedazo de hierro; representaba una inversión considerable, un viaje de esperanza. Algunos transportaban mercancías valoradas en hasta 150 mil pesos, una pacota de dinero, mientras otros movilizaban productos agrícolas cuya retención podía generar pérdidas cercanas a los 100 mil pesos por unidad. “Estos camiones cargan dinero, cargan mercancía… si los paran, nos dejan en la calle”, afirmaba otro conductor, destacando la dura realidad de su tigueraje.

La preocupación subió como la espuma cuando el agente consular Mario Marlont manifestó su inquietud ante las denuncias de cobros indebidos y supuestas irregularidades en los procesos de salida hacia Haití. Esto no hizo más que añadir más leña al fuego, aumentando la tensión en el ambiente que ya de por sí estaba cargado.

Sin embargo, gracias a Dios y a la sensatez, tras conversaciones directas entre las autoridades competentes y los representantes de los camioneros haitianos, se logró una solución consensuada. Este acuerdo, que ambas partes describieron como “amistoso y respetuoso”, permitió de una vez reanudar el flujo vehicular y evitar que la vaina escalara a pérdidas económicas que hubiesen sido un verdadero desastre.

La rápida intervención y el diálogo, que es lo que siempre funciona, fueron clave para evitar un cierre prolongado de la frontera. Un escenario así no solo habría afectado seriamente el comercio bilateral, sino que hubiese puesto en jaque la estabilidad económica de decenas de familias, tanto dominicanas como haitianas, que viven de esa dinámica comercial tan particular y a la vez esencial.

Aunque la calma ha regresado y el chismecito de la tensión se ha calmado, este episodio nos deja claro que en la frontera se necesita más que nunca reglas claras, transparencia y un trato digno para quienes, día tras día, con su sudor y esfuerzo, sostienen con su trabajo el intercambio comercial en una de las zonas más sensibles y complejas de nuestro país. Es un recordatorio de que la coexistencia y el entendimiento son los pilares para que el comercio siga fluyendo y la vida siga su curso en ese pedacito de tierra tan especial.

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