¡Klk con la gente! Aquí en el patio, el tema de la corrupción siempre está en boca de todos. Y no es para menos, porque es una vaina que nos afecta a la gente del pueblo en el día a día. Por eso, las palabras de Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis Metropolitana de Santo Domingo, han caído de lo más bien en el ambiente, porque él ha puesto los puntos sobre las íes de una forma clara: valora el informe del Índice de Percepción de la Corrupción, sí, pero exige resultados de verdad. Esto no es un coro ni una chercha; lo que la gente espera son hechos concretos y que se vea el tigueraje de verdad combatiendo la impunidad.
Monseñor Morel Diplán, con la claridad que caracteriza a la Iglesia cuando habla de temas sociales, expresó que, aunque se perciba una reducción en los niveles de corrupción –lo cual es chulo y da una luz de esperanza para la sociedad dominicana–, esos estudios tienen que ir más allá de los numeritos en un papel. La gente necesita ver la diferencia en el bolsillo, en los servicios públicos, en que el que roba pague su vaina. O sea, las estadísticas son un buen punto de partida, pero si no se traducen en acciones palpables, se quedan en el aire y la confianza pública se va al garete. Es como cuando uno le coge la placa a un motorista que hace una infracción, pero si no le ponen la multa, ¿de qué sirve?
El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), que anualmente publica Transparencia Internacional, es una herramienta importante porque mide cómo se ve la corrupción en el sector público por parte de expertos y empresarios. No es una medida de corrupción absoluta, sino de su percepción, lo cual influye un viaje en la reputación de un país, la inversión extranjera y la moral de la ciudadanía. Que la percepción mejore es un avance, y a la verdad, es algo que se valora. En los últimos años, República Dominicana ha estado en una lucha constante por mejorar su puntuación, con altibajos que reflejan la complejidad de la situación de nuestro país, donde no es un secreto que este flagelo ha sido un dolor de cabeza para distintas administraciones.
Históricamente, la República Dominicana ha tenido una relación complicada con la corrupción. Hemos visto cómo casos sonados han sacudido los cimientos de la administración pública, desde escándalos globales como el de Odebrecht, pasando por casos locales de alto perfil que han puesto a más de uno a coger cabeza ante la justicia. La población ha estado atenta, y la presión social y mediática ha sido crucial para que las autoridades se la cojan en serio. La Iglesia, por su parte, ha mantenido una voz constante, fungiendo como un ente moral que recuerda a los gobernantes su deber con el pueblo y la ética. Y es que el pueblo dominicano es inteligente y se da cuenta cuando las cosas están de verdad o si es solo para que parezca, sin que haya un cambio profundo y estructural.
Monseñor Morel Diplán no se fue por las ramas; aseguró que, si bien existen funcionarios que han metido la pata y que algunos ya están rindiendo cuentas ante la justicia, lo que hace un daño tremendo a la confianza del pueblo, todavía falta mucho. El combate a la corrupción es una tarea que no puede descansar, que debe ser firme y constante. No se puede permitir que el que se busque los chelitos de forma mal habida, se salga con la suya. La impunidad es como un cáncer que carcome la sociedad y hay que erradicarla de una vez y por todas, mostrando que aquí la justicia tiene los pantalones puestos y actúa sin mirar a quién.
La exhortación del prelado es un llamado de atención a todas las autoridades, tanto del sector público como del privado, para que asuman su rol con transparencia y responsabilidad. No es suficiente con que los informes digan que estamos mejorando; hay que sentirlo en la calle, en los hospitales, en las escuelas, en la justicia. Que cuando uno vaya a hacer un trámite, no tenga que “mojar la mano” para que le resuelvan su vaina. Eso es lo que busca la gente, que el sistema funcione para todos por igual, no solo para el que tiene “padrino” o “cuarto” para agilizar las cosas. La transparencia y la rendición de cuentas son pilares fundamentales para construir una sociedad más justa y próspera.
La verdad es que el tema de la corrupción es un gallo que hay que coger por el pico. Requiere de un compromiso real y de acciones que demuestren que la justicia no es selectiva y que aplica para todos, desde el más encumbrado hasta el ciudadano de a pie. Es un proceso largo y tedioso, pero es vital para el desarrollo y el bienestar de la nación. La mejora en la percepción es un primer paso, pero el camino es largo y lleno de obstáculos. Las palabras del Monseñor Morel Diplán son un recordatorio de que la vigilancia ciudadana y la presión constante son fundamentales para que la lucha contra la corrupción no se quede en un simple bulto o en promesas vacías.
Es el momento de que el liderazgo político y social demuestre que está cogiendo cabeza con este tema. Que el discurso se convierta en acciones, que los procesos judiciales lleguen a buen término y que los responsables paguen sus faltas, sin importar su estatus o posición. Porque al final, lo que queremos es una República Dominicana más justa, más equitativa y donde el dinero del pueblo se invierta en lo que de verdad importa, sin que nadie se lo lleve en los bolsillos para su beneficio personal, defraudando la confianza de todos.
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