La delincuencia no da tregua en nuestro país, y la lamentable noticia que nos llega desde el sector El Oxígeno, en el municipio de Pedro Brand, es un claro ejemplo de la cruda realidad que arropa a muchas de nuestras comunidades. Un adolescente de apenas 16 años, identificado como Juan Miguel de León Recio, fue ultimado a balazos por presuntos miembros de una banda criminal, dejando a una familia destrozada y a un vecindario sumido en el miedo y la indignación. ¡Es una vaina que rompe el alma, mi gente!
Asegún cuentan los residentes de la zona, este muchacho fue atacado de manera sorpresiva, con un viaje de individuos armados llegando al lugar y disparando a diestra y siniestra. Imagínense el corre-corre, el susto de la gente. Juan Miguel, queriendo escapar de esa lluvia de plomo, intentó huir, pero lamentablemente fue alcanzado por los disparos, quedando gravemente herido en el acto. Este macabro suceso, que de una vez nos pone los pelos de punta, quedó captado por cámaras de seguridad, esas que a veces nos dan la prueba de lo que el ojo humano no puede procesar en el momento.
La tragedia de Juan Miguel no es un hecho aislado. Pedro Brand, como otros municipios cercanos a la capital, ha estado lidiando con el auge del tigueraje y la proliferación de bandas que operan con impunidad, sembrando el terror entre los ciudadanos de bien. Este fenómeno, enraizado en la falta de oportunidades, la exclusión social y la débil presencia del Estado en algunos renglones, crea un caldo de cultivo perfecto para que la criminalidad florezca. No es un secreto para nadie que la juventud, sobre todo la de escasos recursos, se ve en una encrucijada donde el camino fácil del crimen a veces parece ser la única salida, aunque al final termine tronchando vidas y sueños.
La familia de Juan Miguel, con el dolor a flor de piel, no se ha quedado callada. Han señalado directamente a una presunta banda de malhechores que, según ellos, tiene su base de operaciones en el sector Los Pabellones. Han dado hasta nombres, mi gente: Bocina, Cheriné, Caco, Rafucho, Amauris, El Guery, Joan, Claimer, Sobrino, entre otros. Esta denuncia pública es un grito de auxilio, una súplica para que las autoridades presten atención y desmantelen estas estructuras criminales que tienen en jaque la tranquilidad de la gente honrada.
La pérdida de un joven de 16 años es un golpe devastador para cualquier sociedad. Es una vida en pleno florecimiento, con un futuro por delante, sueños por cumplir, y un potencial enorme que se apaga de la forma más violenta e injusta. Cada vez que escuchamos estas noticias, nos preguntamos: ¿Qué estamos haciendo como sociedad para proteger a nuestros muchachos? ¿Dónde están fallando los mecanismos que deberían garantizarles un ambiente seguro y lleno de oportunidades?
Tras el ataque, el cuerpo sin vida de Juan Miguel fue trasladado al hospital Rodolfo de la Cruz Lora y de ahí, de una vez, al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) para los fines de lugar. Un trámite doloroso y rutinario que lamentablemente se ha vuelto muy común en nuestro diario vivir, señal de que la violencia nos está pasando una factura muy cara como nación.
La Policía Nacional ha informado que está activa en la búsqueda de los señalados como responsables de este crimen. Nos recordaron, asimismo, que hace poco uno de los supuestos cabecillas de la banda, conocido como “Vigao”, murió en un alegado enfrentamiento con agentes del orden. Esto nos dice que hay una batalla campal en las calles, un pulso constante entre la autoridad y el tigueraje que, muchas veces, deja víctimas inocentes en el camino.
Las autoridades prometen seguir profundizando las investigaciones para esclarecer los motivos de este homicidio y determinar la participación de cada implicado. Es imperativo que no solo se apresen a los responsables directos, sino que se desmantelen estas bandas por completo, atacando sus raíces y sus redes. No podemos permitir que el miedo se apodere de nuestros barrios, que la gente viva con el corazón en la mano cada vez que uno de sus hijos sale a la calle.
La comunidad de Pedro Brand, y en realidad el país entero, exige justicia y acciones contundentes. No basta con lamentar, es hora de actuar. Necesitamos políticas públicas que refuercen la seguridad, pero también que brinden educación, empleo y oportunidades reales a nuestros jóvenes, para que no caigan en las garras de la delincuencia. Que la tragedia de Juan Miguel de León Recio no sea una estadística más, sino un llamado de atención para todos nosotros. ¡A trabajar por un mejor mañana para nuestra gente!
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




