¡Klk con la gente! Aquí estamos una vez más para contarles la historia de un joven que la está rompiendo en la música y que, sin dudas, es una inspiración para el tigueraje de este país. Se trata de Ebenezer Guerra, el talento emergente del merengue que ha puesto a bailar a medio mundo y que, en un abrir y cerrar de ojos, ya se ganó su nominación a los prestigiosos Premios Soberano 2026 en la categoría Revelación del Año. Pero no crean que todo ha sido color de rosa; detrás de ese carisma y esa voz hay una tremenda historia de superación, de esas que te mueven el piso y te demuestran que, con fe y mucho trabajo, uno puede salir de cualquier vaina. Su **lucha en Higüey** fue real, una vaina fuerte de verdad.
Asegún nos contó el propio Ebenezer en una entrevista chulísima en el podcast “El Cuartico” de LISTÍN DIARIO, su camino no ha sido un lecho de rosas. Antes de que el brillo de los escenarios lo arropara, este muchacho se estaba fajando de lo lindo en las calles de su natal Higüey, provincia La Altagracia, limpiando cristales de guaguas y carros para buscarse el peso. Imagínense esa situación: un muchacho con ese talento innato, que desde chiquito sentía el arte correr por sus venas, bregando en el semáforo. La vida le ha dado una yuca dura, pero él nunca se quitó. Eso sí es de admirar.
Nacido el 15 de septiembre del 2001 en el sector Los Sotos, Higüey, Ebenezer recordó sin tapujos los momentos más difíciles junto a su madre y sus hermanos mayores. Había épocas donde la escasez era tal que tenían que hacer un ‘bulto’ en la cocina para que los vecinos no se dieran cuenta de que no había comida. “Estábamos en una baja, me acuerdo que hacíamos creer que estábamos cocinando, sonábamos los calderos y dizque lo tapábamos y cerrábamos la puerta, para que no murmuraran, uno pasó su luchita”, confesó con la voz entrecortada, reviviendo esos recuerdos. ¡Qué fuerte esa vaina!
Y es que la tragedia no era ajena a su familia. En un momento dado, su madre vendió la casa familiar para invertir el dinero en su negocio de tapicería, buscando un mejor porvenir, pero el destino les jugó una mala pasada y el local se quemó en un incendio. De una vez, todo se fue en humo. La situación era tan crítica que Ebenezer llegó a comer de un alimento de harina con sardinas que, según él, en su casa acostumbran a darle a las mascotas. ¡Eso es una vaina para que uno reflexione!
Sin embargo, el artista resalta que, a pesar de todo, siempre tuvo un caparazón duro. “Mi mamá me enseñó a aguantar la mala y la buena y cuando llegue la buena lo disfrutamos al doble y cuando estamos en la mala estamos como que no está pasando ná, normal”, expresó a las periodistas Yerlendy Abad, Audry Trinidad y Floranyi Jáquez. Esa mentalidad de resiliencia, de no dejarse vencer por la adversidad, es la que lo ha llevado hasta donde está hoy. Ese es el verdadero tigueraje dominicano.
La relación de Ebenezer con la música viene desde la cuna, en el seno de su hogar cristiano. “Siempre veía a mami cantando y yo era quien cantaba los coros”, recordó. Esa conexión familiar y espiritual ha sido un pilar fundamental en su carrera. Él es el menor de tres hermanos, pero a veces le tocó ser “el mayor” o “el hombrecito” por las circunstancias. En la escuela, las cosas no le fueron tan bien. Fue un poco rebelde, malcriado, y solo llegó a tercero de bachillerato. No lo terminó porque, según él, estaba muy metido en la pelota y la inestabilidad de estar moviéndose de un sitio para otro (vivió en San Pedro y otros lugares) lo desenfocó. Su prioridad era una sola: salir adelante.
Su ascenso musical ha sido meteórico, una vaina que ha sorprendido a mucha gente. El tema “Bolero” se viralizó de una vez en redes sociales antes de su lanzamiento oficial, y su versión en merengue típico fue acogida por el público con los brazos abiertos. Al principio, Ebenezer confiesa que le dio miedo incursionar en el merengue típico, un género que no es tan común entre los jóvenes de su generación, pero al final, se enamoró de él. Se dio cuenta de que no necesitaba tocar acordeón para dedicarse al típico, y que este género es súper amplio y versátil, “se puede mezclar con lo que sea, con champeta, con cumbia, con lo que sea, o sea, es un ritmo súper amplio”, indicó. ¡Y se la comió, señores!
El éxito de temas como “Bolero” y “Bolero típico” (este último grabado con El Blachy), su colaboración con Yailin en “NSSI”, y sus trabajos con el mismísimo Elvis Crespo, quienes acumulan millones de reproducciones, le valieron su nominación a Premios Soberano. En 2025, Ebenezer cruzó fronteras por primera vez para acompañar a Elvis Crespo en su concierto en el Coliseo de Puerto Rico y en los Latin Billboard, donde el astro boricua fue homenajeado. Elvis Crespo, Yailin y El Blachy son sus “padrinos” en la música, y él siempre les agradece el apoyo, una muestra de humildad que lo hace más grande.
Por otro lado, su vida personal también ha estado en el ojo del huracán, en especial su relación con la presentadora Nelfa Núñez. En abril de 2025, un bailecito en “De Extremo a Extremo” encendió las alarmas, y luego un envío de flores solidificó los rumores. Para agosto, la vaina era oficial. Lo que inició como un plan de marketing para el videoclip de “Hipócrita” (que incluyó una boda simulada), se convirtió en una atracción real. Sin embargo, Ebenezer admitió en “El Cuartico” que no le gustaría volver a tener una relación con una figura pública o con alguien que le interese la exposición, pues está “cansado” de que la prensa lo cuestione sobre su expareja. Aquí en el patio, el coro de los romances faranduleros siempre da de qué hablar, y él está claro que no quiere más bulto con eso.
La situación socioeconómica de Ebenezer ha cambiado de la noche a la mañana gracias a su talento musical, pero aclara que aún no ha generado el dinero suficiente para que su mamá se retire de sus labores y pueda vivir la vida de lujos que él tanto anhela para ella. Esa es su meta principal, su motor, y demuestra la importancia de la familia para el dominicano. La historia de Ebenezer Guerra es un verdadero ejemplo de que, no importa de dónde uno venga, ni cuántas vicisitudes toque vivir, el talento, la perseverancia y la fe son las claves para llegar lejos y poner el nombre de uno bien alto. ¡Qué viva el merengue y que siga brillando este talento dominicano!
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