El Centro de Operaciones de Emergencias (COE), ese organismo que siempre está alante cuando se trata de salvaguardar la vida de nuestra gente, ha tirado la alerta esta semana. Oleaje Pesado se asoma por la franja costera norte de nuestro querido país, desde Bahía de Manzanillo en Montecristi hasta Cabo San Rafael en La Altagracia, y la vaina es seria. Han decretado nivel de alerta verde, y no es para menos, porque las olas pueden ponerse como un toro bravo, trayendo inundaciones costeras menores y un peligro inminente para cualquiera que se atreva a desafiar el mar.
Los pronósticos no son para tomar a la ligera, mi gente. Estamos hablando de olas que, en su pico, podrían alcanzar hasta 10 pies de altura, especialmente durante la marea alta. Imagínense ustedes ese viaje de agua arremetiendo contra la costa. Eso no es un juego, es una situación de cuidado que puede cambiar la vida de una persona en un abrir y cerrar de ojos. El COE y el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) no andan con chercha cuando emiten estas advertencias; saben bien que el mar, aunque chulo y bacano para un coro de playa, puede ser un enemigo implacable si uno se descuida.
La recomendación de las autoridades es clara y precisa, como el agua de coco recién cortada. No solo las frágiles, pequeñas y medianas embarcaciones deben quedarse en puerto en toda la costa atlántica, sino que también los bañistas están en la mira. La orden es quedarse en tierra firme, fuera del agua. ¿Para qué arriesgar el pellejo por un chapuzón o una fotico? Además, en la costa caribeña, específicamente desde Isla Beata hasta playa Barahona, también se recomienda suspender la navegación. En el resto del litoral caribeño, la cosa es con precaución, siempre vigilando y estando al tanto de cualquier cambio. Es vital que nuestra gente de pesca y turismo entienda que la seguridad es lo primero, siempre. Un día de negocio perdido es mejor que una vida perdida.
Esta situación de alerta en nuestro patio se da en un contexto más amplio, y es que el fuerte oleaje no respeta fronteras. Justo al ladito, en Puerto Rico, se está viviendo una situación desgarradora que nos sirve de recordatorio de lo impredecible que es el mar. Un operativo de búsqueda y rescate está en marcha por un turista estadounidense y una mujer residente de la isla vecina que fueron arrastrados por las corrientes mientras se encontraban en una zona rocosa en la famosa Cueva del Indio, en el norte puertorriqueño. Es una vaina que nos llega al alma y nos debe hacer reflexionar a todos.
Según los reportes de la Policía de Puerto Rico, la escena fue de película, pero de las malas. Tres personas estaban allí, haciéndose su coro de fotos en un lugar que, asegún los que saben, es precioso pero engañoso. De repente, ¡zas!, fueron derribados por unas olas traicioneras y cayeron al mar de una vez. Uno de los hombres, con un poco de suerte y mucha fuerza, logró salir de esa corriente endemoniada y llegó a la orilla con unas lesiones leves. Pero los otros dos, el turista y la mujer, siguen desaparecidos. Imagínense el desespero de la familia, la angustia que deben estar sintiendo. Eso es lo que pasa cuando uno se confía del mar.
Las autoridades puertorriqueñas han montado un operativo de búsqueda que da pena ver. Agentes de las Fuerzas Unidas de Rápida Acción, personal de Manejo de Emergencias tanto municipal como estatal, y hasta la Guardia Costera están metidos en esa lucha contra el reloj, buscando cualquier indicio de los desaparecidos. Es una labor titánica, llena de esperanza pero también de mucha frustración, porque el mar no perdona y esconde sus secretos bien profundo. El Servicio Nacional de Meteorología de San Juan ha sido enfático en reiterar su advertencia sobre las condiciones marítimas peligrosas, que son resultado del paso de un frente frío. La gente tiene que entender que, en estos casos, es mejor ver el mar de lejos, desde la playa, y no meterse en problemas.
El fenómeno de los frentes fríos no es ajeno a nuestra región caribeña. Aunque solemos asociar los frentes fríos con temperaturas más frescas, su impacto en las condiciones marítimas puede ser devastador. Estos sistemas meteorológicos pueden generar vientos fuertes y, consecuentemente, un oleaje mucho más bravo de lo habitual, creando corrientes de resaca potentes y subidas inesperadas del nivel del mar. Esto es particularmente peligroso en costas rocosas o con rompientes fuertes, donde la gente, a veces por el deseo de una foto chula o simplemente por desconocimiento, se expone sin pensar en las consecuencias. Es crucial que tanto los locales como los que nos visitan estén al tanto de estas dinámicas.
Nuestro país, con su extensa y hermosa costa, sabe de primera mano lo que es lidiar con el poder del océano. A lo largo de los años, hemos visto un viaje de situaciones similares, donde el mar nos ha recordado su inmensa fuerza. Desde pescadores que se aventuran demasiado lejos hasta turistas que subestiman las corrientes, las historias de accidentes marítimos son, lamentablemente, parte de nuestra memoria colectiva. Por eso, cuando el COE o Indomet emiten una alerta, no es para asustar a nadie, es para proteger a nuestra gente, para que no tengamos que lamentar pérdidas que se pudieron evitar con un poco de precaución y haciendo caso a las advertencias.
La prevención es la clave, mi gente. Antes de ir a la playa o de planificar una excursión marítima, siempre es bueno chequear los reportes meteorológicos. Estar informado es estar seguro. Si las autoridades dicen que no se navegue o que no se bañe, pues hay que hacerles caso. La vida es una sola y no vale la pena arriesgarla por una aventura innecesaria. El mar nos da mucha alegría y es fuente de trabajo para pila de gente en el patio, pero hay que respetarlo. Es un buen amigo, pero también un adversario formidable si uno no le tiene la debida reverencia.
Así que ya lo saben, dominicanos y dominicanas, y a todo aquel que nos visita. La costa norte está bajo alerta verde por ese oleaje pesado, y la situación en Puerto Rico nos recalca que la prudencia es nuestra mejor aliada. Quedarse en tierra, respetar las señales, y no desafiar al mar cuando está arrecho, es la mejor manera de asegurarnos que volvamos a casa sanos y salvos. Hay que estar alante con esto, y dejar el tigueraje a un lado cuando la seguridad personal está de por medio. ¡Cuídense mucho!
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